Tomás, un académico colombiano radicado en Nueva York, enfrenta las consecuencias de haber publicado unas memorias basadas en una falsedad: una genealogía portuguesa que no le pertenece. Esta mentira, tejida con precisión para obtener una beca de estudios, se convierte en el eje principal de Las correcciones (La Pereza, 2025), la última novela del escritor colombiano, radicado en Estados Unidos, Rafael Reyes-Ruiz.
Reyes-Ruiz es autor de Las ruinas (Alfar, 2015), La forma de las cosas (Alfar, 2016), The Shape of Things (2019), El samurái (La Pereza, 2019), La herencia (La Pereza, 2020, Machete Books, 2021) y Familia extensa (Sudaquia Editores, 2024), que será publicada en inglés por Running Wild Press. Su vida, al igual que su obra, ha transcurrido entre Colombia, Japón, Estados Unidos y Dubái.
La prosa de Reyes-Ruiz es precisa y construye un mecanismo narrativo que se corresponde con su género. La historia, escrita en primera persona, se despliega casi en forma de confesión, en medio de una conversación entre Tomás y su pareja, Naomi. El protagonista duda del relato que ha construido sobre sí mismo, convirtiendo la novela en una metáfora del autoconcepto y la capacidad humana para elaborar diferentes versiones de sí mismo.
La novela se ubica principalmente en Estados Unidos, pero, como es usual en la narrativa de Reyes-Ruiz, sus personajes tienen el mundo como escenario y se mueven por diversas geografías. A medida que la novela avanza, el lector descubre los distintos desplazamientos de Tomás: de Colombia a Australia, luego a Japón, Dubái y, finalmente, a Estados Unidos.
Cada lugar representa una etapa en su transformación personal y profesional, pero también de su desarraigo progresivo. A través de diálogos con sus parejas —Naomi, Nobuko y Mónica—, y con amigos, como Wendy, Tomás repasa los vínculos afectivos que marcaron su vida, muchos de ellos teñidos por la omisión.
El tono confesional y autorreflexivo domina la novela. Tomás es un narrador lúcido, a ratos irónico, a ratos atormentado, que se mueve entre la culpa y el deseo de redención. Su historia está marcada por la búsqueda de un lugar en el mundo. Pero Las correcciones no es solo la historia de un impostor; es también un retrato del mundo académico globalizado, de las relaciones afectivas en constante mutación y de los dilemas éticos que surgen cuando el yo narrativo colisiona con el yo real.
A pesar del tono confesional, la tensión narrativa no decae y aumenta cuando se plantea la publicación de una nueva edición del libro. Tomás ve en esta oportunidad la posibilidad de “corregir” su historia. Sin embargo, también es una oportunidad para quedar en evidencia. De este modo, la novela adquiere múltiples sentidos: las correcciones editoriales, las rectificaciones morales, los ajustes de cuentas con el pasado.
Las correcciones plantea preguntas complejas sobre la identidad, la memoria y la responsabilidad. ¿Hasta qué punto podemos reinventarnos sin traicionarnos? ¿Qué sucede cuando las ficciones que nos han sostenido se desploman? Esta novela propone que, a veces, corregir no basta: hay que reescribirlo todo.