Resguardar la memoria. Esa es una de las ideas con las que se define con frecuencia el alma de la Biblioteca Nacional de Colombia, una institución que conserva y cataloga “el patrimonio bibliográfico y documental del país para ponerlo al servicio de investigadores, académicos y del público en general”, según se describe en su página web.
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Es un espacio en el que se salvaguardan documentos históricos, mapas, libros, manuscritos, fotografías y obras de arte que dan cuenta de las distintas corrientes políticas, ideológicas y de pensamiento que han atravesado el país.
“Es literalmente el lugar donde se conserva todo lo que se publica, se produce y se crea en el país”, explica a este diario una de las trabajadoras de la institución, quien pidió reservar su nombre. Por eso, afirma, lo que se conserva allí es “la memoria de lo que somos como colombianos. La biblioteca recibe el depósito legal, es decir, todas aquellas publicaciones que se producen en el país”.
Una responsabilidad de esa dimensión, añade la trabajadora, no puede quedar en manos de alguien que desconozca las particularidades de la institución y del sector. Es precisamente sobre ese punto que se ha abierto una discusión tras la llegada a la dirección de la Biblioteca Nacional de Julia Daza, quien se posesionó el pasado 1 de octubre ante la ministra de las Culturas, Paola Holguín.
Desde entonces se profundizaron los cuestionamientos alrededor de su trayectoria profesional, porque en su hoja de vida no registra experiencia directa en bibliotecas ni en gestión patrimonial.
Otra trabajadora de la Biblioteca, quien también pidió reservar su nombre, señala que Daza “no tiene idea” de lo que se necesita para dirigir la institución. “Eso se refleja en la hoja de vida, que la subieron el 18 de septiembre. Ese mismo fin de semana, empezaron las alertas frente a la legitimidad de su cargo y a la pertinencia de su formación para ejercer ese cargo tan importante. Un ciudadano presentó un derecho de petición exigiendo los aportes de una experiencia y por eso su nombramiento se dilató tanto”, afirma a este diario.
La respuesta del Ministerio, que se conoció en una publicación de un usuario anónimo hecha en redes sociales, argumenta por qué considera que Daza sí tiene los 72 meses de experiencia relacionada que se exigen para asumir el cargo.
La cartera compara las funciones certificadas de Daza en distintos cargos con las funciones de la dirección de la Biblioteca. Allí afirma que “las actividades certificadas evidencian el desarrollo de procesos sustancialmente análogos a los exigidos por el cargo” y concluye que cumple con los requisitos. Por ejemplo, en su paso por el Departamento Administrativo de la Presidencia, el Ministerio encuentra relación con las tareas de “planeación, diseño, ejecución, seguimiento y desarrollo de políticas, planes y programas institucionales”. Sobre su trabajo en la Sociedad Puerto Industrial Aguadulce, donde creó y lideró el área de comunicaciones, señala que la afinidad está en la “planeación, diseño e implementación de estrategias de comunicación, divulgación y desarrollo de programas dirigidos a diferentes públicos”.
Para la trabajadora de la Biblioteca Nacional, esos argumentos intentan hacer encajar como experiencia relacionada labores que no corresponden directamente con las particularidades de una biblioteca nacional. Esa falta de conocimiento, dice, también se hizo evidente en el discurso de posesión de Daza.
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“Su discurso estuvo lleno de imprecisiones y generalidades frente a la misión de la biblioteca. Una de las cosas que tal vez es más problemática, y lo dijo con rapidez, es que ahora se va a encargar de curar contenidos y materiales”. Esa afirmación —agrega—desconoce la dimensión patrimonial de la institución: “la Biblioteca Nacional tiene tres misiones particulares. La primera y tal vez la más importante es la misión patrimonial. La institución conserva un patrimonio bibliográfico y documental de todo el país. Desde hace 100 años hemos comprendido qué significa que tengamos esos materiales y que los preservemos como se necesita. Eso es la memoria de Colombia”.
La segunda trabajadora entrevistada pone el énfasis en lo que implicaría esa idea de curaduría frente al conjunto de materiales que conserva la Biblioteca. “Es superpreocupante, por ejemplo, que una persona llegue diciendo que va a hacer curaduría de los contenidos de la biblioteca cuando no hay manera de hacer curaduría porque es que lo que en la Biblioteca Nacional está todo, lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Independientemente de nuestras creencias políticas, religiosas e ideológicas”.
Es un punto en el que coincide el escritor Sinar Alvarado, quien también cuestiona el perfil de Daza para estar al frente de la institución. “No es solo una biblioteca. Esa institución resguarda la memoria bibliográfica y documental de la Nación. Hablamos del patrimonio cultural del país. Allí debería estar alguien con mucha experiencia. Y sobre todo, alguien con un criterio muy amplio, curioso y tolerante. Una persona capaz de mirar más allá de su cargo, su jefe o su ideología. El país es diverso”.
Alvarado también señala que, según conoció, se pidió cancelar todas las contrataciones de la Biblioteca. Él mismo tenía prevista una presentación de La Raya, su monólogo sobre migración, durante la celebración de Relata, un evento anual de la institución.
Su caso, dice, no sería el único. También menciona el de un historiador que iba a dictar un taller y cuya actividad, según afirma, se canceló. “Son síntomas de una política cultural más política que cultural. Sin evaluación ni consulta se eliminan procesos en marcha. Por motivos ideológicos se descabeza una gestión que debería ser continua. La Biblioteca Nacional de Colombia es una institución del Estado, no un activo del gobierno de turno”.
