Cultura

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17 Nov 2020 - 2:21 p. m.

Hacer periodismo desde la independencia

Esta entrevista a Laura Sofía Mejía, cofundadora de Baudó AP, fue hecha en 2019 con motivo de una de las tantas discusiones nacionales –hoy nuevamente activas por los cambios en Revista Semana- sobre el rumbo del periodismo en Colombia, la calidad de la información y el impacto que tiene social y culturalmente en un país que necesita herramientas para comprender su realidad.

Natalia Barriga Gómez

Laura Sofía Mejía es comunicadora social y periodista de la Universidad Católica de Pereira.
Laura Sofía Mejía es comunicadora social y periodista de la Universidad Católica de Pereira.
Foto: Victor Galeano- Baudó AP

Baudó AP es una Agencia Pública de periodismo independiente que desarrolla proyectos innovadores relacionados con medio ambiente, memoria, paz, conflicto, inclusión y género. Surgió después de Una Parte Por Millón, proyecto enfocado en evidenciar las consecuencias sociales y culturales del uso indiscriminado del mercurio en la minería de oro en la Amazonía colombiana. A partir de este proyecto, Laura Sofía Mejía –periodista- y Víctor Galeano –fotógrafo-, se plantearon la necesidad de continuar trabajando en procesos similares que dieran cuenta periodística de lo que vive un gran porcentaje del país pero que poco se conoce, debido a la marginalidad y al olvido al que el gobierno -y el periodismo- los han relegado por factores políticos, económicos y de poder. En medio de esa búsqueda, encontraron la ruta de lo que querían hacer y crear, conscientes de que no podría ser gestado en un medio de comunicación tradicional y de que la independencia era crucial para poder hacer periodismo a profundidad, para poder contar las historias desde el terreno y no desde el escritorio.

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En 2017, dos años después de Una Parte Por Millón, Mejía y Galeano hicieron una apuesta poco común: fundaron una Agencia Pública de periodismo independiente, y a partir de allí, en el Eje Cafetero y en el país, conocimos una fase innovadora del periodismo justo en un momento en el que la crisis del oficio era inminente y desalentadora. En la que las mentiras se vendían -y se venden- como verdades y en la que la censura era y es uno de los mecanismos más utilizados por quienes ostentan el poder. Actualmente, Baudó AP cuenta con un equipo de periodistas, fotógrafos, ilustradoras, comunicadoras y gestores que trabajan en torno a proyectos de investigación, cobertura y formación. A través de sus proyectos le apuestan a contenidos multimedia y transmedia, a la innovación y, sobre todo, a narrar la Colombia a la que no tenemos acceso en los medios tradicionales, esa Colombia que parece escondida a propósito, pero a la que pocas personas pueden llegar para contarla.

Laura Sofía Mejía habla sobre el trabajo, los desafíos de Baudó AP y los principios que garantizan que el periodismo cumpla sus objetivos esenc

Desde la independencia ¿Cómo ven ustedes la situación del periodismo en el país y en el Eje Cafetero?

En el país nos faltan un montón de cosas. Nosotros podemos contar con organizaciones que están apostándole a otro tipo de periodismo, por ejemplo, La Liga Contra el Silencio está haciendo un trabajo increíble, hay organizaciones de periodismo de datos que tienen un enfoque específico como Cuestión Pública, Datasketch y Consejo de Redacción. Nos alienta saber que hay personas apostándole a este tipo de periodismo, pero el modelo sigue como lo conocemos.

Están los medios grandes tradicionales que tienen toda la maquinaria pero tienen ausencia de periodismo desde el terreno, a profundidad, que no va con la agenda mediática, sino que responde a temas trascendentales particulares, que es como nos gusta a nosotros. Aquí el panorama es aún más desalentador. Pereira es un caso particular porque solo había dos periódicos tradicionales, uno era conservador y el otro liberal, y el uno compró al otro. Es muy particular que se dé de esa manera y que no pase nada, además, terminan siendo periodistas que responden y publican comunicados de prensa y que hacen periodismo desde su oficina. Eso a nosotros no nos interesa. Precisamente lo que intenta hacer Baudó AP es abrir ese panorama y unir un grupo de gente que esté interesada en hacer otro tipo de periodismo. El periodismo que se hace en Colombia tradicionalmente debería tener la advertencia: Publicidad política pagada.

