El pasado 5 de febrero se conoció la noticia de que el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) había decidido desvincular a Eugenio Viola, quien hasta entonces se había desempeñado como curador jefe y artístico allí. Con la suya, el museo ya contaba con al menos 19 salidas de funcionarios en el último año. Esa misma tarde, Viola habló para EL ESPECTADOR y contó que la decisión estaba relacionada con un deterioro en el ambiente laboral que habría comenzado con el cambio de dirección que ocurrió hace dos años. Según relató, una serie de denuncias de maltrato que él había puesto en conocimiento de la junta directiva habrían sido una de las motivaciones para sacarlo del museo.
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“Situaciones de presión, desgaste, desvalorización del trabajo y dificultades en la comunicación”, fueron algunas que el excurador del MAMBO puso sobre la mesa de la junta directiva en septiembre de 2025. “Yo llevé estas inquietudes a la junta con el único objetivo de que pudieran ser evaluadas adecuadamente y abordadas a través de los canales institucionales correspondientes. Sin embargo, esto desencadenó una reacción que condujo a los acontecimientos de esta mañana, con un post publicado por el museo sin posibilidad de comentarios”, explicó.
Puede leer la entrevista completa aquí.
Desde entonces, han aparecido más personas que han querido hablar sobre cómo han cambiado las cosas en el MAMBO desde que Martha Ortiz, la actual directora, asumió este cargo en febrero de 2024. Muchos coinciden en que su mandato, si bien venía con la intención de renovar el museo y seguir consolidando su sostenimiento económico, habría sido, al contrario, el causante de un deterioro de la institución tanto a nivel financiero como laboral. EL ESPECTADOR, después de atender las denuncias de exfuncionarios y personas que han tenido relación con esta entidad, buscó hablar con Ortiz en repetidas ocasiones para que diera su versión de los hechos, pero tanto ella como la junta directiva han preferido mantenerse en silencio.
“Después de hablarlo con ella (Martha Ortiz) se acordó no hacer la entrevista por considerar que la posición respecto de los temas que has indagado, están explicados en una entrevista que tus colegas (...) hicieron y publicaron hace tres semanas”, contestó el asesor de la junta directiva del MAMBO. La entrevista a la que hace alusión se hizo a través de un cuestionario, a petición de Ortiz, y no hubo espacio para réplica. Por tanto, contrario a lo que se afirma en este mensaje, sí hubo algunas dudas que quedaron sin una respuesta clara por parte de la dirección o la junta directiva. Estas son algunas de ellas, contadas por sus mismos protagonistas.
La situación financiera del MAMBO
Desde que Ortiz asumió la dirección del MAMBO, se habla de que las finanzas del museo no andan bien, específicamente por la falta de apoyo financiero que la institución ha recibido en los últimos años. En 2025, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte aportó COP 348.918.871 y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes dio COP 250 millones este año. Sin embargo, para una institución que requiere de alrededor de COP 200 millones mensuales para mantenerse, según confirmó una de las exfuncionarias que habló para EL ESPECTADOR, esto representa apenas una fracción de lo que requiere el MAMBO para sostenerse.
El resto de los recursos provienen de donaciones, becas, ingresos de la tienda, entradas y, sobre todo, de la Gala MAMBO, un evento anual que representa una de las principales fuentes de financiación del museo. Según confirmó Alicia*, exfuncionaria de esta institución que conocía de cerca su situación financiera, la anterior directora, Claudia Hakim, habría dejado dinero en una fiducia que se habría gastado en su totalidad entre febrero y octubre de 2024, los primeros nueve meses de la nueva administración. Durante ese tiempo “no entró ninguna donación”, según explicó. Cuando ella le preguntó a Ortiz por qué no buscaba más donaciones, su respuesta fue contundente: “Es que yo no soy Claudia”, habría afirmado.
“Para mí, la imagen de una directora es la de la columna vertebral del museo. Si ella no se mueve a buscar recursos, es muy difícil que esto se mantenga, porque el dinero que le falta al museo no se soluciona comprando tres rollos de papel higiénico en lugar de cuatro (por poner un ejemplo)”, concluyó Alicia.