La Red de Bibliotecas Públicas
La misión patrimonial es apenas una de las dimensiones que debería conocer quien esté al frente de la Biblioteca, señalan las fuentes. También está la relación con la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, que extiende el trabajo de la institución mucho más allá de su sede en Bogotá. “La Red funciona a partir de una estructura de nodos departamentales y municipales, que coordinan las bibliotecas a nivel local”, se lee en la página de la Biblioteca Nacional.
Durante su discurso de posesión, Daza afirmó que “comienza una nueva etapa para la Biblioteca Nacional, una etapa de preservación, modernización, de tecnología y libros, de memoria y futuro y de descentralización, cooperación internacional, presencia regional e internacionalización”.
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De acuerdo con las trabajadoras, esas afirmaciones desconocen justamente las 1.569 bibliotecas que hace parte de la Red Nacional. “La biblioteca ya está descentralizada por medio de las bibliotecas públicas que están en todos los municipios de Colombia y, por supuesto, hablar de descentralizar e ignorar las leyes de la capital y al mismo tiempo ignorar la ley de la biblioteca pública”, afirma una de las trabajadoras.
Esa ley —la 1379 de 2010— establece que corresponde a la Biblioteca Nacional, como parte del Ministerio de Cultura, “definir la política de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, regular su funcionamiento y establecer los instrumentos para su desarrollo integral y sostenible”. La norma también señala que se aplica a las instituciones, entidades, procesos y recursos relativos a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas coordinada por el Ministerio de Cultura-Biblioteca Nacional de Colombia.
Una especialista en lectura y bibliotecas, con trayectoria en el sector bibliotecario y quien pidió no ser identificada, explica que esa responsabilidad requiere una formación amplia en cultura escrita. No se trata únicamente del manejo de las bibliotecas y de sus funciones básicas, como prestar, catalogar y clasificar libros. “Esas bibliotecas son espacios coordinados, impulsados por la Biblioteca Nacional. Eso quiere decir que la persona que está a cargo de la Biblioteca Nacional tiene que ser una persona que tenga muchos conocimientos, conocimientos profesionales, una formación en los temas relacionados con la cultura escrita, que son muchos”, afirma.
Para ella, esa formación no significa necesariamente que quien ocupe el cargo tenga que ser bibliotecólogo. Lo importante es que conozca el conjunto de responsabilidades que implica orientar la Red y que pueda trabajar sobre objetivos que van más allá del funcionamiento cotidiano de las bibliotecas.
La relación con el sector del libro
La tercera dimensión que preocupa a las trabajadoras está relacionada con el fomento del libro y el sector editorial. Desde 2023, el Grupo del Libro, la Lectura y la Literatura hace parte de la Biblioteca Nacional, después de haber estado en la Dirección de Artes del Ministerio de las Culturas. El grupo tiene relación con asuntos como las ferias del libro, las librerías, las editoriales y la Secretaría Técnica del Consejo Nacional del Libro.
Ese componente —dice una de las trabajadoras— también exige un conocimiento específico del sector. En ese contexto, pone como ejemplo la gestión de Adriana Martínez, exdirectora de la Biblioteca, a quien atribuye una relación estrecha con distintos actores de la cadena del libro y con las políticas públicas de lectura y bibliotecas.
“Es una persona que se ocupó de forjar relaciones con todos los agentes del ecosistema y con todos los agentes que cuidamos en la biblioteca. También se ocupó de pensar en los bibliotecarios, en los usuarios de las bibliotecas, en los lectores, en los libreros, en los editores. Tenía una gestión sensible. Era una persona que comprendía la importancia de los libros. Era capaz de entender lo que implica su producción, su creación, su circulación y el impacto que pueden tener”, afirma.
La hoja de vida de Martínez reseña experiencia en el sector. Por ejemplo, fue gerente de Literatura del Instituto Distrital de las Artes (Idartes), además de haber dirigido la Feria Internacional del Libro de Bogotá. “Estaba totalmente inmersa en el sector. No era especialista en bibliotecas, pero sí tenía todas las credenciales en el trabajo con libro, con lectura y con políticas”, dice una de las trabajadoras.
Según explica, es la primera vez que la dirección de la Biblioteca la asume alguien sin experiencia relacionada a lo que requiere la Biblioteca Nacional. Su argumento es que, aunque los perfiles de otras directoras como Diana Restrepo y Consuelo Gaitán hayan sido distintos, existía una relación previa con alguno de los campos centrales de la institución.
La especialista en lectura y bibliotecas insiste en que la dirección de la Biblioteca Nacional requiere una mirada que supere lo técnico y permita orientar y coordinar procesos relacionados con el libro y la lectura: “Es un trabajo que orienta, coordina, va, mira, digamos, metas que superan el manejo técnico de las bibliotecas. Y eso tendría que estar a cargo de la dirección de la Biblioteca Nacional. O sea, la Biblioteca Nacional tiene que estar en manos de una persona que conozca muy bien todo ese ambiente y las funciones que están relacionadas con los libros, con la lectura, y eso incluso es una formación que va incluso a lo posprofesional”.
Para las trabajadoras, la discusión no tiene que ver con aprender a manejar un cargo. El problema, dicen, es el tiempo y la complejidad de las responsabilidades que debe asumir. “No hay espacio para que entonces se tome un tiempo para aprender cómo es que funciona el sector. El sector es muy complejo, el sector es muy grande. Es, además, un sector que está en crisis”.
El Espectador contactó al Ministerio de Culturas para obtener declaraciones de Julia Daza. Sin embargo, desde esa cartera se indicó que “hasta el momento no hay autorización de Presidencia para entrevistas”.
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