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La exposición que recupera las voces de las madres de falsos positivos


La muestra es el resultado de tres años de trabajo de cocreación entre las madres de Soacha, artistas e investigadores, y anticipa el parque memorial 6402+ Razones para no olvidar, que esperan abrir en 2027 en medio de la incertidumbre política por el cambio de gobierno.

Natalia Ortega

31 de julio de 2026 - 07:19 a. m.
La exposición estará abierta hasta el próximo 5 de agosto.
Foto: Cortesía MAFAPO
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A una la rodean ocho flores; a otro lo enmarca una canoa de pesca a sus espaldas, como si no pudiera contarse su historia sin ella; a un tercero lo abraza el salmo 23 de la Biblia, verso por verso, en letra pequeña y apretada. Son los retratos en madera de Enerida Grimaldo, Yerson Ceballos y Didier Durán que forman parte de las catorce xilografías que abren la exposición “6402+ Razones para no olvidar”, pensada como un refugio para la memoria de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales de Colombia.


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Cada uno lleva un pedazo de lo que fue esa persona, lo que le gustaba, lo que soñaba, el lugar donde vivía, la edad que tenía cuando la desaparecieron y la asesinaron. Es un relato grabado a mano, con la madera que cedió ante el filo de gubias y buriles que abrieron surcos, uno detrás de otro, hasta formar rostros. En el centro de ese altar —como lo llaman— hay un mensaje que parece resumir la intención de toda la muestra artística: “Esperamos que no nos olviden”.


Las Madres de Falsos Positivos de Colombia (Mafapo) escogieron este conjunto de retratos para marcar el inicio del recorrido de la exposición, que fue inaugurada el 26 de julio en la antigua Estación de la Sabana de Bogotá y estará abierta hasta el 5 de agosto. El proyecto es desarrollado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes junto con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y el colectivo Mafapo.

Cuando Blanca Nubia Monroy, una de las mujeres que hace parte del proyecto, se para frente al altar, señala la imagen de su hijo Julián Oviedo Monroy y enseguida se lleva las manos al pecho, una encima de la otra, como si ahí, en ese instante, recordara que lo tiene guardado en el alma. En el retrato hay una frase en mayúsculas que ella pidió que se grabara: “MI AMOR, SIEMPRE VIVIRÁS EN MI CORAZÓN”. Cuenta que escogió esas palabras porque Julián la acompaña día y noche. “Siempre”, enfatiza. Dice que era un muchacho especial. También recuerda que le había prometido ayudarle a pagar la casa, pero no le alcanzó la vida para hacerlo.

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El equipo del Ministerio explica que ese mismo proceso de cocreación se vivió con cada una de las madres. “En el caso de los retratos, ellas mismas iban diciendo cuáles eran los elementos que querían que aparecieran en cada uno, porque de lo que querían hablar era de la persona: qué le gustaba, qué pensaba del futuro, qué intereses tenía. Por eso cada uno tiene sus particularidades. Hay todo un asunto con la madera, con la huella, con lo vivo, con dejar una marca, y por eso se decidió trabajar con xilografía, que es algo que ellas ya habían trabajado”, comentan desde esa cartera.


De ahí en adelante, el recorrido —que dura cerca de una hora— empieza a narrar otros momentos del drama: el laberinto de buscar a un ser querido, el papel de los medios de comunicación en narrar esa forma de victimización, las modalidades de desaparición documentadas por la JEP, el giro que dio la búsqueda con la firma del Acuerdo de Paz de 2016, y los símbolos como las botas y las telas intervenidas que se han vuelto un emblema para Mafapo.


“Toda esa idea fue conceptualizada por ellas, también cómo se hace el recorrido. Es un poco largo: va de la oscuridad a la luz, porque ellas sienten que también han empezado a encontrar un poco de esperanza en el proceso de verdad judicial, que les ha permitido saber qué fue lo que pasó y, en algunos casos, encontrar los cuerpos de sus hijos”, afirma Alejandra Sarria, líder del grupo de Artes Plásticas y Visuales del Ministerio de las Culturas.


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La creación colectiva, sumada a la investigación que sostiene la muestra, tomó tres años de trabajo continuo en la Estación de la Sabana. “Las decisiones del diseño del memorial, del parque y de los contenidos las trabajamos con ellas en sesiones presenciales junto a los equipos artísticos e investigativos”, explica Ana María Montenegro, coordinadora metodológica del proyecto. Fue un trabajo documental que se alimentó de expedientes de la JEP, informes de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, el Centro Nacional de Memoria Histórica y archivos de prensa.


