Hace siglos, el teólogo y filósofo danés Søren Kierkegaard aseguró: “La vida solo se puede entender hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante”. Por eso, una vez se cruzan las puertas de una hemeroteca, se tiene la posibilidad de viajar, no en una, sino en distintas épocas: hojas sueltas, periódicos y revistas literarias dan cuenta de aquellos que, a través de pensamientos e ideologías históricas, políticas, religiosas y literarias, registraron su tiempo.
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En la hemeroteca de la Biblioteca Luis Ángel Arango reposan aproximadamente dos mil setecientos documentos y algunos son patrimoniales. Para que los documentos se conciban de esta manera, hay que tener ciertas directrices y normativas legales. La prensa histórica del siglo XIX, las revistas literarias escritas y dirigidas por mujeres que retratan la época de 1858 hasta 1962, también hacen parte del patrimonio cultural de nuestro país.
En la biblioteca se conservan 35 incunables, libros impresos que dan cuenta de los primeros cincuenta años de la invención de la imprenta creada por Gutenberg, en la década de 1450. Dentro de estos incunables reposa el libro más antiguo que hasta el momento se encuentra en Colombia, “Oratoria Latina”, del filósofo y político Marco Tulio Cicerón. Su primera edición fue publicada en 1470.
“Estos recursos son unidades de información. Estoy seguro de que, si le diéramos importancia a lo que se guarda en las hemerotecas, empezaríamos a pensar distinto. Nos despojaríamos de las verdades absolutas. Dejaríamos de dar por sentado que aquello que pensamos hoy es como se ha pensado siempre. Hoy nos negamos a comparar para poder decir: esto que se pensaba en el siglo XIX hoy se piensa distinto. O, por el contrario, podríamos sorprendernos con que seguimos pensando igual ciertas cosas. Eso, finalmente, lo da la fuente primaria, el documento”, dijo Fernando Barona Tovar, director de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
Mientras se hacía una rectificación de las colecciones y piezas publicitarias, en 2023 encontraron dentro del libro “El coronel no tiene quien le escriba”, edición traducida al danés, una carta que no estaba fechada, pero sí firmada con el nombre de Doris y que iba dirigida a Carmen Bacells, quien fue la agente literaria por muchos años de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, entre otros escritores latinoamericanos. Escrita en tinta negra cursiva y acompañada de un mechón de pelo, esta mujer le hace un par de confesiones al nobel literario. “Querido Gabriel: lo siento, mi primera carta fue muy desesperada y casi no recuerdo qué te escribí, pero quiero al menos contarte que fue necesario como media botella para hacerlo, desde hace varios años te escribo y luego rompo los papeles. A veces te escribo mentalmente y, como todo eso es absurdo, me alegro de enviarte ya dos veces algo de verdad (…) por acá suelo defenderte entre los escritores envidiosos. Se me olvidaba, tengo mucho que contarte… si quieres, no me contestes, quizás no quieras conocerme, pero ojalá al menos leas mis líneas, ¿puedo contar contigo, solo un poco?”.
Dos de las publicaciones del siglo XVIII que reposan en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Colombia son “Aviso de terremoto” y “Gazeta de Santa fe de Bogotá Capital del Nuevo Reyno de Granada”, las primeras noticias que se escribieron en la ciudad de Santa Fe con el fin de aclarar el acontecimiento en el que, a modo de primicia, se contó el fuerte sismo del 12 de julio de 1785 a las siete y cuarenta y cinco de la mañana, convirtiéndose en la apertura del periodismo colombiano. Entre los siglos XV y XVII, más de 100.000 personas, en su mayoría mujeres, fueron condenadas a la hoguera de brujería.
El viernes 18 de febrero de 1791 salió a la luz la tercera noticia periódica, “Papel periódico de la ciudad de Santa Fe”, gracias al ensayista y periodista Manuel del Socorro Rodríguez, quien más adelante se convirtió en el primer bibliotecario; es por esta razón que la hemeroteca lleva su nombre.
Para Nayibe Ruiz, Coordinadora del Grupo Colecciones y Servicios, la riqueza de la hemeroteca radica en la multiplicidad de voces que acompañan este lugar. “Pensando en la importancia que estas colecciones tienen para la memoria y el patrimonio, se ha venido desarrollando, junto con el Centro de Conservación de la biblioteca, procesos de digitalización que quisiéramos que fueran mucho más ágiles y numerosos. En este momento son más de siete mil ochocientos cuarenta y nueve registros que se pueden encontrar digitalizados para todos los usuarios”.
La importancia de las hemerotecas reside en la diversidad de sus voces y, para poder adentrarnos en los armarios, depósitos y colecciones registradas siglos atrás, quizás sea indispensable desprendernos de los absolutos: contrastar fuentes, renunciar al afán y abrirnos a nuestras primeras miradas como sociedad.