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El museo de Pereira ahora se vende por pedacitos. El equipo de este recinto, que hace unas semanas rescataba obras entre los escombros de su propio edificio, empezó a recoger esos mismos escombros para convertirlos en una pieza de colección que se llamará “Pedazos de museo”, y la llevarán a ArtBo en la última semana de septiembre.
El terremoto de magnitud 7,4 que hizo tambalear al país el 10 de agosto ya deja un balance nacional de 331 personas fallecidas, 111 desaparecidas y más de 36.000 viviendas destruidas por completo, según el último corte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres con corte al 9 de septiembre. En Pereira, una de las ciudades más golpeadas, la Alcaldía ha reportado 99 muertos y decenas de edificios colapsados. El Museo de Arte de Pereira, que cumpliría 30 años este año, fue una de las estructuras que más sufrió.
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La idea de “Pedacitos de Museo” nació apenas tres días después del sismo. “Estábamos acá y lo veíamos todo caído, pero había que pensar en una estrategia para recaudar fondos. Una estrategia ágil, rápida y representativa”, cuenta Rosa Ángel Arenas, miembro de la Junta Directiva del museo. El 13 de agosto, el propio equipo empezó a recorrer las ruinas del edificio para seleccionar, a mano, los fragmentos que se convertirían en la pieza: pedacitos de muros pintados de salmón para exposiciones pasadas, revoque gris, ladrillo, azul, amarillo. “Es un acto simbólico”, dice Ángel. “El escombro es un símbolo y el valor se lo ponemos nosotros”.
El plan es enviar mil pedacitos a Bogotá la semana del 20 de septiembre, empacados por colores y texturas, con el mismo cuidado que exige el transporte de una obra de arte. Cada uno se venderá a 200.000 pesos, aunque el comprador puede pagar más si quiere. “Necesitamos que sea viral”, explica Ángel.
El museo tiene una relación de más de una década con ArtBo, donde ha mantenido presencia institucional entre los stands de instituciones culturales del país. Este año, sin exposiciones que mostrar porque tuvo que cerrarlas y entregarlas tras el sismo, decidió exhibir la propia destrucción.
“Descontextualizamos la destrucción hacia la construcción y reconstrucción”, dice Ángel, quien encuentra un paralelo histórico en la venta de fragmentos del Muro de Berlín, vendidos por trozos como recuerdo y como símbolo político tras la caída de 1989, y otro artístico en el arte pop de los años cincuenta, cuando artistas como Robert Rauschenberg ensamblaban sus “combines” con la chatarra que sobraba de la publicidad y la vida cotidiana de Nueva York. “Es lo que hay”, resume.
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Detrás de la venta hay una necesidad concreta: sin edificio, sin exposiciones y sin ingresos por taquilla, el equipo del museo necesita sostenerse mientras dura la reconstrucción. El museo calcula que requiere un millón de dólares para su recuperación, mientras las primeras cifras que se han escuchado sobre el presupuesto oficial de reconstrucción rondan los 3.000 o 3.500 millones de pesos, una cifra que la institución aún no ha podido confirmar con una fuente oficial. El Gobierno, por su parte, ha estimado en 30 billones de pesos el costo total de la reconstrucción tras el terremoto, una cifra que incluye el conjunto de las necesidades del país y no corresponde exclusivamente al sector cultural ni al Museo de Arte de Pereira. “Pedacitos de Museo” es apenas una pieza de esa estrategia de recaudación, pero también busca sostener al equipo. “La idea es que con esa recaudación se pueda mantener el equipo del museo, que es fundamental, y podamos mantenernos unidos como esta pequeña familia”, dice Rosa Ángel.
El terremoto dejó al museo con daños que Alejandro Garcés, integrante del equipo, describió en detalle poco después del sismo: la mampostería del edificio central y del teatro quedó tan comprometida que solo quedaron en pie columnas y vigas, mientras la colección permanente sigue en el ala occidental, la más golpeada por el hundimiento del terreno.
Por ahora, la colección permanece guardada en la bodega del propio museo, a la espera de salir hacia un lugar con control de temperatura y humedad. “Vaso medio lleno”, dice Rosa Ángel sobre esa bodega, aunque advierte que hay que sacarla pronto, antes de que el polvo de la demolición pendiente termine de afectarla.
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Ese traslado ya tiene un primer destino. El Museo de Antioquia gestionó una bodega en Medellín, a través de la empresa Arquitectura de Concreto, y ha apoyado al museo pereirano con guacales y con la logística del transporte. El Museo de Arte Moderno de Medellín y el Museo La Tertulia también se han mantenido en contacto, aunque esos apoyos, según Rosa Ángel, todavía están en una fase temprana de definición. “Hemos tenido mucha solidaridad de otros museos”, afirma. “Creo que esa es la verdadera red de museos”.
El respaldo estatal avanza más despacio. Rosa Ángel dice que la ministra de Cultura se puso en contacto directamente con el museo y que ha habido comunicación constante con el programa de fortalecimiento de museos. De la Alcaldía y la Gobernación de Pereira, en cambio, aún no ha llegado mayor respuesta. Ángel lo atribuye al estado general de la ciudad: colegios y hospitales destruidos, y hasta el personal de la Secretaría de Cultura local desplazado a atender albergues en lugar de responder a instituciones culturales”, dice. “A la Alcaldía le va a costar un ratico llegar hasta nosotros. En este momento nosotros tenemos que ayudarnos a nosotros mismos. Eso se demora, pero también esta es una ciudad que sabe pararse y que todos sabemos que nos tenemos que ayudar los unos a los otros.”
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Para ella, la reconstrucción no se mide solo en dinero o en materiales. El museo, insiste, es mucho más que su edificio. “La programación se pausó y el edificio quedó dañado, pero la institución continúa.” Esa continuidad, explica, pasa por sostener el tejido cultural de la ciudad en medio de la emergencia y por recordar el lugar que tiene el arte en la reconstrucción. “Cuando todo se cae, solo quedan las personas y la cultura”, dice.
“Teníamos un museo entero y el museo se nos rompió y quedó en pedacitos”, dice Rosa Ángel. “La única forma de rehacer nuestro museo otra vez es poder convertir esos pedacitos en muros, en techos, en luces.”
La última semana de septiembre, esos pedacitos, mil, empacados por colores y texturas, llegarán a Bogotá. Ahí, en medio de los stands de ArtBo, el museo pondrá a la venta lo único que le quedó entero: la idea de que el arte también se reconstruye desde el escombro.
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