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Enrique Serrano ha dedicado buena parte de su vida a una misma pregunta: ¿cómo se construyen las naciones y de qué manera una sociedad comprende su propia historia? Esa inquietud ha atravesado su trabajo como profesor universitario, novelista, ensayista y, entre 2019 y 2022, director del Archivo General de la Nación.
Ahora asumirá un nuevo papel en la vida pública. El presidente Abelardo de la Espriella anunció su nombramiento como asesor presidencial, un cargo desde el que, según Presidencia, participará en las discusiones relacionadas con la llamada “batalla cultural” del Gobierno y aportará en asuntos como la identidad nacional, la sociedad, la historia y los valores.
Aunque su nombre ha aparecido con frecuencia en debates públicos sobre historia y política, Serrano ha construido su trayectoria principalmente desde la academia y la literatura.
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Nació en Barrancabermeja en 1960. Es comunicador social y filósofo de la Pontificia Universidad Javeriana, cursó estudios de posgrado en El Colegio de México, la Universidad Externado y el Instituto de Estudios Políticos de París, y durante cerca de tres décadas ha sido profesor e investigador de la Universidad del Rosario, donde ha impartido cursos de historia, relaciones internacionales y pensamiento político. También ha sido docente en la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Externado y la Universidad Sergio Arboleda.
Su carrera como escritor comenzó en 1993 con El globo rojo. Después publicó títulos como La marca de España, La intrusa, De parte de Dios, Tamerlán, Donde no te conozcan, El hombre de diamante, Pasaje a India, Segundones de primera y Guerras ajenas, una novela en la que volvió sobre el proceso de independencia de Colombia.
En 1996 obtuvo el Premio Juan Rulfo de Cuento de Radio Francia Internacional (RFI) por El día de la partida, uno de los reconocimientos más importantes de su trayectoria. A esa faceta se sumó un episodio menos conocido de su vida: antes de dedicarse por completo a la academia, navegó durante tres años en un barco mercante.
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La relación entre historia y literatura ha sido una constante en su obra.
En una entrevista concedida a El Espectador en 2021, con motivo de la publicación de Guerras ajenas, sostuvo que ambas disciplinas son inseparables porque la historia solo llega a las generaciones siguientes a través del relato. “La historia es literatura, es narración, es relato; es un esfuerzo por hacer narrable y comprensible un pasado desde una perspectiva”, afirmó.
En esa misma conversación añadió que la literatura busca explicar no solo qué ocurrió, sino también cuáles fueron las motivaciones humanas detrás de los hechos.
Ese interés por la reconstrucción del pasado también marcó su paso por el Archivo General de la Nación. Durante su dirección defendió el papel de los archivos como herramientas para preservar la memoria documental del país y reconstruir los hechos históricos.
En la misma entrevista explicó que los archivos constituyen “la posibilidad de veracidad y de autenticidad” porque reúnen los documentos a partir de los cuales es posible reconstruir el pasado, incluso cuando este se conserva de manera fragmentaria. Comparó esa tarea con un mosaico al que le faltan piezas, pero que puede volver a adquirir sentido mediante el trabajo archivístico.
Más allá de la administración del Archivo, Serrano ha insistido en que Colombia mantiene una relación compleja con su propia historia. Durante las protestas de 2021, cuando varias estatuas de personajes de la Conquista y la Colonia fueron derribadas en distintas ciudades, sostuvo que esos hechos reflejaban una dificultad para comprender el pasado nacional.
Según dijo entonces, el país todavía desconoce buena parte de las fuerzas históricas que moldearon sus instituciones, sus valores y su identidad. También afirmó que Colombia aún no ha consolidado una idea madura de nación y que la enseñanza de la historia debería ofrecer a las nuevas generaciones herramientas para entender quiénes son y cómo se formó el país que habitan.
En esa conversación también planteó que la indignación y las protestas hacen parte de la vida democrática, pero sostuvo que una sociedad no puede limitarse a reaccionar frente a los conflictos. “Tiene que responder proponiendo cosas”, dijo. A su juicio, el reto consistía en avanzar hacia una construcción nacional “más habitable, más próspera y más justa”, apoyada en oportunidades, instituciones sólidas y una mayor comprensión del mundo contemporáneo.
Esas reflexiones acompañarán ahora una nueva etapa de su trayectoria. De acuerdo con el comunicado divulgado por la Presidencia, Serrano asesorará al presidente Abelardo de la Espriella en discusiones relacionadas con la llamada “batalla cultural”. El Gobierno señaló que su papel será aportar argumentos sobre historia, identidad, familia, sociedad y valores, además de contribuir a lo que denomina una conversación basada en el conocimiento y el consenso.
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