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Directora del MAMBO: “Las instituciones culturales deben sostenerse en hechos y no rumores”

En entrevista para El Espectador, la actual directora del MAMBO, Martha Ortiz Gómez, hizo un balance del tiempo que ha esto liderando esta institución y el legado de Claudia Hakim. Hasta el momento, no se había referido a unas acusaciones en su contra que han rondado en redes sociales (maltrato laboral y procesos de contratación). Aquí responde.

Laura Camila Arévalo Domínguez y Andrea Jaramillo Caro

31 de enero de 2026 - 04:00 p. m.
Martha Ortiz Directora del MAMBO
Foto: FELIPE MARIÑO
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El Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) ha estado bajo la lupa del entorno artístico y museal durante las últimas semanas, luego de que la revista Papel de Medellín publicara en Instagram diferentes denuncias contra su actual directora.

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“Revista Papel rechaza las acciones de la nueva directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá -Mambo, Marta Ortiz Gómez, a quien acusan de maltrato laboral y acoso. (...) A través de nuestros diferentes canales de comunicación, en la última semana hemos recibido una decena de testimonios. (...) Igualmente, las acusaciones se extienden a ‘corrupción y tráfico de influencias’, en cuanto la directora del Museo hubiese interferido hasta en procesos de contratación, entre ellos uno para beneficiar al hijo de la directora del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá - Idartes, la señora María Claudia Parias”, se lee en la primera de ellas.

Martha Ortiz Gómez llegó al MAMBO en febrero 2024, luego de que Claudia Hakim, quien estuvo al frente de la institución durante ocho años, anunciara su renuncia. Ortiz se desempeñó como directora del diario El Colombiano desde 2012 hasta 2021 y estuvo durante cinco años en la junta directiva del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM). El Espectador se comunicó con la actual directora del MAMBO para hablar sobre los dos años que ha estado al frente del museo y su posición frente a las denuncias que han circulado desde diciembre con respecto a su gestión.

Al llegar al museo, ¿cuál era su visión para este? ¿Ha cambiado desde 2024?

Desde mi llegada, la visión ha sido fortalecer al Museo de Arte Moderno de Bogotá como una institución cultural sólida, relevante y sostenible, acorde con su historia y su responsabilidad pública. El museo arrastra desde su fundación desafíos financieros, legales y organizacionales estructurales, y era indispensable abordarlos con rigor, ética y transparencia.

La visión no ha cambiado desde 2024: sigue siendo consolidar un museo moderno en su gestión, ambicioso en lo cultural y responsable en lo institucional. Lo que ha evolucionado es la profundidad con la que, junto con la junta directiva, hemos debido enfrentar problemas históricos que ya no podían seguir aplazándose. Las instituciones no se transforman cuando cambian de discurso, sino cuando deciden enfrentar lo que durante años se evitó.

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Ya hemos avanzado en la modernización del área administrativa y financiera, la creación de un Departamento de Alianzas para la estructuración de proyectos y el diseño —ya en proceso— de una Sala de Educación abierta para todas las edades.

Afirmó que parte de su labor es “soñar con el futuro del museo”. ¿Cómo se imagina ese futuro?

Hoy ya no es un sueño. Tenemos planes concretos porque los desafíos son apremiantes. Trabajamos por un museo con mayor impacto en Bogotá y en el país, más conectado con públicos diversos, con una programación curatorial rigurosa, una propuesta educativa relevante y una estructura institucional realista e innovadora que le permita proyectarse a largo plazo.

Soñar el futuro del museo no es una consigna romántica: es una responsabilidad estratégica. Significa asegurar que el museo dialogue con su tiempo y pueda existir dentro de diez, veinte y treinta años, cumpliendo su misión cultural sin comprometer su viabilidad.

Hoy contamos con alianzas con artistas, galerías, academia, empresas y sector público apoyando este proceso. El MAMBO es un proyecto colectivo. Soñar el futuro de una institución es asumir la responsabilidad de hacerlo posible.

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Durante la dirección de Claudia Hakim el museo adquirió 222 piezas nuevas. ¿Dentro de sus planes está agrandar la colección? ¿Cómo planea lograrlo?

Todas mis antecesoras han dejado un gran legado. El crecimiento de la colección es importante, pero debe hacerse de manera responsable. Una colección es relevante por su calidad, no por su volumen. Hoy la prioridad es proteger, conservar y estudiar adecuadamente una colección valiosa que ya existe.

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Cualquier ampliación futura debe responder a una política clara de adquisiciones, donaciones y sostenibilidad, y no a impulsos coyunturales. En ese marco se creó un Comité de Colección que decide bajo la misión del museo y con criterios institucionales, integrado por un miembro de la junta, la dirección, el área curatorial y un experto externo. Coleccionar también es saber cuándo cuidar antes que acumular.

¿Cómo ha sido la relación con Eugenio Viola? ¿Cuáles han sido los puntos de encuentro entre la visión curatorial de Viola y su propia visión para el museo?

Su huella como director artístico ha sido clara y su mirada internacional valiosa. El museo siempre ha respetado la visión curatorial y la discusión intelectual. Estas pueden dialogar y también diferir, y eso es importante para mantener vivas las instituciones culturales.

Desde la dirección, mi responsabilidad ha sido asegurar que cualquier proyecto curatorial se enmarque dentro de las posibilidades reales del museo, sus obligaciones legales y su sostenibilidad financiera. La libertad creativa solo se sostiene cuando descansa sobre instituciones responsables.

¿A qué artistas le gustaría traer, sea en exhibición temporal o a la colección?

