En un artículo publicado el pasado 4 de agosto en este diario hicimos una revisión de lo que se hizo en el ámbito cultural durante el gobierno de Gustavo Petro para entender cómo llegaba el sector a la presidencia de Abelardo de la Espriella. Hablamos de su cambio de nombre y enfoque, al igual que revisamos sus balances de ejecución y la armadura legislativa que dejó para impulsar proyectos creativos en el país.
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Con ese bagaje sobre lo que pasó, es posible pasar a un nuevo capítulo y tratar de entender lo que vendrá. Para muchos, un cambio de presidencia es sinónimo de reajuste y en este caso no es descabellado pensar que uno de los más grandes podría venir en el campo cultural, pues el gobierno De la Espriella regresa con una filosofía sobre el tema que parece muy distinta a la que se manejó durante los últimos cuatro años.
El gobierno Petro llegó, desde la campaña presidencial, con un discurso que buscaba poner a la cultura como un derecho fundamental, lo que obligaba al Estado a garantizarlo a toda la población, especialmente a la históricamente desatendida en este ámbito. Mientras que De la Espriella quiso enfocarse en su capacidad de generar capital y de influir en la conversación pública.
Es por eso que el nuevo gobierno ha hecho tanto énfasis en Colombia como una “potencia exportadora de propiedad intelectual” al igual que ha puesto un viejo concepto de Antonio Gramsci de la “batalla cultural” como uno de los propósitos de su ministerio. Y su ministra de las Culturas designada, Paola Holguín, parece estar comprometida con esta visión, como se puede ver en una columna publicada en El Colombiano en la que afirmó que era momento de pasar “del asistencialismo a la inversión”.
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La continuidad de los procesos
Pero antes de pasar a lo que implican estas visiones, varias personas que siguieron de cerca la política cultural durante estos años opinaron sobre algunos de los proyectos que el nuevo gobierno debería continuar implementando para seguir fortaleciendo al sector. Para el exsenador Juan Carlos Losada, quien en la anterior legislatura hizo parte de la Comisión accidental de Cultura y fue autor de la Ley de la Música (por mencionar algo de su trayectoria en el sector), uno de ellos tiene que ver con el enfoque de paz que se le dio a la cultura durante estos cuatro años.
“El arte siempre ha movilizado una crítica contra la guerra y la violencia. Se ha formulado desde y hacia los caminos de paz y reconciliación, pero ¿cómo está planteado el próximo ministerio? Como una guerra cultural, lo que pone sobre la mesa términos casi que contradictorios, porque el mundo de la cultura no es un campo de batalla ideológico, sino más bien un lugar de reflexión, de profundidad, que no banaliza las violencias y, más bien, nos pone a pensar sobre ellas. (...) Creo que el nuevo Ministerio de las Culturas no debería renunciar a esa idea de ser un ministerio para la paz”, afirmó Losada.
Por otro lado, Jaime Iregui, artista visual y director de [esferapública], resaltó la capacidad que tuvo el anterior ministerio de relacionarse con las comunidades históricamente marginadas del país. “En estos cuatro años se llegó a las regiones. Por ejemplo, en el caso de las becas, hubo algunas que se le quitaron a Bogotá para dárselas a otras regiones que antes no estaban cubiertas. La capital pasó a financiarse sobre todo con recursos del distrito, porque si antes desde el Ministerio de las Culturas había siete u ocho becas para aplicar, ahora había tres”, explicó.
Según su visión, además, hubo un impulso particular a las artes plásticas que no se debería perder. Se evidenció con iniciativas como la “Escuela itinerante de artes plásticas y visuales”, que llevó procesos pedagógicos de este campo a varias regiones del país, o el “Plan Nacional de Artes Plásticas y Visuales” (valga la redundancia), con el que se planteó una proyección del sector para la siguiente década.
Sobre este último punto, Lucas Ospina, artista y profesor de la Universidad de Los Andes, también estuvo de acuerdo en que una de las prioridades del nuevo ministerio debería ser continuar con la implementación del Plan Nacional de Cultura, un documento que dejó establecida la política cultural de los próximos 10 años, no solo para los sectores artísticos tradicionales, sino también para aquellos de las regiones y comunidades étnicas que antes no eran tenidos en cuenta en este tipo de planeación. “Quedó el PNC que no es que sea una camisa de fuerza, pero sí es un ejercicio de planeación a largo plazo muy bien planteado”, afirmó.
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Ahora, hay algunos temas que no serán opcionales para el nuevo gobierno, pues se trata de leyes aprobadas por el Congreso de la República. Los procesos de distribución y apoyo a la creación establecidos en la Ley de Canasta Básica Cultural; el apoyo a la escena musical local con la Ley de la Música y específicamente a las mujeres de esta industria con la Ley Súbeles a Ellas, y la integración de las artes en los currículos de instituciones educativas oficiales con la Ley Artes al Aula son apenas algunos ejemplos de esto. Aunque algunos consideran que estos son frentes en los que el sector deberá seguir luchando, incluso si parecen ya haber quedado cobijados por la ley.
