
“El abandono de Dios en que se encuentra el mundo se manifiesta en la inadecuación del alma y obra, interioridad y aventura; en la falta de coordinación trascendental para los esfuerzos humanos. Esa inadecuación tiene, dicho groseramente, dos tipos: el alma puede ser más estrecha o más ancha que el mundo externo que se le da como escenario y sustrato de sus acciones” (Teoría de la novela de György Lukács).
Empezamos en esta sección de La novela y el mundo con otra categoría que hemos denominado “La esfera de lo privado”. En esta serie presentaré reflexiones sobre algunas novelas que muestran temas universales representados constantemente en la literatura: la familia como eje de la sociedad, el amor, el matrimonio, la maternidad, la paternidad, la infancia y la amistad. Nuestra vida privada está determinada por la vida en sociedad y por las construcciones culturales que un determinado grupo nos impone. En esa medida, la novela encuentra en la esfera de lo privado las semillas de la expresión artística por las expectativas, inconformidades o angustias de los individuos al pertenecer a un grupo social que espera un comportamiento determinado. George Eliot (1819-1880), escritora inglesa del siglo XIX, afirmó: “el arte es lo más cercano a la vida; es una forma de ampliar la experiencia y de extender nuestro contacto con nuestros semejantes, más allá de los límites de nuestro destino personal” (Traducción libre, de la cita de James Wood en How Fiction Works). En efecto, es a través de la literatura, y sobre todo de la novela, es que encontramos humanidad, sentimientos, angustias, incertidumbres, certezas usualmente determinadas por un concepto social o cultural prestablecido.
Le sugerimos: La biblioteca que los kankuamos esperan para remendar un hilo roto por la violencia
Estas temáticas son recurrentes en la novela como género moderno en términos del filósofo y crítico literario húngaro György Lukács (1885-1971) que en su gran obra “Teoría de la novela” (1916), explica el nacimiento de la novela en la Modernidad en que las personas están en constante crisis con la sociedad que los rodea. Manifiesta que, a diferencia de la epopeya, en la épica antigua los héroes y su comunidad forman un todo, mientras que nosotros hacemos parte de un mundo fragmentado y problemático, y es por eso que nace la novela, para intentar buscar sentido a la existencia. Es decir, los individuos del mundo moderno están en tensión constante entre su propia individualidad y su mundo social: “La epopeya configura una totalidad vital por sí misma conclusa; la novela intenta descubrir y construir configuradoramente la oculta totalidad de la vida”.
Ahora bien, para entender el alcance de la esfera privada resulta útil acudir a Jürgen Habermas (1929-2026) en “Historia y crítica de la opinión pública” (1962), que concluye que la intimidad está estrechamente condicionada por las construcciones sociales. En ese sentido, parecería que lo privado nunca es enteramente privado, sino que depende de las expectativas del colectivo y lo que la sociedad considera como válido. Es justamente de esa tensión de la que se valen la literatura en general y la novela en particular para dibujar lo que podríamos llamar “la esfera de lo privado”.
Ejemplos de novelas que reflejen el mundo privado a partir de las expectativas colectivas hay muchos, sobre todo a partir del siglo XIX. Una novela como “Casa desolada” (1853) de Charles Dickens (1812-1870) da cuenta de una familia rota y ocultada por las instituciones sociales y jurídicas; en “Effi Briest” (1895) de Theodore Fontane (1819-1898), el matrimonio no es la voluntad de dos personas, sino el producto de las diferencias entre las clases sociales y los presupuestos del honor de la sociedad prusiana; “El gran Meaulnes” (1913) de Alain Founier (1886-1914) tiene como núcleo afectivo a búsqueda de un amor perdido desde una perspectiva de la infancia; en “La Montaña mágica” (1924) de Thomas Mann (1875-1955), la amistad y el amor funcionan como herramientas de la dimensión intelectual, política y filosófica que le da el protagonista a su estancia en un sanatorio; en “Nada” (1944) de Carmen Laforet (1921-2004) las relaciones entre las mujeres de una familia sirven para explorar los roles sociales impuestos a las mujeres de la España de la posguerra; en “El conformista” (1951) de Alberto Moravia (1907-1990) los deseos y las relaciones amorosas del protagonista entran en conflicto con una sociedad que se acomoda al régimen fascista; “El quinto hijo” (1988) de Doris Lessing (1919-2013) es una novela que dibuja el ideal de familia feliz, pero el nacimiento de uno de los hijos, diferente en varios sentidos a los anteriores, hace que sus expectativas e ideales se fracturen.
En este sentido, la pregunta que surge a partir de la mirada crítica de Habermas y sobre la que intentamos reflexionar desde algunos ejemplos en esta nueva propuesta de la novela y el mundo es: ¿no existe una verdadera esfera de lo privado porque la vida íntima está supeditada siempre a lo que un determinado grupo social espera de nosotros?
Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