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Harold Alvarado Tenorio: la poesía que transita las contradicciones

En esta antología del autor colombiano se revela un estilo caracterizado por la exploración de las tensiones de la condición humana y una crítica social marcada.

Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

28 de marzo de 2026 - 09:43 a. m.
"Poemas" de Harold Alvarado Tenorio fue publicado por la editorial Podenco.
Foto: Editorial Podenco
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Harold Alvarado Tenorio fue expulsado de todos los colegios a los que alguna vez asistió debido a sus críticas contra la Iglesia y a su afinidad con el pensamiento de Mao Zedong. Ese espíritu provocador lo acompañó a lo largo de su vida y, cuando descubrió su amor por la literatura, esa misma rebeldía lo convirtió en un crítico agudo y temido por los poetas de su tiempo. Sin embargo, él mismo es un poeta que no ha logrado escapar a las controversias y las contradicciones de la vida, por lo que las ha transformado en materia viva de sus versos.

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En el libro “Poemas” (2025) de la editorial Podenco, se reunieron varias de las creaciones de Alvarado Tenorio. Desde un deseo palpable hasta la melancolía más profunda, la pluma del poeta ha atravesado múltiples matices de la dimensión humana. Precisamente en este abanico de experiencias, el escritor ha desarrollado un estilo marcado por la exploración de estados y contradicciones inherentes a nuestra naturaleza, como la belleza, la vejez, la muerte o la vida.

Uno de ellos es el erotismo. “Alvarado Tenorio centra su temática en el deseo, en la sensualidad y en la atracción de los cuerpos; se trata de un deseo gozoso sin consideraciones pseudometafísicas: la euforia de la carne y la nostalgia del goce”, manifestó la poeta colombiana María Mercedes Carranza sobre los versos del escritor.

La representación de este deseo se caracteriza por una constante transgresión de los límites tanto sensoriales como poéticos, lo que permite comparar ese amor desmedido con estados basados en el exceso, como la embriaguez: “Aquella noche, apagada la sed, bebimos vino dulce”.

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Esto, a su vez, esconde una dualidad: cuando el deseo se desborda, aparece la melancolía y la nostalgia, casi como una consecuencia inevitable. “Cuando nos separamos, todo regresó al futuro y al vacío. Habíamos liberado nuestro destino y el pasado habitaba nuestro olvido”.

El poeta y escritor venezolano Juan Liscano describió los versos de Alvarado Tenorio a partir del concepto de “osadía verbal”, algo que se vio reflejado en poemas como “Herencia”: “La única herencia de mi padre -dijo Yusuf ibn al-Sayj al-Balawi- fue unos grandes testículos. Qué gran legado, pensó, ¡qué gran legado!”

Sin embargo, esta osadía no es accidental, ni solo una muestra más del espíritu rebelde del poeta. La osadía juega el papel de hacer evidentes esas contradicciones presentes en los temas que aborda Alvarado Tenorio. En el caso de “Herencia” parece cumplir la función de ironizar la masculinidad y develar los conflictos que surgen a partir de su exaltación, que también constituye una forma de exceso del lenguaje.

Otro contraste que el poeta desarrolla a lo largo de las páginas de su libro es el de la belleza y la vejez. En “Bodas de plata”, la voz poética describe que “la belleza de su rostro” y “la dulzura de su voz” bastaron para que se enamorara de su musa. No obstante, cuando ella lo engaña, la edad aparece como un castigo: “y ante mí crece tu desgracia: has comenzado a envejecer”. La belleza, entonces, aparece como efímera, al igual que el amor, y la vejez se convierte en un futuro del que no se puede escapar al haber amado y apreciado esa belleza.

Belleza y deseo se convierten en sinónimo de vida, mientras que la vejez y el rechazo entran en un juego constante con la muerte. Ninguna puede existir sin la otra y la poesía de Alvarado Tenorio transita constantemente entre esas tensiones. Otro ejemplo de esto es “Del olvido”, en el que dice que el tiempo nada lo cura: “Menos la gracia de estos ojos que celebraron la gracia de tu juventud y esta lengua que bebió de tu carne”, sin embargo, la muerte siempre está presente: “la parca vigila tras la puerta”.

La escritura del colombiano no solo se alimenta de este vaivén constante entre contradicciones que dan lugar a la vida misma, sino que también halla riqueza en el mundo de la historia y la literatura. Debido a su formación y a su rol como profesor, Alvarado Tenorio cuenta con un bagaje en estas disciplinas, el cual se evidencia en constantes referencias a figuras destacadas de la cultura universal.

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En estas páginas se menciona a Ibn Sayj, poeta andalusí; Sigurd Jorsalafari, rey de Noruega; Taliesin, poeta galés asociado con la figura mítica del mago Merlín; Felix Mendelssohn-Bartholdy, compositor alemán, entre muchos otros. Más allá de una demostración de conocimiento, la presencia de estos nombres se constituye como una posibilidad poética y narrativa a partir de momentos de la vida de estos personajes.

Otro elemento a destacar de los versos de Alvarado Tenorio es que muestra un sentido crítico frente a distintos contextos, incluido el colombiano. Por ejemplo, el poema “Plaza de Tres Culturas, Circa 1968” se presenta como una crítica a distintos sucesos históricos, a partir de los cuales se provocaron una serie de muertes: desde la masacre de los mexicas en la época de la colonia hasta la matanza de Tlatelolco de 1968, donde el Gobierno asesinó a civiles y estudiantes durante una manifestación pacífica.

También fue crítico de la violencia en el país, una realidad que padeció en carne propia: según su biografía, fue víctima de amenazas e incluso de un intento de asesinato por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). “Y uno que otro disparo de fusil o revólver recuerda que estás en tu país de muertos”, se lee en uno de sus poemas.

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Otro, titulado “Carpe Diem”, nombra de forma directa ciertos lugares donde se han vivido algunas de las masacres que han marcado la historia del país: Gabarra, Chengue, Salado, Macayepo, Pichilín y Rochela. A pesar de esto, en medio de la hostilidad, vuelve a surgir el deseo: “Imposible es amar cuando la muerte danza y los blancos cachorros lucen en las playas de Tolú y Coveñas. Pero nos deseamos”, demostrando una vez más el carácter contradictorio de la vida.

Por último, un recurso notable que utiliza Tenorio Alvarado es el de los límites difusos entre la realidad y la ficción. Esto se ve evidenciado en las referencias a sucesos y personajes reales, pero también en el desarrollo de figuras literarias donde la misma voz poética se ve envuelta en esa opacidad de lo real. “Sueño del hombre y su sombra, ninguno sabe que es sombra de otro, nadie sabe si sueña o está muerto”.

En una entrevista para La Patria, Tenorio Alvarado explicó que su poesía, más que transmitir una idea, busca provocar “un efecto físico, una emoción”. A través de un tránsito constante entre tensiones y contradicciones de la humanidad, la exploración de los límites entre realidad y ficción, y la crítica social, sus versos no solo se leen, sino que se convierten en una experiencia para cualquiera que se acerque a ellos.

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Por Micaela Abigail Chiliquinga Sánchez

Comunicadora social y profesional de Estudios Literarios de último semestre de la Pontificia Universidad Javeriana. Apasionada por la gestión cultural, el sector editorial y la literatura latinoamericana.mchiliquinga@elespectador.com
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