Me interesa seguir fortaleciendo el diálogo entre artistas colombianos e internacionales, entre generaciones y lenguajes diversos. Más que nombres específicos, me importa que las exposiciones y las adquisiciones respondan a preguntas relevantes para nuestro contexto y aporten a una conversación cultural amplia, rigurosa y contemporánea. Un museo se define por las preguntas que se atreve a plantear.

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Tras dirigir un periódico como El Colombiano, ¿qué similitudes y diferencias ha encontrado en la dirección de un museo?

En el mundo de los medios aprendí que estos no desaparecían por causas externas, sino que se debilitaban cuando no tomaban a tiempo las decisiones que exigían los cambios tecnológicos y sociales. Creo que algo similar puede ocurrir con los museos. No por falta de relevancia cultural, sino por no actualizar sus modelos de gestión, su relación con los públicos y su sostenibilidad. Mi trayectoria en ambos sectores me ha confirmado que las instituciones que perduran son aquellas capaces de transformarse sin perder su esencia. Conversaba con Evelio Acevedo, director del Museo Thyssen, hace unos meses en Madrid, sobre cómo lograron consolidar la estabilidad del museo después de años difíciles mientras el equipo comprendía la importancia, por ejemplo, de crear eficiencias. Cuidar el legado no es inmovilizarlo, sino permitirle seguir respirando en el tiempo.

Luego de haber estado cinco años en la junta directiva del MAMM y ahora en el MAMBO, ¿cuál cree que es el futuro de los museos en Colombia?

Los museos en Colombia, como en el mundo, atraviesan un punto de inflexión. Durante la pandemia, cerca del 90 % cerró temporalmente, lo que evidenció la fragilidad de modelos excesivamente dependientes de la presencialidad y de estructuras tradicionales. Al mismo tiempo, existen casos que demuestran que la transformación es posible. Instituciones como la Tate, en el Reino Unido, lograron ampliar audiencias y sostenibilidad al diversificar sus modelos de gestión y fortalecer lo digital sin renunciar a su rigor curatorial. El futuro de los museos en Colombia pasa por esa combinación: solidez institucional, relevancia cultural, sostenibilidad financiera e innovación. No se trata de cambiar la misión, sino de actualizar las formas para que esa misión perdure.

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¿Cómo ha sido la relación con el equipo desde que llegó?

Ha sido una relación de trabajo exigente, honesta y orientada a la transformación. Los procesos de ordenamiento institucional implican ajustes, aprendizajes y cambios culturales. Mi compromiso ha sido liderar con claridad, con reglas iguales para todos y con respeto por las personas, entendiendo que los cambios profundos no siempre son cómodos, pero sí necesarios. Liderar no es evitar las decisiones difíciles, es asumirlas con responsabilidad. El compromiso de la junta directiva y el mío en este proceso es serio.

Hace unos días, La revista Papel publicó una serie de denuncias que la acusan de supuesto maltrato laboral y acoso. El Espectador se comunicó con la revista para conocer en qué consistían esas denuncias, pero no logramos acceder a la información. ¿Ya habló con la revista sobre este tema? ¿Tiene algo para decir sobre estas denuncias en las que, además, no solo se habló de usted como líder del MAMBO, sino del periódico El Colombiano?

Como directora fui convocada por la junta directiva, tras un proceso acompañado por un cazatalentos internacional, para liderar un fortalecimiento institucional que permitiera al museo ordenar y modernizar su estructura, superar dificultades históricas y proyectarse de manera viable hacia el futuro. Estos procesos implican decisiones responsables y, en ocasiones, exigentes, necesarias para garantizar transparencia, sostenibilidad y reglas claras para la institución. Frente a publicaciones que utilizan señalamientos graves sin sustento verificable, mi posición es de respeto por la libertad de prensa, pero también de defensa del debido proceso y de la responsabilidad informativa. He promovido relaciones laborales basadas en la formalidad y el respeto, y cualquier inquietud debe tramitarse por los canales institucionales y legales correspondientes, no mediante campañas mediáticas. Las mujeres que asumimos posiciones de liderazgo sabemos que los procesos de cambio pueden generar resistencias, pero el foco debe mantenerse en el propósito institucional: que el museo se fortalezca y avance, porque las instituciones culturales deben sostenerse en hechos y no en rumores.

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También se la acusó de contratar a Felipe Parías por “tráfico de influencias”: “La directora del Museo hubiese (sic) interferido hasta en procesos de contratación, entre ellos uno para beneficiar al hijo de la directora del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá”. Sabemos que Parías renunció y se publicaron unos chats en los que usted pidió que se le incluyera en el proceso de elección de aspirantes al cargo…

Esa afirmación es falsa. El Museo de Arte Moderno de Bogotá es una institución privada, autónoma y libre, con procesos internos definidos y responsabilidades claras. El ejercicio de la dirección implica garantizar que las decisiones se tomen dentro de marcos profesionales, con criterios técnicos y trazabilidad, y que los procesos institucionales se mantengan abiertos, rigurosos y verificables. Confundir el cumplimiento de ese rol con prácticas irregulares desvirtúa el debate de fondo, que es fortalecer instituciones culturales con reglas claras y legítimas, porque el carácter de una institución no se demuestra en el ruido, sino en la coherencia silenciosa de sus actos.

*Decidimos aclararle al lector que esta entrevista fue realizada a través de un cuestionario, así que no hubo espacio para la replica. Por petición de la entrevistada, la conversación se entabló de esta forma y se reafirmó en no dar más declaraciones, en especial, sobre las denuncias de acoso y la contratación de Felipe Parias.

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Por Laura Camila Arévalo Domínguez

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com

Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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