Hay ocasiones en las que la figura de una persona queda fijada en la memoria de una región distante. Estos vínculos no dejan de ser sorprendentes cuando se dan en las artes. La excepcionalidad se agranda cuando esa persona es académica, científica o filósofa. El relato de un puñado de casos lograría encorvarnos las cejas y robarnos una sonrisa, pues lograríamos comprender los senderos que tuvieron que recorrer algunas ideas para anidarse en el seno de una comunidad.
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Hans Kelsen e Iberoamérica es una relación que data de un siglo y, por lo que podemos atisbar, aún tiene algunas sendas más por recorrer. Desandemos, así sea brevemente, por esos caminos históricos hasta llegar al presente, con la tarea del por qué Kelsen e Iberoamérica es un vínculo que merece exaltación.
Hans Kelsen nació en Praga el 11 de octubre de 1881. Hijo de migrantes con raíces judías, desde temprana edad se trasladó a Viena, la otrora capital de la monarquía de los Habsburgo y centro cultural europeo. En esta ciudad vivió durante la mitad de su vida, hasta 1930. Nacieron allí sus dos hijas, Anna (Hanna) Renata y Maria Beate (Beatrice), fruto del feliz matrimonio con Margarete Bondi.
La Viena de fin-de-siècle fue un ambiente propicio para la exaltación artística, la revolución científica y el cambio político. Hans Kelsen no fue ajeno a estas influencias. En este escenario publicaría grandes obras, entre las que se destacan dos en ámbito teórico: Problemas capitales de la teoría jurídica del Estado. de 1911 y Teoría general del Estado de 1925.
Amén de su propia producción, Kelsen logró formar una escuela, la Escuela de Viena de Teoría del Derecho, en la que cimentaría las bases para lo que ulteriormente se conocería como la “teoría pura del derecho”. Destacan entre sus pupilos, Adolf Julius Merkl (1890–1970), profesor de derecho público y Alfred Verdross (1890–1980), internacionalista. Bajo la batuta de Hans Kelsen más de una decena de académicos y académicas terminarían ingresando a la vida universitaria.
Los primeros iberoamericanos que participaron de sus seminarios fueron el hispano guatemalteco Luis Recasens Sichés (1903-1977) y el español Luis Legaz y Lacambra (1906-1980). Además de continuar con su vida académica, ellos también fueron los encargados de traducir algunas de sus obras, siendo las más destacadas la Teoría general de Estado en 1935 por Legaz y Lacambra y las obras de estilo divulgativo Compendio esquemático de una teoría general del Estado de 1926 por Recasens Sichés y Justino Azcárate Flórez y El Método y los Conceptos Fundamentales de la Teoría Pura del Derecho de 1933, de nuevo por Legaz y Lacambra.
Si la vida académica de Kelsen y su escuela desbordaba actividad, la vida práctica y pública no se quedaba atrás. Kelsen y sus alumnos, pese a su férrea defensa de la pureza metodológica en estudio del derecho, fueron activos operadores jurídicos. Durante la I Guerra Mundial Kelsen tuvo cargos administrativos del más alto orden, como asesorar al general Stöger-Steiner. El prestigio lo llevó a participar en la redacción de la nueva constitución de la República alemana de Austria y, posteriormente, a ser juez del Tribunal Constitucional, cargo que ostentó hasta su despido en 1930, fruto de una decisión sobre las dispensas matrimoniales.
Durante una década Kelsen anduvo por diversas ciudades europeas, buscando el arropo que solo hallaría años después cruzando el Atlántico. Primero estuvo en Colonia, destino que implicaba un pequeño cambio en su vida, ya que seguía siendo parte de la germanósfera. El tiempo apremiaba y Kelsen volvía a sus raíces de polemista y crítico acérrimo de ciertas posturas intelectuales, todas pasándolas por el tamiz de su teoría. Fue así como dedicó esfuerzos a disentir pública y teóricamente frente a Rudolf Smend (1888–1975) y a Carl Schmitt (1888-1985).
No obstante, la República de Weimar se hallaba en su ocaso. Las fuerzas antisemitas ganaban impulso y Kelsen fue víctima de estas. Lo despojaron de sus cargos académicos. Ya había vientos que podían predecir el apocalipsis venidero, por lo que su estancia en Colonia tuvo un abrupto final. Kelsen, sin embargo, no huyó aún de Europa. Primero se trasladó a Ginebra, lugar en el que halló la calma para publicar su famoso libro Teoría pura del derecho en 1934, bajo el amparo de un cargo de profesor de derecho internacional en el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales. Cercano a la edad de pensión, Kelsen buscó mejorar sus ingresos combinando sus funciones en Ginebra con las de docente en la Universidad Alemana de Praga. No obstante, temeroso de que las fuerzas nazis invadieran Suiza y expulsado de Praga por el régimen, huyó de Europa rumbo a los Estados Unidos en 1940.