A esto se suma que otro de los cuestionamientos que se le hacen al museo es precisamente por los resultados de las últimas ediciones de la Gala MAMBO, que parecen no haber sido los esperados a pesar de que, en años anteriores, este evento había tenido una gran acogida y “siempre” superaba las expectativas, según afirmó Daniela*, otra exfuncionaria que salió hace poco más de un año. “Nunca hay certeza de cuánta plata va a entrar, pero la dirección administrativa y financiera podían tener una proyección basada en las galas anteriores, que normalmente le ayudaban al museo a cerrar ‘tranquilo’ el año. Con esa gala (la del 2024) uno sentía que no había sido así, que no había entrado la plata que se esperaba”, afirmó. Para el momento de la gala de 2025, Daniela ya había salido del museo.
Cuando se le preguntó por cifras concretas, sabiendo que esta era una información que ella había manejado cuando Hakim estaba al frente del MAMBO, Daniela relató lo siguiente: “Una de las cosas que pasó durante el tiempo que trabajé con Martha es que me fue quitando mis funciones. Empezó a tener toda la información y, en un punto, yo ya no sabía nada. Fui quedando completamente marginada y por eso los resultados de la primera gala, de las dos que ella ha organizado, nunca los conocí”.
Para entender la importancia de este evento, consultamos a Francesca Bellini-Joseph, quien fue copresidenta del grupo de patronos de Tate y presidenta emérita del grupo de patronos de la Fundación Maeght. Ella participó en la Gala MAMBO en varias ocasiones durante la administración de Hakim y conoce a fondo lo que este tipo de eventos significan para el sostenimiento de una institución como esta. “Yo creo que la gala es importante pensarla como una de las muchas iniciativas que un museo tiene que hacer para poder recolectar todos los fondos que necesita para operar anualmente y hacer un programa de exhibiciones, sobre todo uno tan ambicioso como lo tuvo el MAMBO con Eugenio Viola. (...) Las galas tienen esa función de crear una cultura de apoyo para la institución”.
Sin embargo, para ella, el sostenimiento de ese mecenazgo está mediado por la confianza que se tiene en la institución y, por lo tanto, en las personas que la representan. “Esto no solamente pasa en el MAMBO, sino en cualquier institución que requiera de recursos filantrópicos. Si una persona decide apoyarla, sea con mucho o con poco, lo hace porque cree en su liderazgo, entonces la figura del director, del curador y de las demás personas que rodean a la institución influye directamente en ese deseo de apoyar”, concluyó.
Este punto cobra relevancia cuando se analiza que las preguntas sobre el estado financiero del museo, que por el momento solo la dirección está en capacidad de responder, llevaron una y otra vez a los entrevistados a hablar sobre cómo está el ambiente laboral en el MAMBO y cómo ha cambiado desde la nueva dirección.
Denuncias de maltrato laboral
Contando a Eugenio Viola, son cuatro exfuncionarios del museo los que, hasta el momento, se han referido a situaciones de presunto acoso y maltrato laboral en el MAMBO.
“Con Claudia Hakim teníamos una forma de trabajo muy fuerte, de construcción colectiva, (...) mientras que el estilo con el que llegó Martha fue muy distinto, mucho más jerárquico y con menos espacios de diálogo”, afirmó Daniela. Según contó, los comités en los que se discutía cómo iba el trabajo en cada una de las áreas del museo se volvieron espacios tensos, “porque Marta se molestaba con mucha facilidad cuando no entendía algo o cuando no sabía que algo se había hecho, porque sentía que uno estaba ocultando información cuando no era así”.
Por otro lado, Alicia relató que, desde la llegada de Martha al museo, sus horas de trabajo se extendieron mucho más. “Otra persona con la que trabajé renunció porque no aguantó el montón de trabajo que se nos vino. Martha empezó a pedirnos un montón de informes y a veces teníamos que quedarnos hasta las 10:00 u 11:00 de la noche para poder cumplirle”, contó. Además, se refirió a repetidas ocasiones en las que la directora habría puesto en duda sus capacidades y las del equipo. Todo esto llevó a que ella también presentara su renuncia.
