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Según el informe Re|pensar las políticas para la creatividad, emitido por la UNESCO el pasado 18 de febrero, el sector creativo —que incluye la música, el audiovisual, los espectáculos y las artes escénicas— enfrenta una amenaza económica creciente asociada a la transformación digital y a la inteligencia artificial. Este estudio alerta que, de mantenerse las tendencias actuales, los creadores podrían perder hasta un 24 % de sus ingresos para 2028. Muestra que resulta importante y urgente impulsar una agenda pública nacional que planifique y fortalezca el apoyo al sector creativo del país.
Hoy por hoy, este sector creativo nacional ya la tiene difícil. Es que no es lo mismo traer un talento reconocido internacionalmente, que por demás es tendencia en las redes, que lograr que un grupo de colombianos con múltiples cuentas por pagar cree un espectáculo capaz de cubrir todo tipo de presupuestos, sin mayor seguridad financiera y laboral.
Hace unos días confirmé cómo la creatividad en escena va mucho más allá del entretenimiento. También dota de herramientas críticas y emocionales que inevitablemente invitan a repensarnos. Fue La Real Academia de las Buenas Maneras, con la dirección artística de Catalina Del Castillo, una obra cómica en la que tres damas de alta alcurnia intentan rescatar el “buen comportamiento de la mujer moderna”.
Con una actuación impecable y una puesta en escena envolvente —de esas que dificultan parpadear—, la obra demuestra que es posible reír y contener el aliento ante un humor inteligente y crítico frente a una sociedad que cree tener narrativas para todo, pero termina sometiéndose a cada tendencia que le promete una nueva necesidad.
La temporada de esta obra se realizó en una sala pequeña para cerca de 50 personas. Para lograrlo, estas creadoras hicieron lo que tantas veces sostiene al teatro: creyeron en ellas mismas, recurrieron a conocidos y amigos, organizaron una “vaca” y vendieron un pequeño folleto con un juego de letras que, a cambio de entregar material didáctico y análogo, algo que (en un mundo poco acostumbrado a escarbar en nosotros mismos) nos obligaba a detenernos y pensar.
¿Existe apoyo en nuestra regulación para estos creadores? ¿Funciona?
La boletería para este tipo de espectáculos no está sujeta a IVA, gracias a la exclusión que introdujo la Ley del Espectáculo Público (Ley 1493 de 2011). Además, el espacio cultural donde se desarrolló la obra ha logrado sostenerse —tras algunas batallas financieras— por el arduo trabajo de sus líderes y por la contribución parafiscal de los espectáculos públicos, que tiene como destinación específica promover la infraestructura de las artes escénicas.
Este tributo parafiscal se genera principalmente a partir de la realización de espectáculos de gran formato, que no solo generan empleo y desarrollo económico, sino que también a través de esta contribución dan soporte e impulso a los escenarios y a la circulación de los espectáculos más pequeños.
También podrían haber echado mano de otro beneficio fiscal: el que otorga la Corporación Colombia Crea Talento (CoCrea), quizá hoy uno de los instrumentos con mayor impacto para financiar proyectos culturales, pues puede cubrir hasta el 57,8 % de la inversión de un proyecto mediante una deducción en el impuesto de la renta. Este incentivo fue un logro de la llamada Economía Naranja, que se creó a través del artículo 180 de la Ley 1955 de 2019, y luego fue modificado por la Ley 2277 de 2022.
Sin embargo, para este año el Consejo Superior de Política Fiscal (CONFIS) se tomó más tiempo para aprobar el cupo fiscal necesario para que CoCrea abra su convocatoria. De hecho, varios artistas y creadores ya han manifestado su preocupación por la posible desaparición o el debilitamiento de este incentivo.
Lo cierto es que, según se comenta de manera no oficial, el cupo ya se aprobó, aunque por ahora no se conoce el monto. Esto deja a CoCrea con poco tiempo para abrir la convocatoria, que podrá ser —o no— el sustento de miles de creadores y empresas de todos los tamaños, ya ya que el Decreto Único Reglamentario del Sector Cultura dispone que esta debe realizarse “en los primeros cuatro (4) meses del año calendario”.
Pareciera que no es momento de dejar a la deriva estos apoyos para la cultura y sus creadores. No se puede pasar por alto que los artistas y creadores deben conocer y contar oportunamente con estas herramientas para su sostenibilidad. La planeación permite que puedan usar y aprovechar realmente estos beneficios. Preparar una postulación toma tiempo: quienes estén interesados deben estructurar un proyecto, su presupuesto, cronograma, impacto y, en general, toda una organización previa.
No es momento de bajar la guardia; por el contrario, es momento de redoblar esfuerzos por la cultura. Las recomendaciones de la UNESCO y el llamado de los creadores son claros: fortalecer el sector creativo es una condición para enfrentar el gran desafío de la inteligencia artificial.
Las artes escénicas no solo entretienen: son el sustento de millones de colombianos y nos permiten conectar con nuestra capacidad de ir más allá e imaginar un mundo donde coexisten la multiplicidad y la diferencia. Y eso, justamente, es lo que está en juego.
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