Kelsen llegó al país norteamericano, precedido de fama por su doctorado honoris causa de la Universidad de Harvard en 1936 y por el reconocimiento de un jurista tan importante como Roscoe Pound (1870-1964). Allí, empero, no halló espacio en las escuelas de derecho, sino que tuvo que buscarlo en las de ciencia política y relaciones internacionales. En Harvard solo duró dos años y tuvo que trasladarse definitivamente a la otra costa del país en Berkeley – California. Allí, por fin, volvería a echar raíces.
Para el ámbito estadounidense y, en general, el anglo, Kelsen fue una persona peregrina: un migrante no solo material, sino también teóricamente. Además de las barreras lingüísticas, encontró que el sistema de formación de los juristas no se compaginaba bien con la exposición de su teoría, tendiente a la abstracción. Kelsen, no obstante, no dio el brazo a torcer y publicó el libro Teoría general del derecho y del Estado en 1945. Las referencias bibliográficas buscaban establecer un vínculo entre su teoría y la tradición analítica, cuyos albores datan de la jurisrprudence de John Austin (1790-1859).
Las ideas de Kelsen, empero, no fueron interesantes para los miembros de comunidad académica anglo y su luz terminó de extinguirse con la aparición fulgurante de H. L. A. Hart (1902-1992) y su El concepto del derecho de 1961, un año después de que Hans Kelsen publicase en alemán la segunda edición de Teoría pura del derecho. Pergeñó trabajos en lógica, a partir del intercambio epistolar con Ulrich Klug (1903-1991) y dejó una obra monográfica inconclusa Teoría general de las normas publicada de manera póstuma en 1979.
Durante este mismo periodo, Kelsen visitó diversos países de la reunión, como las dos vistas en década del 40 a Cuba y a finales de esta por el Cono Sur y luego en 1960 a México. Si en el norte del continente americano tuvo un gélido recibimiento, en el sur fue todo lo contrario. La fama de Kelsen se extendió por varios rincones. Kelsen fue un faro teórico en esta región, ora para acercarse, ora para alejarse.
Kelsen murió a la edad 91 de años en Orinda cerca de Berkeley el 19 de abril de 1973, apenas tres meses después de su esposa. Le sobrevivieron sus dos hijas y sus nietos Marguerite Feder y Adam Oestreicher.
De las lenguas foráneas el español es, sin duda, en la que más se han traducido las obras originales de Kelsen, solo rivalizado por el italiano. Para el ámbito iberoamericano, Hans Kelsen y la Escuela de Viena de Teoría del Derecho son ampliamente conocidos. Amén de los ya mencionados, Kelsen influyó en la obra del cubano Antonio Sánchez de Bustamante y Montoro (1910-1984), el mexicano Eduardo García Máynez (1908-1993) y el argentino Carlos Cossio (1903-1987), con quien tuvo un famoso dislate durante algunos años alrededor de los años 50.
Quizás la última muestra de su impacto en la región es que cada gran teórico del derecho no fue indiferente a su teoría. Baste nombrar los ya fallecidos Elías Díaz (1934-2025) en España, Miguel Reale (1910-2006) en Brasil, Eugenio Bulygin (1931-2021) y Roberto J. Vernengo (1926-2921) en Argentina y Luis Villar Borda (1929-2008) en Colombia.
Desde los lejanos tiempos en los que dos jóvenes veinteañeros visitaban la Wickenburggasse 23 en Viena, hasta los días en los que sesudos académicos reflexionan sobre la obra de Hans Kelsen y la Escuela de Viena, Iberoamérica es una región en que las que las semillas regadas por el jurista austriaco siguen dando abundantes frutos.
El primer congreso internacional de la Red Iberoamericana de Estudios sobre Hans Kelsen y la Escuela de Viena de Teoría Jurídica se creó con la intención de fortalecer el diálogo, investigación y cooperación académica entre Iberoamérica y Europa.
Este evento permitirá que especialistas, investigadores y centros de investigación de diferentes nacionalidades dialoguen sobre sobre normatividad, democracia y teoría jurídica en el marco del legado intelectual de Hans Kelsen y de la Escuela de Viena de Teoría del Derecho.
(*) Docente y investigador de la Universidad Autónoma Latinoamericana. Miembro del Comité Organizar del I Congreso de la Red Iberoamericana de Estudios de Hans Kelsen y de la Escuela de Viena de Teoría del Derecho.