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Cuando en 2024 se descubrió la llamada “Habitación azul” en Pompeya, arqueólogos e investigadores sabían que habían encontrado algo especial. En la región central de la ciudad hallaron una casa que contenía una habitación con los muros pintados con el pigmento azul egipcio, uno de los más codiciados y costosos de la época.
El color de esta habitación les dio pistas a los investigadores para determinar que esta era lo que se ha denominado “sacrarium”, un altar que los romanos usaban en sus hogares para realizar rituales o almacenar objetos sagrados.
Un nuevo estudio publicado en la revista Heritage Science estimó los costos aproximados de haber pintado esta habitación con el azul egipcio. El pigmento era costoso debido a que se fabricaba con Lapis Lazuli, una piedra con la que también se producía el pigmento azul ultramarino. Dado que la piedra era tan difícil de conseguir, puesto que los únicos depósitos conocidos eran en el norte de Afganistán, los pigmentos creados con estas piedras eran lujos que solo unos pocos se podían dar.
El estudio liderado por Mishael Quraishi, graduada del Massachussetts Institute of Technology, descubrió que los artesanos que realizaron esta habitación necesitaron entre 2.4 y 4.9 kilogramos del pigmento para cubrir sus muros. El hallazgo fue realizado a través de una combinación de luminiscencia inducida por luz visible (luz blanca) y análisis espectroscópico y de microscopía electrónica para mapear el azul dentro de la habitación.
El costo de recubrir la habitación con este pigmento fue estimado a partir de la obra de Hilary Becker, historiadora y especialista en pigmentos. “Becker evaluó las distintas calidades de azul egipcio clasificadas por el naturalista Plinio el Viejo, quien falleció durante la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. Plinio señala que el caeruleum común costaba 8 denarios por libra, pero el caeruleum vestorianum, una calidad superior de azul egipcio, tenía un precio de 11 denarios por libra. (Una libra era una libra romana, equivalente a aproximadamente 0,72 libras actuales)”, escribió Sarah Bond para Hyperallergic.
De acuerdo con los cálculos de Quraishi y su equipo, el costo estimado para la pintura de la habitación fue de 93 a 168 denarios. Que, según una nota al pie en el estudio, habría sido el equivalente a comprar entre 744 y 1344 hogazas de pan.
“Para contextualizar mejor, en la época de la erupción del Vesubio, un soldado de infantería romano habría cobrado unos 187 denarios al año, lo que sitúa nuestra estimación conservadora del coste del pigmento entre el 50 % y el 90 % de esos ingresos anuales”, explica el artículo.
El descubrimiento indicaría que los dueños de la habitación pertenecían a la clase alta, pues, además de las paredes azules, la casa contaba con un baño termal, un patio central, una escalera, una planta superior y un gran comedor.
“Los fabricantes de pigmentos creaban el color con una mezcla de arena caliente, cal, cobre, cuarzo y un fundente alcalino. El pigmento azul artificial está documentado en el Antiguo Egipto entre el 3300 y el 3200 a. C. Posteriormente, se popularizó en Anatolia y Mesopotamia. En el siglo I a. C., el escritor de arquitectura Vitruvio mencionó su existencia, así como el término romano para referirse a él: caeruleum. En aquella época, el azul egipcio ya se fabricaba en Puteoli, una ciudad en la bahía de Nápoles, cerca de Pompeya”, reportó Bond.
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