El único que accedió a identificarse para este artículo fue Juan Felipe Echeverría, excoordinador de diseño que trabajó en el MAMBO durante cuatro años, el último bajo la dirección de Ortiz. Él entró en la institución como practicante y durante sus primeros años el MAMBO fue un lugar en el que se sentía a gusto, según contó. Sin embargo, eso pareció cambiar cuando Hakim dejó la dirección. “Fue un cambio radical, porque antes el equipo era muy familiar y había unas dinámicas de trabajo establecidas y que funcionaban muy bien. Pero recuerdo que Martha llegó con un discurso guiado hacia la parte económica del museo y con la idea de que se lo habían entregado en muy malas condiciones, cuando yo que estuve allá casi cinco años vi cómo el MAMBO mejoraba, entonces eso era algo que incomodaba bastante al equipo”, relató.
Echeverría también se refirió a varios momentos en los que las jornadas de trabajo se habrían extendido hasta la noche u otros en los que Ortiz parecía demostrar una falta de confianza en las capacidades de sus trabajadores. Pero su caso es particular no solo por eso, sino porque estuvo involucrado en otro de los cuestionamientos que se le hicieron en su momento a la directora por la contratación de Felipe Parias, hijo de María Claudia Parias, directora del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES).
La pregunta por Felipe Parias
Tras darse cuenta de que el ambiente laboral en el MAMBO había cambiado definitivamente, decidió presentar su renuncia a mediados de 2024, pero se quedó para apoyar el proceso de selección de la persona que lo reemplazaría. Tras la revisión de las hojas de vida, acortó la lista a cinco candidatos que, para él, cumplían con todos los criterios técnicos para ocupar el puesto. Sin embargo, un día la directora le envió un mensaje solicitando que se incluyera una hoja de vida más en el proceso: la de Parias.
“Yo ya había descartado la hoja de vida de él en otras dos ocasiones. No porque tenga algo en su contra, sino porque, según mi criterio, no era óptimo para el cargo”, contó Echeverría. Aun así, lo incluyó en el proceso de selección y, un par de meses después de que él saliera definitivamente del museo, se enteró de que Parias había sido seleccionado, aunque la polémica lo llevó a renunciar poco tiempo después. Sin embargo, queda la duda de cuáles fueron los criterios que llevaron a considerar que él era la persona indicada para el cargo, por encima de los otros cinco seleccionados que había dejado Echeverría.
“Ahora, yo quiero hacer una aclaración porque en otro medio hicieron un post que decía: ‘¿Qué hace la directora del IDARTES pidiendo cargos para su hijo?’ y quiero decir que yo no dije que ese fuera el caso. No sé por qué o quién haya hecho que esa hoja de vida llegara a mí”, concluyó Echeverría.
Las respuestas pendientes
Tras preguntarle a Ortiz por las acusaciones en su contra por presunto acoso laboral, respondió: “He promovido relaciones laborales basadas en la formalidad y el respeto, y cualquier inquietud debe tramitarse por los canales institucionales y legales correspondientes, no mediante campañas mediáticas”. Mientras tanto, sobre el caso de Parias, afirmó que “el Museo de Arte Moderno de Bogotá es una institución privada, autónoma y libre, con procesos internos definidos y responsabilidades claras. El ejercicio de la dirección implica garantizar que las decisiones se tomen dentro de marcos profesionales, con criterios técnicos y trazabilidad, y que los procesos institucionales se mantengan abiertos, rigurosos y verificables”.
Sin embargo, cuando EL ESPECTADOR insistió en obtener más detalles sobre lo ocurrido en el museo, no obtuvo una respuesta de fondo. Además, como se aclaró en las reiteradas solicitudes de entrevista a la directora, también hace falta entender realmente cuál es la situación financiera del museo. En la entrevista, Ortiz afirmó que “un museo se define por las preguntas que se atreve a plantear”, pero en este caso también se define por las que está dispuesto a responder.
(*) Los nombres de estas personas fueron cambiados por petición de las fuentes que prefirieron no revelar su identidad.