20 Nov 2021 - 5:52 p. m.

Adiós a Alberto Mendoza Morales, el intelectual de la Anatomía del País

A los 95 años, falleció Alberto Mendoza Morales, un ilustre arquitecto tolimense que dedicó su vida a pensar en Colombia. Su paso por El Espectador dejó huella en los años 70 y 80. (1926- 2021)
Alberto Mendoza Morales fue Presidente de la Sociedad Geográfica de Colombia desde 1994, hasta el 2012.
Alberto Mendoza Morales fue Presidente de la Sociedad Geográfica de Colombia desde 1994, hasta el 2012.
Foto: Archivo Particular

Corría el mes de agosto de 1974, cuando El Espectador emprendió una serie que le contó a Colombia cuál era su personalidad geográfica. El autor resultó ser el arquitecto tolimense Alberto Mendoza Morales, que, con una acreditada trayectoria de planificador económico y social, emprendía una empresa periodística de gran aliento llamada “Anatomía de un país”. Durante siete años, la voz de Mendoza Morales dio identidad a muchas regiones, y su obra hizo historia cuando se necesitaba identificar el ADN de una nación desconocida.

Después de “Anatomía de un país”, llegó “Anatomía de las regiones”, “Anatomía de Bogotá”, “Así creció Colombia”, un compendio secuencial de información sobre la nación, su devenir histórico, sus secretos territoriales, la etnografía de su gente, un legado periodístico que los lectores de esos tiempos coleccionaban hasta empastar. El aporte de Mendoza Morales tuvo tanto éxito que no sólo crecieron las ventas cuando se hacían ediciones diferenciadas para las regiones, sino que “Anatomía de un país” recibió el premio Simón Bolívar y el Internacional Sip-Mergenthaler. Le invitamos a leer: Política y teatro, los papeles de Alí Humar

Estas memorias de hace cuatro décadas regresan al presente de El Espectador, porque llega la noticia del fallecimiento de este ilustre intelectual, que no sólo le dio prestigio al diario y lo acreditó en las regiones, escuchando a la gente con su metodología participante que se hizo foros y publicaciones, sino que tuvo una larga vida dedicada al ejercicio de estudiar a Colombia. No caben en un breve escrito para recordarlo, todas las acciones que desplegó como educador, investigador, asesor, escritor o gestor de la Sociedad Geográfica.

Nacido en Ibagué en enero de 1926, en una familia de ocho hermanos, Alberto Mendoza Morales creció recibiendo las instrucciones de la comunidad salesiana y el colegio San Simón, hasta que su familia lo envió a Bogotá a concluir su bachillerato en el colegio mayor San Bartolomé. Después fue a Chile, de donde regresó graduado como arquitecto en 1951. Desde ese momento, a partir de una especialización en planeación y vivienda que adelantó con la OEA, tomó una ruta de formación permanente en asuntos de planeación regional y urbana.

Son incontables las misiones, asesorías o capacitaciones en esta materia. Durante casi una década desplegó su conocimiento en Venezuela, Nicaragua y, por supuesto, en Colombia. En ese trasegar por el mundo del conocimiento, tomó contacto con múltiples zonas del país, con las que empezó un diálogo cooperativo, como él lo denominaba, para conocer las entrañas de una nación diversa y también urgida de conexiones con la modernidad. Esa dinámica lo puso en contacto con grandes líderes del país, al punto de que fue asesor de Carlos Lleras Restrepo o consultor de Belisario Betancur, entre otras relaciones.

Además: “El Tiempo es cada vez peor” (Entrevista a Antonio Caballero)

Con esa avidez de saber, la vida lo llevó a selectos círculos académicos, en algunos de los cuales fue impulsor. Fue presidente de la Sociedad Colombiana de Planificación; durante 18 años ofició como presidente de la Academia de Ciencias Geográficas; perteneció a la Sociedad Bolivariana de Colombia y a la Academia de Historia Militar. Su voz autorizada marcó una época del país, sin que la mayoría supiera que también Mendoza Morales fue un hombre docto en temas universitarios en otras latitudes, con importantes aportes para el desarrollo educativo de América.

Alberto Mendoza Morales fue un hombre que vivió para estudiar y para compartir todo lo que trasegó en su mente de intelectual promisorio. El Espectador lo recuerda con especial referencia, porque sus series en la segunda mitad de los años 70 lo conectaron con la Colombia profunda, al punto de que sus escritos fueron utilizados masivamente en escuelas y universidades como textos de consulta para los estudiantes. Sus mapas y resúmenes ayudaron a entender a nuestra biodiversa nación de raíces indígenas, migrantes o afrodescendientes.

Sus precisiones sobre cooperativismo, electrificación, vivienda o puertos; al igual que su destreza narrativa para contar la historia desde los tiempos precolombinos hasta las guerras del presente, dejan un patrimonio invaluable que de las páginas del periódico pasó a volverse libros que siempre pueden consultarse. En síntesis, nos deja un tolimense memorable que vivió para Colombia y que le otorgó un inventario de posibilidades para extender su riqueza natural y el emprendimiento de su gente, hasta las dimensiones que trazó en sus escritos.

Recibe alertas desde Google News