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“La Filarmónica siempre ha estado ligada a mi vida”, David García

En este chat, el director de la organización habló sobre los cambios que ha tenido el público, el acercamiento a la música clásica y su historia con este sistema de orquestas.

Pablo Marín J.
17 de enero de 2025 - 12:00 p. m.
David García estudió Filosofía, Ciencias políticas e Historia.
David García estudió Filosofía, Ciencias políticas e Historia.
Foto: Kike Barona
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¿Qué destaca del 2024 para la Filarmónica de Bogotá?

Después de la pandemia, los hábitos del público cambiaron notablemente en muchos casos, y uno de los ejemplos es el cine. La gente se abocó a las plataformas digitales y eso dificultó la asistencia a los teatros. En el caso de la música, los hábitos del público cambiaron hacia nuevos horarios, lugares y gustos. Destaco muchísimo la enorme asistencia a los conciertos de la Filarmónica, que hicimos, por ejemplo, en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. Una gran parte de ellos tuvieron filas, e incluso en algunos casos se quedó público afuera. Lo otro muy importante es que logramos una enorme presencia en más pequeños formatos en muchos barrios de la ciudad, lo cual fue una idea del alcalde mayor para que todo el sector cultural tuviera una enorme presencia barrial. Eso nos permitió hacer 550 conciertos el año pasado.

¿Cuáles son los retos de acercar la música clásica al público?

Indudablemente, los gustos se han modificado. Los gustos musicales se orientaron hacia los grandes conciertos, sobre todo en el reguetón. Entonces tenemos el reto de que la música de la Filarmónica de Bogotá entre en diálogo con el público sin competir ni demeritar los gustos que hay sobre cualquier tipo de música. Nos parece muy bien que la gente tenga todo tipo de gusto musical y no excluya el gusto por la música clásica u otro tipo de formas musicales que pueden ser enriquecedoras y han demostrado tener una permanencia. No se trata de competir, sino de buscar ser armónicos con los gustos de la gente.

¿Cómo eligen el repertorio para las temporadas?

Eso es un trabajo muy bonito, quizá de las partes más divertidas de todo el trabajo, porque a todos los directores de las orquestas del sistema de la Filarmónica les pedimos que hagan una propuesta sobre la programación. En el caso de la programación de la Filarmónica de Bogotá, le pedí al maestro Joachim Gustafsson que hiciera una programación basada en una orientación estética que le planteé. No escogí las obras, pero sí le pedí que mostrara al público de Bogotá y Colombia cuatro grandes escuelas de la música que surgieron en Viena. Es un proceso colectivo y de mucho diálogo, en el que duramos al menos seis meses. Por eso lo iniciamos con tiempo; en febrero comenzaremos a construir la temporada de música del 2026.

¿Qué le llama la atención de las escuelas vienesas?

Resulta que yo viví 27 años en Viena. Estudié allá e hice mi carrera, lo que me permitió comprender profundamente la música que produjo esa ciudad. Recordemos un texto muy importante de Stefan Zweig, escritor austriaco, uno de los pensadores más destacados de finales del siglo XIX y principios del XX. En su libro El mundo de ayer, Zweig describe el mundo cultural de la Viena imperial, donde se desarrollaba un espectro cultural muy rico. Esas cuatro escuelas vienesas en la música son una síntesis de lo que ocurría en ese momento, que transformaría la música en el resto del mundo. Por eso, me interesaba que el público bogotano y colombiano tuviera acceso a esa “fotografía cultural” y comprendiera que al asistir a estos conciertos puede tener una visión profunda de algo muy importante que ocurrió en la historia de la humanidad.

¿Qué lo hizo regresar de Viena a Colombia?

Dicen que quienes nos vamos del país, más o menos a los 25 años empezamos a regresar. Yo me fui a estudiar, pensando en regresar después de unos cinco años, pero me fui quedando. Llegó un momento en el cual para mí era imprescindible regresar a Colombia. Eso ocurrió en 2010, cuando se empezaba a hablar de la paz tras décadas de mucha violencia y estaban ocurriendo cosas muy interesantes en el país. Tuve la oportunidad de volver, y poco tiempo después fui nombrado director de la Filarmónica de Bogotá. He ocupado este cargo tres veces: con las alcaldías de Carlos Fernando Galán, Claudia López y Gustavo Petro.

¿Cómo llegó a ser el director de la Filarmónica de Bogotá?

A mí me une con la Filarmónica una historia de familia. Mi padre, el maestro Raúl García, fundó la Filarmónica de Bogotá en 1967, junto a un grupo de jóvenes de su época que soñaban con tener una nueva orquesta en Colombia. Mi padre la dirigió durante 23 años. Crecí en medio de ese ambiente musical y cultural, y la Filarmónica siempre ha estado ligada a mi vida. Cuando regresé a Colombia, me interesaba hacer gestión cultural y trabajar en transformar lo que, hasta 2013, era una orquesta en un sistema de orquestas y formación musical. Empezamos a crear nuevas orquestas dentro de la Filarmónica y a desarrollar el programa de formación musical en colegios.

¿Cómo seleccionan a los participantes en sus orquestas y coros?

Tenemos un proceso muy bonito que realizamos en alianza con la Secretaría de Educación para los niños. Es un programa al que ellos pueden asistir voluntariamente. Poco a poco empezamos a identificar a los que se interesan en participar. Algunos tienen habilidades para cantar o ya han estudiado algo de música. Entonces evaluamos quién tiene talento para un instrumento, para cuál específicamente, y los integramos a nuestras agrupaciones. Formar parte de una agrupación y hacer música en colectivo es una experiencia que se puede comparar con practicar deporte en equipo, como el fútbol. Estas actividades grupales no solo son divertidas, sino que también desarrollan habilidades esenciales en los niños: la capacidad de socializar, la empatía y la importancia de trabajar en equipo; aspectos fundamentales en su formación.

¿Cómo es su relación con los directores de las orquestas?

Es muy interesante porque es un diálogo permanente. Por un lado, se trata de la conversación sobre el repertorio que se está haciendo, pero también en dónde se va a hacer un concierto, que no es lo mismo hacerlo en un teatro que en una iglesia, por las condiciones acústicas. A la Filarmónica me llegan semanalmente muchas invitaciones de muchos lugares, así que conversamos con los directores sobre cuál es la agrupación adecuada para este espacio. Enviamos parte del equipo a que miren el tamaño del lugar y, de acuerdo con el tamaño y lo que se requiere en la invitación desde el punto de vista musical, converso con los directores de las agrupaciones, también lo hacemos a través de un equipo de coordinación.

Pablo Marín J.

Por Pablo Marín J.

Profesional en Creación Literaria. Escritor de cuentos y novelas de ciencia ficción. Apasionado del cine y guionista de varios cortometrajes.pmarin@elespectador.com
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