En la academia y en otros espacios culturales y de aprendizaje, no es común escuchar que se motive a las y los estudiantes a que trabajen como periodistas independientes o a que creen agencias o medios de periodismo independiente. Es posible que ni si quiera lo nombran como una posibilidad, ¿por qué cree que pasa eso?

Creo que la academia colombiana está totalmente atrasada. El ritmo al que va la docencia no es el mismo al que va el periodismo. El periodismo está en otra fase, en otras partes. En la academia hay muchos obstáculos y eso no debería ser así. Por ejemplo, cuando yo iba hacer mi tesis tenía que graduarme con documental o revista, o con ciertas cosas. Yo me preguntaba ¿Cómo así?, ¿entonces no puedo hacer un libro de fotografía como proyecto de grado? Y el tema del emprendimiento siempre iba dirigido a la carrera de negocios, de administración, pero en comunicación nunca se ha incentivado eso. Siempre nos están educando como empleados y el panorama del periodismo no es alentador en cuanto a que uno no puede hacer el contenido que quiere hacer, no puede trabajar los temas a profundidad como se debería, usualmente tampoco se le paga a la gente por su trabajo y menos en la región, entonces la situación es un poco complicada. Si la academia no va al ritmo al que va el periodismo, el periodismo como lo conocemos tiende a desaparecer.

Claro, hay una desconexión entre la academia y el campo…

Además, quienes todavía están dictando la carrera de Comunicación social y periodismo en las universidades, suelen minimizar las clases de periodismo y a enaltecer las de comunicación organizacional, esa es una apuesta que están haciendo las universidades.

Porque se supone que esa es la que da dinero y por lo tanto es más “útil”…

Tienen la idea de que la comunicación organizacional da plata y yo lo pondría en duda. Al fin y al cabo, el periodismo es un oficio. La gente ejecuta y recibe un dinero mensual. Hay personas que ven esto como una pasión, como un proyecto de vida, quieren hacer muchas cosas y tienen muchas más motivaciones. Yo creo que nosotros estamos en ese combo.

Con la experiencia que han tenido en Baudó AP, ¿Qué cree que hace falta que enseñen en los programas de comunicación social Y periodismo?

Para Baudó AP fue muy importante comenzar con los proyectos de formación porque hay una carencia en la academia. Las carreras de comunicación social y periodismo son de mil cosas y de nada a la vez. Vemos fotografía, audiovisual, crónica, reportaje, perfil, etcétera, pero la pregunta es ¿cómo llevar eso a otro nivel?, entonces comenzamos a pensar en cómo profundizar sobre ciertas cosas específicas, porque ese tipo de formación no la había. Además de la academia formal, hay otro tipo de talleres que ofrecen en espacios culturales de la región pero a tienden a ser básicos. En Baudó AP tenemos una propuesta de valor basada en la innovación periodística, así que trajimos un ilustrador que trabajara en historias de no ficción, además de alguien que hablara de periodismo de datos y otro que hablara de colorización para cine y televisión. Son talleres que también nos gustaría tomar a nosotros. En vez de tomar esos talleres en otros sitios, preferimos traerlos y hacer procesos de formación que no solo nos aporten a nosotros sino a otro tipo de gente que esté interesada en lo mismo.

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La independencia es un punto crucial, sobre todo en esta época en la que se enfrentan tantos intereses económicos y políticos. Esa independencia les ha permitido narrar el conflicto, temas de memoria y paz; asuntos que un medio tradicional no puede hacer con total libertad. ¿Cuál es el costo de esa independencia?

