“La RAE está en manos de un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias”. Estas fueron las declaraciones hechas por Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, sobre Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española (RAE), durante el Foro de la Nueva Economía, realizado en Madrid el pasado octubre de 2025.
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Este momento, que dejó sin palabras a los presentes, se ha convertido en uno de los tantos puntos de quiebre entre los directores de dos de las entidades más importantes de la lengua española. Mientras que el Instituto Cervantes se encarga de la promoción y enseñanza del idioma a nivel mundial, la RAE vela por el buen uso del español en los territorios donde se habla. Ambas instituciones son vistas como complementarias; sin embargo, a partir de la controversia, se ha puesto en debate el rol que actualmente tienen las dos entidades.
La RAE expresó su rechazo a las manifestaciones del director del Cervantes y las calificó como “desafortunadas e inoportunas”, además de defender la gestión realizada por Muñoz Machado. La polémica se reavivó durante el X Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) en Arequipa, Perú, cuando García Montero acusó a Muñoz Machado de querer imponer a Panamá como la sede del siguiente encuentro.
Algunos académicos se han sumado al debate, entre ellos Arturo Pérez-Reverte, escritor y periodista español, quien dijo, por medio de redes sociales, que el Ministerio de Exteriores, entidad a la que está adscrito el Instituto Cervantes, quería “colonizar” la RAE para “ponerla a su servicio y contaminarla”. No obstante, en una reciente columna publicada en El Mundo, Pérez-Reverte también cuestionó la gestión de la Academia en los últimos años, sentenciando que hoy en día tiene “posiciones más descriptivas que normativas”, además de manejar una política laxa, que ha dejado de lado la opinión de filólogos y literatos.
Esto provocó que los cuestionamientos frente al papel de la RAE volvieran a la disputa pública y con esto surge una pregunta: ¿qué impacto tiene esto en el resto de países hispanohablantes? Es necesario recordar que Muñoz Machado no solo es el director de la RAE, sino también de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), de la cual hace parte la Academia Colombiana.
En 1871, un grupo de destacados escritores y lingüistas, entre los que se encontraban Rufino José Cuervo y Miguel Antonio Caro, crearon la Academia Colombiana. Esta entidad fue la primera en ser fundada en Hispanoamérica después de la RAE, y ha tenido a ilustres personajes nacionales entre sus filas. Desde 2023, el director es el Dr. Eduardo Durán Gómez, abogado, escritor e historiador, quien habló para El Espectador sobre este debate que se ha dado en torno a la lengua española.
En primer lugar, Durán Gómez explicó que la Academia Colombiana de la Lengua surgió como una especie de apéndice de la RAE y, al ser la primera institución fundada después de la entidad española, se le otorgó un notable valor histórico.
Durán Gómez declaró que la comunicación con Muñoz Machado es “fluida y permanente”. Lo describió como “un jurista de muy altos quilates, escritor no solo de libros sobre temas jurídicos, sino también de obras históricas y de asuntos relacionados con la literatura”.
Por este motivo, consideró que las críticas de García Montero fueron “injustas”, ya que desde su perspectiva la Academia no es solo para lingüistas y gramáticos, sino para aquellas personas que “han alcanzado un enorme dominio de la lengua, gracias a sus conocimientos y a su ejercicio profesional”. Además, expresó que estas manifestaciones del director del Cervantes sobre el papel de la Academia eran “un poco exageradas”, ya que se ha venido haciendo un trabajo notable. Para Durán Gómez, la expansión actual del español ha hecho que la RAE tome un enfoque prudente, que va más allá de esa imagen de “policía del idioma” que había adquirido.
En esta disputa también se han retomado dos enfoques teóricos: el prescriptivismo, que ve a la lengua como algo que tiene que ser regulado, y el descriptivismo, que se centra en registrar y analizar cómo realmente usan el idioma los hablantes. Frente a esto, Durán Gómez dijo que deben preservarse ciertos elementos “naturales y esenciales” de la lengua. Sin embargo, reconoció que también debía existir un margen de flexibilidad, porque, de lo contrario, sería como “cerrarle la puerta” y permitir que se quede estancada, sin la capacidad de proyectarse y evolucionar armónicamente.
Otra de las críticas frecuentes que se produce ante estos temas es la inclusión de palabras en idiomas distintos, sobre todo los llamados anglicismos. En una época marcada por la influencia de las redes sociales y la interconectividad, han empezado a surgir nuevos términos que se incorporan al español y, para el director colombiano, algunos de ellos pueden enriquecer el idioma, por lo que precisamente el deber de la RAE es “estudiar su alcance” y ver si es factible incluirlos.
Desde la perspectiva del director, al hablarse en tantos países, el español ha ido adquiriendo y depurando términos de acuerdo con la cultura en la que se inscribe. Por eso, la Academia Colombiana de la Lengua reconoce la amplia diversidad en el lenguaje nacional, llegando a crear el “Diccionario de colombianismos”, el cual responde a esos nuevos usos y formas que van surgiendo en las distintas regiones. Esta iniciativa tiene el propósito de que estos términos “pasen de ser únicamente colombianismos a convertirse en aportes a la lengua universal”.
Por último, Durán Gómez ve un gran futuro para nuestro idioma. “El lenguaje sirve para muchas cosas: puede construir o destruir”. Según el Instituto Cervantes, en 2025, casi 635 millones de personas hablaban español en el mundo. Más allá de la disputa, la realidad es que el español es una lengua en constante expansión, que se inscribe en distintos contextos socioculturales, por lo que las entidades se ven obligadas a responder de una u otra forma a esos cambios. “Por eso, la tarea es amplia y exige que seamos vigilantes, pero también promotores de las transformaciones del idioma”, concluyó el director.