La exposición es una primera muestra de un proyecto más amplio. Desde 2023, Minculturas ha trabajado con las madres en el diseño del Parque Memorial 6402+ Razones para no olvidar. La construcción de ese espacio apenas inicia y, según se tiene previsto, debería estar terminada en el primer semestre de 2027.

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El vientre de las madres y el arte como psicólogo

La maqueta del memorial está exhibida en la Estación de la Sabana, dentro de una caja. Justo detrás de ella se observa una pintura del colectivo El Andamio (2021) que reúne los símbolos de Mafapo: madres con fotos de sus hijos, el cartel con la pregunta “¿Quién dio la orden?” y una mujer vendada, que representa la justicia, sobre un lecho de cráneos y huesos.

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Delante de ese lienzo, la maqueta parece, en un primer vistazo, una especie de montaña partida por dos rampas, pero es, en realidad, un vientre con dos piernas. “Tiene todo que ver con el hecho de ser madres que perdieron a sus hijos o que sus hijos fueron asesinados”, explica Sarria.

Monroy cuenta que el concepto del diseño arquitectónico –que luego concretó Yamail Arquitectura– nació en unos talleres de 2023, cuando cada madre iba poniendo una idea sobre la mesa. “La señora Gloria hizo un vientre. La señora Ana hizo dos piernas. Y así nació la idea. Ellos se llevaron esas ideas y, con ellas, hicieron la primera maqueta que está en el centro de memoria. Luego volvimos a reunirnos y seguimos poniendo ideas. Ellos nos iban aceptando todas las locuras que nosotras queríamos, y quedó una maqueta hermosa. Esta maravilla. Quedó esta cosa espectacular”.

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Dentro del espacio que representa el vientre se alojarán placas de las víctimas, cuenta Sarria. La expectativa, precisa, es que sean 7.837, la cifra más reciente registrada por la JEP sobre víctimas de falsos positivos. En el techo habrá una abertura por donde va a entrar la luz, y de ahí saldrá un árbol. “Es un poco esa esperanza de encontrar justicia, reparación y garantías de no repetición”, añade la funcionaria.

Según cuenta la investigadora Montenegro, desde el inicio, las madres pidieron que aquello fuera un espacio para acoger a muchas personas, “más con un carácter de parque que de monumento, como se entiende clásicamente”. También insistieron en que el memorial debía tener un espacio para el arte, tan fundamental en su proceso de reparación y sanación. Por eso imaginaron un lugar donde cohabitaran las obras hechas por ellas, las de otros artistas que las han apoyado y una investigación que contara a profundidad lo ocurrido.

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Cuando abra, el Parque Memorial 6402+ Razones para no olvidar, que tendrá tendrá un área de 295 m², será un espacio público y de entrada libre, con aulas para costura y tejido, una cocina colectiva y un auditorio abierto también a otras organizaciones de víctimas. Según el Ministerio de las Culturas, la obra ya tiene contrato adjudicado.

Esa proyección convive, sin embargo, con las dudas que han surgido alrededor del futuro de las políticas de paz tras la llegada al poder de Abelardo de la Espriella el próximo 7 de agosto, y con un Ministerio de las Culturas que encabezará Paola Holguín, cuya mirada apunta a concentrarse en la industria cultural.

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“Sin duda, es un momento de tensión para un tema como este. Esto hace parte de un proceso también trabajado de justicia restaurativa con la JEP. Hay unos autos y unas órdenes judiciales relacionadas con la participación de comparecientes en la construcción de este espacio. Eso implica que tenemos unas obligaciones, no solamente con las víctimas, sino también judiciales como institución, que yo espero que se cumplan, porque finalmente esto no es un asunto de un gobierno o de otro, es un asunto de cumplimiento a la memoria de un hecho que ya además está reconocido no solo socialmente, sino incluso por muchos de los comparecientes”, dice Sarria.

En medio de esa incertidumbre política, Monroy dice que es urgente recordar la importancia del arte para las mujeres de Mafapo. “Hoy en día pintamos, cosemos, bordamos y tejemos. Esa es la parte psicológica que nosotras tenemos. No quisimos tener psicólogos. La psicología, para nosotras, es el arte”.

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Por Natalia Ortega

Periodista de la Universidad Javeriana. Interesada en temas de género, paz y memoria.@ortegarnatalianortega@elespectador.com
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