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El falso artillero del galeón San José

En 1706, cuando se llamó a la primera revista a los marineros del San José en el Caribe, Juan de Alanís ya había desaparecido.

Antonio Jaramillo Arango

26 de febrero de 2026 - 09:00 p. m.
En esta pintura, se ve representada la versión original del hundimiento, con el San José envuelto en llamas debido a una explosión.
Foto: Samuel Scott, David Cordingly y otros.
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En marzo de 1706 se presentó en el puerto de Cádiz, España, Juan de Alanís para ocupar una plaza de artillero en el galeón San José. Esta nave partiría hacia Cartagena, en el Caribe, unos días después. Alanís fue descrito como un hombre oriundo del Puerto de Santa María, en la misma bahía de Cádiz, de 30 años, con ojos pardos, nariz pequeña y con hoyos en su piel. Sus funciones como artillero eran mantener operativos los cañones del galeón y, en momentos de enfrentamiento armado, dispararlos.

Alanís no llamaba la atención entre el personal de mar y guerra del San José. Casi todos eran de la región de Cádiz y la mayoría de los otros artilleros también rondaban los treinta años. Lo curioso fue que apenas llegó a Cartagena, Juan de Alanís desertó. El 19 de julio de 1706, cuando se llamó a la primera revista a los marineros del San José en el Caribe, Alanís ya había desaparecido.

Registro de enrolamiento como artillero de Juan de Alanís. Allí se indica su descripción física, edad, lugar de origen y su deserción el 19 de julio de 1706.
Foto: Archivo investigación 'Hacia el corazón del galeón San José'

Este no era un caso aislado. Para muchos europeos venir a América era un trámite engorroso y, sobre todo, costoso. Tenían que someterse a estrictos controles burocráticos, pues la corona era celosa de quién dejar pasar a sus territorios de ultramar, y tenían que comprar caros pasajes en los navíos mercantes o reales que cruzaban el Atlántico. Por ese motivo, muchos civiles, generalmente comerciantes de poca monta, se enrolaban como soldados en los galeones de la armada para ahorrarse el costo del pasaje. Al llegar a los puertos del Caribe, huían de los galeones de la armada y eran libres de recibir fletes y comerciar a sus anchas.

Este parece ser el caso de Alanís. Es dudoso que fuera artillero de profesión, e incluso que fuera vecino del Puerto de Santa María, cuyos registros notariales no dan cuenta de nadie con ese nombre en estas fechas. En cambio, en Arcos de la Frontera, a unos pocos kilómetros tierra adentro en la región de Cádiz, sí aparece un Juan de Alanís haciendo negocios unos años antes. ¿Será este Juan de Alanís, comerciante, quien se hizo pasar por marinero artillero para viajar gratis a América? La evidencia histórica sugiere que así fue.

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En ese momento, se desarrollaba en España la llamada Guerra de Sucesión, que enfrentaba a las dinastías Habsburgo y Borbón por el control del trono de la monarquía hispánica. Por el conflicto bélico, el comercio entre Cádiz y Cartagena se encontraba en una profunda crisis. La Flota de Tierra Firme, cuya nave capitana era el galeón San José, fue la primera expedición comercial que salía hacia Cartagena en casi una década.

Esta era una gran oportunidad para los mercaderes andaluces, incluso los más modestos, para poder volver a llenar sus arcas con el comercio transatlántico. Luego de desertar en Cartagena, Juan de Alanís debió recibir los fletes que enviaban sus socios y adelantar las transacciones en la feria comercial que se celebró en ese puerto con motivo de la llegada del galeón San José y su flota.

Dos años después, a inicios de 1708, se llevó a cabo la feria de Portobelo, actual Panamá, una de las más importantes del Caribe americano y que reunía a personas y bienes de América, Asia y Europa. Es muy probable que Alanís participara en esta feria, pues una vez terminada, el 23 de abril de 1708, este falso artillero se volvió a presentar a su plaza en el galeón San José que se encontraba ahora apostado en Portobelo. Su intención era, otra vez, hacer el viaje transatlántico sin pagar el pasaje. En ese momento, la armada estaba preparando su viaje de vuelta a Cádiz, y los artilleros eran muy preciados, por lo que aceptaron de nuevo a Alanís sin mayor problema.

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Detalle de la boca del cañón recolectado del Área Arqueológica Protegida del Naufragio del galeón San José.
Foto: Saulón Guerrero, Minculturas

Sin embargo, las cosas habían cambiado en el Caribe. A su llegada dos años atrás, el galeón San José se había encontrado un mar desprovisto de enemigos, y un enfrentamiento armado no se contemplaba. Era muy poco probable que los artilleros tuvieran que ejercer su labor, por lo que ocupar una de estas plazas era muy atractivo para un impostor como Alanís. Por el contrario, ahora en 1708, el Caribe se encontraba lleno de enemigos ingleses y el oficio de artillero presentaba grandes riesgos.

A Portobelo llegaban noticias de la presencia de naves artilladas en las cercanías de Cartagena, que esperaban la aparición de la Flota de Tierra Firme para atacar. La armada hispánica se preparaba para un enfrentamiento y los artilleros, los verdaderos, ya acondicionaban sus cañones para defenderse de un posible ataque inglés.

Ante ese panorama, Juan de Alanís decidió desertar de nuevo y no se presentó a la última revista antes de zarpar el 21 de mayo de 1708. El San José partió siete días después hacia Cartagena a enfrentar su destino sin el falso artillero a bordo. El galeón se hundiría el 8 de junio en una emboscada que le tendió la armada inglesa. Alanís eligió no arriesgar su vida y esperar una opción más segura para volver a su España natal.

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Por Antonio Jaramillo Arango

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