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¿Cómo creó el nuevo ciclo expositivo de la galería?
Hace poco más de un año invitamos al artista estadounidense de ascendencia china Charlie Mai para hacer una exhibición individual. La muestra se llama “Bureau of Osseous Investigation”, en la que, entre archivos e instalaciones, se cuenta la historia de los trabajadores chinos en la construcción del ferrocarril transcontinental de Estados Unidos. La exposición habla de la historia, pero desde la imaginación y los imaginarios raciales.
¿Cuál es la segunda muestra que inaugurarán?
Es de Jorge Alonso Zapata, un artista autodidacta mayor. Él es de Medellín y su exhibición, principalmente de pintura y escultura, se llama “Barriología”. Zapata empezó su carrera artística hacia los 45 años; ya debe estar en sus 60 y ha estudiado la vida del barrio La Candelaria, en el centro de Medellín, donde tiene su taller. Este es un vecindario importante de la ciudad, y el artista retrató la degradación del entorno y las nuevas dinámicas sociales y culturales que se han dado en él. Esta exposición la estamos haciendo con el apoyo de Notas al Futuro, un colectivo curatorial, y se mostrará en la sala de proyectos.
Hablemos sobre la historia de la galería...
La abrí en 2013. De la mano de varios colegas, decidimos establecernos en la localidad de Barrios Unidos, en el barrio San Felipe, con la idea de abrir un distrito de arte y permitirle al público tener una oferta cultural en un barrio pequeño y generar unas dinámicas comunitarias, de asociación y apoyo entre galeristas, curadores y artistas. Además, la ubicación fue estratégica para temas de producción, ya que hay infinitos proveedores de varios materiales. La galería se construyó pensando en trabajar efectivamente con arte contemporáneo, con artistas emergentes y de mediana trayectoria, y enfocarnos un poco en el dibujo, por eso el nombre. Me parecía importante explorar las posibilidades expandidas del dibujo.
¿A qué se refiere con eso?
Es algo muy simple. Era una excusa para poder darle forma a Sketch. Todos los artistas de alguna manera rayan un papel y, a partir de ese boceto, de ese dibujo, algo bidimensional puede tomar una forma tridimensional. Empecé a mostrar mucha escultura, instalación y video.
¿Cómo se transformó esa idea inicial?
Sabía que quería trabajar con arte contemporáneo y, si podía traer a artistas internacionales para exposiciones que tuvieran que ver con la idea del dibujo y lo tridimensional, genial. Sin embargo, la galería fue creciendo, y desde la pandemia empezamos a mostrar más pintura, algo que antes no hacíamos. También es importante tener en cuenta que los artistas cambian, y no los puedo limitar a un único medio.
La galería tiene 13 años, ¿a qué desafíos se ha enfrentado en el camino?
Al principio fue posicionar a San Felipe Distrito Creativo para que la gente se animara a bajar la Caracas y que se diera la oportunidad de descubrir estos espacios y, además, hacer que Sketch fuera parte de ese posicionamiento. Fue difícil, porque estaba regresando al país luego de haber estado una década en Europa estudiando. De cierta forma, era una desconocida aquí que decidió abrir una galería y, aunque tenía contactos por mis prácticas en casas de subastas y mi tesis, seguía siendo muy nueva en este entorno. El reto más grande era crear reputación y confianza en el mundo del arte cuando no te conocen, eso toma tiempo.
¿Qué retos ha identificado en cuanto al arte en Colombia?
Siento que nuestro país sigue siendo una economía en desarrollo. Creo que tenemos muy pocos museos, poco apoyo institucional real y poco coleccionismo, aunque creo que ahí la tendencia está cambiando con los jóvenes. Considero que todavía no hay un coleccionismo serio, que crea en la filantropía y que entienda que el arte genera conocimiento y es un espacio de reflexión que nos permite activar nuestra creatividad. Uno de los grandes desafíos en este campo es tener el apoyo de la empresa privada, así como del Estado e instituciones. No es fácil vivir del arte en este tipo de economía. El gran reto es que las galerías no cierren, que los artistas no dejen de ser artistas y que los pensadores sigan escribiendo; en general, la sostenibilidad de los proyectos es el mayor desafío.
¿Cuál es su relación con el arte? ¿Cuándo decidió dedicarle su vida?
Lo supe en la adolescencia. Tuve la oportunidad de tener acceso a escritura creativa, a talleres de cerámica y fotografía, justo cuando estaba entrando a ese período de mi vida. Ahí decidí trabajar en el arte. Estudié fotografía y quise entrar en el mundo de la moda, pero también me interesó ser artista. Luego pude hacer unas prácticas en casas de subastas, lo que me abrió el panorama a algo más grande. Conocí a varios expertos y tuve acceso a mucha información. Ahí me enamoré del mercado del arte. En un momento de mi vida trabajé para un dealer de pintura de los siglos XIV al XVII, principalmente española, italiana y francesa. Eso me abrió el mundo a los museos. Quise salir de ahí porque sentía que era un entorno muy machista y, preguntándome, “¿en qué espacio las mujeres tienen libertad y voz?”, llegué al arte contemporáneo. Volví a Colombia y trabajé con algunas galerías y en unos proyectos antes de decidir abrir mi propio espacio.
