Ese lunes el museo despertaba cerrado. Adentro estaban dos personas: Érika Gaspar, del equipo de servicios generales, en el sótano, y don Omar Bermúdez, vigilante del museo. De pronto, la tierra comenzó a temblar y a zarandear las paredes del edificio. Érika escuchaba cómo el piso rugía y cómo, ladrillo a ladrillo, la estructura se venía abajo sobre ella, protegida por el sótano. Afuera, el barrio se dobló sobre sí mismo y se deshizo. Casas y edificios cayeron y dejaron personas sepultadas bajo sus escombros.
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El museo está ubicado junto a una de las avenidas más transitadas de la ciudad, que se levanta sobre un complejo entramado tectónico denominado Sistema de Fallas Romeral, con estructuras locales como las fallas de Santa Rosa, Río Otún y Silvia-Pijao, así que los resultados del sismo han sido devastadores.
En Pereira se destruyeron cerca de 11.600 viviendas y colapsaron alrededor de 66 edificaciones.
Por su parte, la construcción del museo, compuesta por tres cuerpos —el teatro, el edificio central con las salas de exposición y oficinas, y el ala occidental, donde funcionan la pinacoteca, la biblioteca y la cafetería—, salvó la estructura del teatro y del cuerpo central, aunque de ambos solo quedaron en pie columnas y vigas. En el ala occidental, la más golpeada por el hundimiento del terreno, continúa atrapada la colección permanente del museo.
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Cuando el temblor cesó, Érika salió del sótano y se topó con una nube de polvo que apenas dejaba ver lo que quedaba de la sala principal. “La sorpresa fue terrible”, recuerda Alejandro Garcés, curador del museo, sobre las primeras horas después del terremoto. A pocas cuadras de ahí, en el barrio donde vive don Omar, el vigilante del museo, ya se había reducido. Su propia vivienda, sin embargo, quedó en pie. Esa misma mañana, cuando un rumor de avalancha corrió por el sector y la gente que vivía hacia la avenida del río salió a correr sin saber hacia dónde ni qué hacer, don Omar abrió su casa y la convirtió en refugio para los vecinos en medio de la incertidumbre.
Esa misma escena solidaria se repitió con Lázaro López, el montajista del museo, que primero puso a salvo a su familia en un pabellón de guadua construido frente al edificio, que durante años había servido como resguardo de una zona verde apropiada por la comunidad. Pero una vez superado el primer miedo, Lázaro volvió solo, entró al museo y junto con Érika empezaron a sacar obras de entre los escombros de la sala principal. Entre los dos rescataron 36 piezas: las 30 de pequeño formato que había en exhibición y cinco de las ocho de gran formato.
“Son nuestras personas especiales a quienes hay que agradecerles que el museo funcione”, dice Alejandro. Los cuadros fueron empacados el jueves. “Ayer se despacharon para Bogotá”, cuenta.
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En todo el país, la respuesta ciudadana ha sido contundente. Brigadas de voluntarios, colectas espontáneas, redes de albergue improvisadas y caravanas de ayuda humanitaria han llegado a Pereira, Cali, Quindío y Chocó desde los primeros días, muchas veces antes que cualquier entidad oficial.
La Secretaría de Cultura de Pereira tampoco ha podido responder, pues su propia sede, el Centro Cultural Lucy Tejada, quedó con daños estructurales por el sismo. A pocas cuadras del museo, el Teatro Santiago Londoño Londoño, el más emblemático de la ciudad, sufrió pérdida total y también deberá ser demolido, como informó ArteInformado.
Del Ministerio de Cultura sí hubo un primer gesto. A través del programa de fortalecimiento de museos, gestionado junto al Museo Nacional, la entidad ayudó a que el edificio fuera visitado por la gestión del riesgo desde los primeros días después del sismo. Pero ese canal se cortó cuando su coordinador, Luis Carlos Manjarrez, fue notificado de que debía entregar el cargo. “Hasta ahí llegó nuestra cercanía”, dice Alejandro, “y no sé cuánto tarde el nuevo coordinador en posicionarse y volver a entrar en contacto con nosotros”.
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Mientras tanto, la ayuda ha llegado, aunque todavía sin forma definida, de otros museos del país. El Banco de la República ha ofrecido parte de su bodega en Manizales para resguardar la colección; el Museo de Antioquia, el MAMBO y el Museo La Tertulia se han comunicado para poner a disposición lo que necesiten. “Apenas esta semana vamos a aterrizar un poco y entender cómo vamos a accionarlo, a quién pedirle la colaboración”, dice Alejandro.
Entre lo que no se pudo salvar están tres obras de las exposiciones temporales. La más grave es “Cauca”, tríptico al óleo de cinco por dos metros del artista belga Niels Verbakken, quien pintó la pieza sobre una canoa arenera en el río Cauca, en La Virginia. “Eran preciosas”, dice Alejandro, “y esa quedó sepultada completamente”. También se perdieron dos piezas del artista amazónico Imemá White, elaboradas con mambe y rapé, una de ellas un homenaje al recientemente fallecido Abel Rodríguez, cuando el muro del tercer piso donde estaban expuestas cayó sobre el primero. “Esas estaban puestas en la exposición del tercer piso”, cuenta Alejandro, “y ese fue el muro que cedió. Cayó al primer piso y sepultó la obra.” Aun así, prefiere no detenerse en la pérdida: “Todo alrededor del museo se cayó, las casas, los edificios, los conjuntos”, dice. “Preferimos que eso tenga la atención”. Primero, insiste, estaban las vidas.
Lo que está en juego, más allá de los cuadros, es lo que el museo ha significado para Pereira durante sus 30 años. “Además de la comunidad en general, los estudiantes, artistas locales y regionales han tenido acceso a este lugar”, explica Alejandro, quien describe la labor del museo como una “alfabetización visual” que formó a generaciones enteras. “Siempre hemos considerado que los museos son espacios de encuentro”, dice, “y es donde se mantiene viva y en diálogo la comunidad”. Esa vocación se hizo evidente durante la pandemia y el estallido social de 2021, cuando el museo abrió sus puertas mientras los parques públicos permanecían cerrados. “Todo lo que sucedía en los parques públicos sucedía dentro del museo”, recuerda. “La gente cuidaba el museo, que se abrió para eso”.
Ese lugar de encuentro es hoy un terreno en disputa entre lo que se perdió y lo que insiste en seguir de pie. “Yo sí estoy seguro de que el museo va a ser reconstruido”, concluye Alejandro. No sabe todavía cuánto tardará ni con qué apoyo contará. Lo que sí hay, por ahora, son algunas obras a salvo y una junta directiva que esta semana empezará a decidir los próximos pasos.
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