Dónde se quedó corto el Ministerio de las Culturas
De acuerdo con los expertos consultados, una de las grandes críticas que se le puede hacer al anterior Ministerio de las Culturas es la de haber priorizado el discurso sobre la ejecución. Para Losada, por ejemplo, se perdió mucho tiempo en impulsar proyectos que no lograban cambios de fondo para el sector, como el que le cambió el nombre a esta cartera, en lugar de otros que buscaban reformular toda su hoja de ruta, como el proyecto de reforma a la Ley General de Cultura.
Para Iregui, también hubo problemas de ejecución sobre todo al principio del cuatrienio, donde “había mucha eventitis”, es decir, que “aparecía la entonces ministra Patricia Ariza en una tarima rodeada de actores, de mimos y más a hablar de muchas cosas que supuestamente estaban pasando, reuniones con una persona u otra, pero que, en el fondo, no terminaban de amarradas con leyes que los convirtieran en realidad”, afirmó. Y a esto ambos le sumaron ese periodo de casi seis meses en 2023 en el que el ministerio estuvo sin una cabeza fija, que ocurrió entre la salida de Ariza (febrero) y la llegada de Juan David Correa (agosto).
Y Ospina incluso lo llevó más allá al decir que hubo casos en los que se utilizaron temas que podrían ser de gran interés cultural y de beneficio para el sector como una herramienta de discurso político. “El problema principal fue de ejecución: ¿quién se pone en esos cargos? y ¿cómo se hace para que no se manoseen esas iniciativas? Son preguntas que debería plantear el Ministerio para no volverlas un espectáculo. Por ejemplo, lo que hizo el presidente Petro en Cartagena con los restos del galeón fue un poco un manoseo de algo que, hecho bien en términos de patrimonio, habría podido producir otros efectos en el sector”, apuntó.
En conclusión, sí hubo una apertura de la cartera al sector cultural y un ejercicio de diálogo importante, pero ahora el ministerio deberá buscar la manera de convertir eso en políticas concretas que apoyen el desarrollo de proyectos creativos en el país.
Lo que viene con Abelardo de la Espriella
Con el nuevo gobierno ha habido mucha especulación sobre lo que pasará con la cultura. En principio se llegó incluso a pensar en una fusión con otras carteras como educación o deporte, aunque hasta el momento no ha habido acciones concretas que apunten a que eso pase. Sin embargo, los cambios de prioridades del nuevo gobierno y la designación de Paola Holguín, una persona que no tiene la experiencia en gestión cultural que han tenido algunos de sus antecesores, han sembrado dudas sobre lo que podría pasar.
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En primer lugar, porque el gobierno De la Espriella llega con un presupuesto con COP 30 billones de desfinanciación, lo que necesariamente implicará hacer recortes importantes en el funcionamiento del Estado, que podrían empezar por la cultura. “Yo creo que, sin duda, el sector cultural será uno de los más golpeados, porque cuando uno ve que el Presupuesto General de la Nación radicado por el gobierno de Gustavo Petro está desfinanciado y que las prioridades del próximo gobierno estarán en sectores como salud y seguridad, se puede concluir que el recorte no será en esas carteras. Tendrá que venir entonces bien sea de educación, cultura, tecnología e innovación o ciencia”, afirmó Losada.
Por otro lado, Ospina opinó que las designaciones de Holguín como ministra y la de Ana María Abello como viceministra podrían verse como una forma de “liquidar” esa cartera. “El nombramiento de una ministra y una viceministra de Cultura sin experiencia en cultura hizo evidente que ambas funcionarias eran las personas idóneas, por su falta de sensibilidad por la cultura, su planeación y por el gremio cultural, para liquidar el Ministerio de Cultura”, dijo.
Ahora, hay otro camino posible en esta transición, que fue planteado por Daniel Urrea, asesor del representante Daniel Carvalho y una de las personas que durante estos cuatro años estuvo pendiente de la política cultural del país, que tiene que ver con reconciliar lo que parecen dos visiones enfrentadas sobre este tema. “El sector cultural tiene el reto de abordar esta discusión con mucha mayor madurez, entendiendo que las políticas culturales tienen que comprender su dimensión económica y también su dimensión identitaria”.
Ahora, para Urrea, eso no significa mezclar las dos cosas, sino atenderlas como cada una lo necesita. “El problema es meter todo en la misma bolsa y pedirle a personas que no tienen idea de temas económicos que busquen la manera de ser rentables y a personas que se enfocan en hacer negocios que además tengan que tener un enfoque social”, agregó. Y, para él, esto sería posible si se lograra “despolitizar” al ministerio y enfocarlo en un equipo técnico que sea capaz de entender y atender las necesidades de todos los actores involucrados en el ecosistema artístico y cultural.
El nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, que hoy asume el cargo por los siguientes cuatro años, se ha comprometido a ser un motor del sector cultural en el país, pero queda todavía pendiente una conversación muy larga sobre cómo eso se va a articular con el trabajo que se hizo antes de que él llegara a la Casa de Nariño.