Hay una angustia constante que va ligada a la parte financiera: el periodismo que nos gusta es más costoso de hacer. Es justamente por eso que los medios tradicionales no lo hacen, pero más allá de conseguir el dinero para el proyecto hay un tema de sostenibilidad. Es decir, que cada seis meses no sea angustiante saber si vamos a poder seguir o no. Lo otro es que, precisamente, esa parte financiera influye en que haya una base sólida en todos los sentidos.

¿Cree que el periodismo independiente puede ser una especie de salvavidas para la crisis que la profesión está enfrentando?

El periodismo independiente tiene un blindaje en muchos entornos complejos, no significa que uno se salve de todo, pero no es lo mismo decir “vengo de RCN” o “vengo del ministerio de las TIC”, a decir “soy un periodista independiente y trabajo con Baudó Agencia Pública”. Para las personas de las comunidades o para grupos armados que deban autorizar que los reporteros entren a ciertas zonas, es importante. Ellos lo reciben distinto. Por ejemplo, para la crónica de El veneno de los dragones (con esta crónica Juan Miguel Álvarez fue elegido por True Story Award como uno de los mejores reporteros 2018-2019 en el mundo), Víctor Galeano y Juan Miguel Álvarez estuvieron dentro de las dragas ilegales (maquinaria utilizada para excavar material debajo del agua) haciendo fotografía y reportería. Tener esas imágenes para mí fue muy valioso porque indicaba cuáles eran los alcances que podíamos tener en ese tipo de contextos. Varias organizaciones sociales que trabajan esos temas se preguntaban cómo lo habíamos logrado, cómo se habían logrado las imágenes allí dentro, tan cercanas y directas.

En un gobierno de derecha, ¿Cómo se vive el periodismo independiente?

El panorama es muy negativo, sobre todo para las comunidades donde se trabaja. Nosotros seguimos haciendo la labor, como en cualquier otro gobierno, pero eso nos obliga a trabajar temas que realmente no queremos tener que trabajar, tenemos que seguir hablando de los líderes, de la dinámica del Proceso de paz y de lo que está pasando a partir de allí. Creo que hay que seguir con nuestra labor, como en cualquier otra etapa, pero es un momento oscuro en todos los sentidos.

¿Hacer más periodismo independiente puede ser un contrapeso para lo que está sucediendo con el actual gobierno?

Sí, no solo para el gobierno actual sino también para el estado en el que está la información y lo que está pasando con ella (el nivel de consumo, de oferta, el ritmo acelerado de producción). Siento que la gente perdió la confianza en lo que lee y en lo que ve, así que es el momento de hacer periodismo independiente. Ésta puede ser la forma de ofrecer una herramienta no solo informativa sino también educativa que empodere a los ciudadanos para la toma de decisiones. En la medida en que se haga periodismo independiente y comprometido, se abre la posibilidad de tener ciudadanos bien informados con esa herramienta poderosa que es la comunicación.

Como usted decía hace un momento, hay mucha información. Hay tanta que parece que la gente no sabe qué hacer con ella ni a quién creerle. ¿Qué hacen en Baudó AP frente a ese ritmo acelerado de oferta de contenidos?

Nos pasa algo muy particular y en ese punto yo me angustio mucho, pero Víctor (Galeano) es todo lo opuesto. Él dice que vayamos a nuestro tiempo, que no es necesario publicar todos los días ni pensar en los resultados a través de los “likes” y los “shares”. Sugiere ponerle una pausa a esa angustia y enfocarse en qué tan valioso es nuestro contenido, para qué lo estamos haciendo y por qué lo hacemos. Para quién es importante esto y por qué son trascendentales ese tipo de temas. La cuestión es preocuparnos por lo realmente importante y que lo demás se dé por sí solo. La preocupación para Baudó AP en cada tema y en cada comunidad es hacer un trabajo realmente valioso y que lo otro vaya surgiendo. Nos preocupamos por ver el lado humano de los temas y estar cerca de las personas que hacen parte de esas historias, no en lo superficial y en el ritmo acelerado. Somos una agencia de cobertura periodística y eso tiene unas implicaciones. Nosotros no hacemos noticia. Si queremos ofertar algo distinto no podemos ir a ese ritmo que se impone, más bien pensar en la calidad y el contenido.

