No deja de sorprender que haya sido un pueblo perdido entre las montañas de Antioquia el escogido como sede para un evento de talla mundial alrededor de la literatura, la cultura y el pensamiento crítico. No porque este no haya sido tierra fértil para el desarrollo de las artes, como bien lo demuestran algunos de los personajes que han salido de sus calles, sino porque en un ecosistema cultural como el nuestro, donde este tipo de iniciativas prefieren apostar por las grandes capitales pensando que solo allá encontrarán un público interesado en lo que sus invitados tengan por decir, el Hay Festival de Jericó sigue siendo ese bicho raro que demuestra todo lo contrario.
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Del 23 al 25 de enero, la “Atenas del suroeste antioqueño” recibió alrededor de 18.000 asistentes, que pudieron disfrutar de más de 70 eventos con 30 pensadores de distintas ramas (desde la literatura y el cine hasta la política y la economía). El pueblo se llenó de gente que quería escuchar autores y autoras de talla mundial hablar sobre el estado de nuestra democracia, el futuro de la inteligencia artificial, cómo la filosofía puede ayudarnos a sobrepasar los problemas del día a día, los retos de un periodismo ético y comprometido con las comunidades y muchos otros temas más.
Karen Hao, autora del libro “El imperio de la IA”; Carlos Granés, autor de “El rugido de nuestro tiempo”; la ensayista Jane Teller, y el autor y presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), Bruce Mac Master, fueron algunos de los más destacados del evento. Aunque el resto de la plantilla no se quedó atrás, pues incluía a Pilar Quintana, Yolanda Ruiz, Virginia Petro de León, Gustavo Rodríguez, Juan Esteban Constaín, Simón Vargas, Mónica Acebedo, Andrés Cota Hiriart, Lu Beccassino, Pablo R. Arango y muchos más que prestaron su voz y sus ideas para el desarrollo de este evento.
Fue un año con el que se intentó profundizar mucho más las raíces del evento en el pueblo, que ya no se cuenta como una iniciativa aislada, sino un acontecimiento que hace parte de la identidad de Jericó. “Estamos convencidos de que, para que un festival deje un legado real y tangible en el lugar en el que está, lo importante es que suceda cada año. Que sea punto de comienzo y final de procesos educativos, talleres y conversaciones y se convierta así en parte del tejido social y cultural del pueblo”, afirmó Cristina Fuentes La Roche, directora internacional del Hay Festival.
Según relató Fuentes, la iniciativa salió de Comfama, la caja de compensación que se encarga de hacer posible este festival. Tras ser aliados del Hay Festival en Medellín, se les ocurrió la idea de llevar el evento a un lugar fuera de la capital del departamento y que tuviese una historia similar a Hay-on-Wye, un pequeño pueblo en Gales donde se gestó inicialmente el Hay.
Esto fue en el 2019. En ese entonces, Jericó recibió alrededor de 7.500 invitados que decidieron hacer parte de las conversaciones con los autores lejos de la ciudad y, desde ahí, se ha convertido en uno de los eventos insignia del pueblo. Con él vinieron más hoteles, mejor atención a los turistas, más espacios de socialización, más autores, más proyectos y, en general, un mayor trabajo para que llegase a ser lo que es hoy.
“Es un festival que está en los teatros, pero también se mete a las casas, a los cafés con los autores y a más rincones del pueblo. Nosotros nos sentimos muy satisfechos con lo que hemos logrado”, afirmó David Escobar Arango, director de Comfama, mientras reflexionaba sobre cómo ahora, ocho ediciones después, Jericó es capaz de recibir más del doble de personas que en su edición inicial.
Ahora bien, Escobar también afirmó que estaban llegando a un punto en el que su objetivo ya no era hacer crecer más el festival, sino lograr consolidarlo en el pueblo. “Creemos que el municipio ya llegó a su capacidad de soporte, así que lo que queremos ahora es profundizar en lo construido y mejorar cualitativamente nuestra propuesta. Queremos más participación local, más gente de todos los niveles socioeconómicos, más artistas locales... Eso es lo que queremos para el Hay Festival en Jericó, que eche raíces profundas para llegar al alma de la región y el municipio”, agregó.
Esto es algo que ya se ha visto en la comunidad, que cada vez más se involucra con el evento e incluso fuera de él continúa fortaleciendo procesos de lectura y debate. “Tuve la oportunidad de participar en un evento en la Escuela Normal Superior de Jericó con estudiantes y profesores y me llamó mucho la atención su gran interés por la cultura, sobre todo por la lectura”, contó Mónica Acebedo, una de las autoras invitadas a esta edición del Festival.
Incluso hubo quienes pensaron que los tres días de eventos no fueron suficientes y decidieron empezar “Más festival”. De manera extraoficial, organizaron otros talleres y espacios de conversación para que la programación para los turistas no acabara a medio día del domingo, sino bien entrada la noche. Este tipo de iniciativas demuestran cómo el pueblo ha querido apropiarse del festival y hacer de él una parte insoslayable de su calendario cultural.
Esto no solamente para hacer que sigan creciendo los números del crecimiento económico, que según un estudio realizado por el Colegio Mayor de Antioquia en 2025 podría estar rondando los COP 3.500 millones, sino porque hay una necesidad de pensar más, de generar más conversaciones. Esto es, al final del día, el propósito del Hay Festival.
“Yo creo que no somos unos espacios solamente para dar certezas, sino al revés, para conversar sobre los matices y poner en relieve lo sutil y lo complejo de la realidad; para encontrarnos cara a cara, desvirtualizarnos y despolarizarnos a través de la escucha. Yo creo que hoy, que estamos tan dominados por la división que causan las redes sociales, estos espacios para conversar y para imaginar futuros posibles son muy importantes”, concluyó Fuentes La Roche.
Esto es con lo que pudieron encontrarse todos aquellos que se aventuraron por esa carretera curveada para llegar hasta Jericó. Con una oportunidad de sentarse a escuchar, de participar, de disfrutar del arte y de pensar la vida a través de él. El Hay Festival de Jericó se consolida como mucho más que la antesala de sus homólogos en Cartagena o Medellín. Esta “Atenas” perdida en las montañas se reafirma como un referente en la región (y el mundo) para el desarrollo de eventos culturales.