Publicidad

Elena Poniatowska: “Subrayar los libros es mi forma de apropiarme de ellos”

Presentamos la primera entrega de la entrevista a Elena Poniatowska, hecha en colaboración con Tinta club del libro.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Sandra Pulido Urrea
03 de marzo de 2026 - 11:00 a. m.
Elena Poniatowska ha sido galardonada con importantes premios literarios como el Rómulo Gallegos y el Miguel de Cervantes.
Elena Poniatowska ha sido galardonada con importantes premios literarios como el Rómulo Gallegos y el Miguel de Cervantes.
Foto: EFE - Francisco Guasco
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Detrás de cada gran escritor o escritora, hay un lector. En más de 5.000 años de historia no hemos podido inventar un método más eficaz para lograr la proeza literaria que aprender de aquellos que han dominado el oficio antes que nosotros; y eso solo se hace leyendo y leyendo mucho. Es por eso que conocer los hábitos de lectura de los responsables de grandes obras literarias representa una ventana íntima a su proceso creativo. Hoy, Elena Poniatowska abrió esa ventana.

La escritora y periodista responsable de obras como “La noche de Tlatelolco”, “Nada, nadie: las voces del temblor”, “El amante polaco”, entre tantos otros, habló en esta entrevista sobre literatura. Pero no de la que ella ha creado, sino de la que la ha creado a ella. Recuerdos, referencias, manías y otros detalles fueron los que reveló durante esta primera entrega de la conversación que tuvo con Tinta club del libro*.

Usted nació en París, tiene raíces mexicanas por parte de su mamá y polacas por parte de su papá y llegó a vivir a México a los 10 años... ¿Qué ha significado para usted nacer y ser mujer con estas múltiples raíces?

Es un enriquecimiento enorme. Me gustaría también tener raíces chinas, africanas, pero desgraciadamente no las tengo. Tengo raíces eslavas, aunque todos los Poniatowski se fueron a Francia después de que salió del trono Estanislao Poniatowski y sobre todo Catalina la grande de Rusia. Desde entonces están en París. Incluso un Józef Antoni Poniatowski fue un mariscal imperial de Francia de Napoleón Bonaparte. Ya te imaginarás que es una historia de más de 100 años.

Mi mamá, como era mexicana, se vino a México en 1943 con mi hermana y conmigo. Mi padre se quedó combatiendo en la guerra y nos alcanzó cuatro o cinco años después. Cambié de patria, leo en francés, conozco la cultura francesa, las calles de París, pero mi esencia es totalmente mexicana y me dedico al español.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia y los libros? ¿Hay colores, olores o sabores que los acompañen?

Aprendí a leer en francés. Una tía me suscribió a una revista para niñas. Se llamaba La Semaine de Suzette y lo recuerdo con mucho agradecimiento. También leí todos los libros de la biblioteca rosa de La condesa de Ségur. Escribía muy agradable para niñas. Se te quedan grabados. Como Las desgracias de Sofía, una niña que hacía demasiadas travesuras.

También tuve estudios en mi adolescencia de convento de monjas. Pedí perdón y rezaba, me incaba frente a Cristo y volvía a pedir perdón por haberlo crucificado. Eso marcó mi infancia, en especial mi adolescencia y juventud. Esto en el fondo te encierra mucho, te encapsula.

¿Cómo elige los libros que lees? ¿De quién acepta recomendaciones? ¿Tiene una librería preferida?

A mi lado tengo la suerte enorme de la librería Gandhi que en la Ciudad de México es muy conocida. Trato de visitarla una o dos veces al mes. Me encanta ir, subir al segundo piso donde están las novedades y busco los libros que la gente me recomienda. Por ejemplo, hace poco fui por un libro espléndido de Juan Villoro sobre la vida de su padre, una biografía muy amorosa sobre el filósofo Luis Villoro. Es un libro que me tiene muy conmovida y leo con mucho gusto.

¿Cuáles han sido sus rituales como lectora? ¿Lee en alguna hora específica, subraya los libros, lee en papel?

Yo los subrayo mucho. Recuerdo que años atrás había dos hermanos italianos, filólogos y alguna vez sacaron un libro de mi biblioteca, todo subrayado. Y me regañaron por no usar ni siquiera lápiz. Pero no lo puedo impedir, subrayo los libros, es mi forma de apropiarme de ellos. Además, he leído libros subrayados y me da mucha curiosidad pensar en el lector y las razones por las que subrayó determinadas frases o párrafos.

¿Piensa en sus lectores(as) cuando escribe? ¿Tiene un tipo de lector(a) ideal?

No. Bueno, antes de que mi mamá muriera, pensaba en no escandalizarla o no poner demasiadas groserías. Era la única en la que de verás pensaba. A partir del libro La noche de Tlatelolco pienso mucho en los jóvenes. Pero los jóvenes de 1968, muchos de ellos están muertos y ya no son los mismos.

¿Tiene alguna anécdota memorable de un encuentro con un lector(a)?

Me conmueven los jóvenes que se me acercan y me abrazan. Yo soy chaparrita y es muy fácil acercarse a mí. No hay nada intimidante de mi persona, además pienso que el hecho de ser abuelita también acerca a las personas. La verdad no he recibido más que cariño.

¿Algún escritor(a) de la historia del que le gustaría ser amiga?

De casi todos. Tuve la enorme suerte de ser amigo de Rosario Castellanos, de María Luisa Puga. Nos reuníamos a leer nuestros textos. Con Silvia Molina también. Ser periodista me acercó a muchísima gente. A ellos lo que les interesa es que tú te intereses en su obra.

Háblame de su biblioteca, ¿cómo la organiza? ¿Es apegada a sus libros, los presta? ¿Qué la hace amar u odiar un libro?

Todos están aquí en mi casa. Los tuve por orden alfabético, lo cual no significa nada. Debería tenerlos por tema, pero no. Algunos fáciles como arquitectura sí, pero los de física y química me resultan muy difícil. En general, todos mis libros giran en torno a la literatura e historia.

Si pudiera escribir un libro con otro(a) escritor(a), ¿con quién lo haría?

Escribí libros con grabadores, dibujantes y también con otros escritores. Por ejemplo, con Alberto Beltrán retratamos lo que era la Ciudad de México y los paseos domingueros. Hice un libro con Álvaro Mutis, me escribía desde la cárcel. Tengo libros de variados temas con personas que a mí me ayudaron muchísimo en ese intercambio de ideas y cartas.

¿Qué libro que ha leído le hubiera gustado escribir?

Todos. Hay cantidad de autores que admiro mucho. Por eso soy periodista, para poder entrevistar a quienes admiro y para hablar con quienes no concuerdo y piensan distinto. Se trata de un aprendizaje que resulta mágico, casi inalcanzable.


(*) Tinta club del libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.

Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.

Por Sandra Pulido Urrea

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.