En una época en la que la posverdad ha tomado tanta fuerza, ¿Cómo manejan los temas de memoria, paz y conflicto? Son temas álgidos y susceptibles a este fenómeno…

Ese tipo de temas se tienen que manejar con mucho respeto y con el compromiso necesario: equilibrando fuentes, con precisión y entendiendo que lo que se diga va a tener un impacto alrededor. El compromiso con que la información no sea falsa es muy importante, de hecho, hay organizaciones dedicadas a chequear esa información. Nosotros no hacemos esa actividad directamente, pero sí adquirimos un compromiso con nuestros contenidos, con los temas, con las comunidades donde trabajamos para que lo que salga sea veraz, equilibrado y respetuoso, sobre todo con las víctimas.

¿Cómo es la actitud y la receptividad de las comunidades frente a estos temas, teniendo en cuenta que son ellas las principales implicadas, y en muchas ocasiones, las víctimas de las consecuencias de la posverdad?

Hay un recelo por parte de la comunidad cuando se llega a terreno. La gente está cansada de que las personas lleguen, saquen y no pase nada. Eso las desgasta. Uno adquiere un compromiso ligado a que eso jamás vaya en contra de ellos y que también vean cuál fue el resultado de lo que se hizo en campo, porque también pasa mucho que se va, se investiga, pero nunca se le muestra a la gente qué pasó con la información. Nosotros intentamos volver a la comunidad para hacer una retroalimentación con ellos, para que nos digan lo que les gustó y lo que no, para saber qué opinan. Es lo más valioso del trabajo.

Las comunidades suelen estar bajo muchos flagelos. No solo son los periodistas quienes aportan en ese desgaste que usted menciona. Hay temas como el de la minería ilegal que, por ejemplo, son riesgosos para las comunidades…

Sí, se debe ser muy claro a la hora de ir y saber por qué y para qué se está haciendo el trabajo. Por qué es importante que eso suceda y en la medida en que la comunidad y los periodistas sean conscientes de esa situación, todo puede fluir de mejor forma. Es una relación de honestidad. Lógicamente siempre hay una preocupación: ellos son los que quedan allá, no los periodistas. Siempre hay un acuerdo previo y se dice exactamente para qué vamos. Es muy importante que eso esté claro desde un inicio.

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En algunos contenidos de Afluentes, la sección de Baudó en la que publican crónicas o reportajes como Una Parte Por Millón, hay una mirada con enfoque de género muy interesante e importante, ¿Cómo cree que está la relación de enfoque de género y el periodismo independiente?

Es un momento maravilloso porque nos estamos haciendo muchas preguntas y están pasando muchas cosas frente a ese tema. Eso es necesario. Hay, sobre todo, colectivos feministas que están promoviendo que esto pase y siento que es muy importante que se viva. En cuanto a los medios de comunicación, siempre ha habido una lucha al respecto y creo que debe darse y pulirse de mejores maneras.

Nosotros tenemos un eje de género, pero no un proyecto específico de cobertura sobre el tema. Creo que el eje de género es y debe ser trasversal. En Amazonía, en Una Parte por Millón, hay un video de la planta sagrada para las mujeres; en Antioquia, por ejemplo, hay un 360° de las mujeres chatarreras, y dentro de la investigación hay un eje fuerte de las historias de estas mujeres. En La Mojana se habla de las malformaciones de los fetos por el agua contaminada de mercurio y en Afluentes también hay un montón. Ese enfoque debe ser trasversal a lo que se haga de una forma respetuosa y profunda con los dos géneros.

Al interior de la organización también se debe ver reflejado. Me parece importante que la voz de las periodistas y de las personas que hacen parte de la organización esté presente. Inconscientemente, en ese sentido estamos muy equilibrados, pero no debe ser forzado. El equipo se conforma independiente del género: nos importan las capacidades de cada persona.

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