La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (OSNC) atraviesa un limbo artístico y financiero. La salida de su director titular, el maestro argentino-israelí Yeruham Scharovsky —que dejó la agrupación sin dejar una cabeza definida en plena celebración de sus 90 años—, sumada al déficit presupuestal, ha mantenido a varios músicos en una preocupación permanente.
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El contrato de Scharovsky terminó el pasado 30 de junio, luego de que la Junta Directiva tomara la decisión en diciembre de 2025 de no renovar su contrato. Según el artículo 37 del reglamento interno de la orquesta, “el director titular es designado por la Junta Directiva y será elegido para periodos de dos años, reelegible hasta por 10 años”.
Para varios miembros de la orquesta, su salida deja un vacío difícil de reemplazar. El director había sido elegido hace tres años con el respaldo del 65 % de los integrantes de la agrupación, según información publicada por la propia OSNC en su página web. Bajo su batuta —recordó una integrante de la Sinfónica— la OSNC fue reconocida como una de las mejores de América Latina y consolidó una de sus etapas de mayor proyección internacional con giras por China, Argentina y Brasil, además de la invitación recurrente a solistas de primer nivel.
Iván León, vicepresidente de la Asociación de Trabajadores de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (Asosinfocol), coincide en que Scharovsky llevó a la orquesta a un alto nivel artístico, que les permitió llenar la mayoría de los escenarios en los que se presentaban.
A ello se suma que los cambios coinciden con la llegada del gobierno de Abelardo de la Espriella, quien asumió la presidencia del país el 7 de agosto. “Es muy irresponsable dejar esa vacante en medio de una transición en la que el cargo se puede politizar o terminar entregando por favores políticos”, agregó la fuente que pidió que se reservara su nombre.
Mientras se lleva a cabo el proceso de selección de un nuevo director titular, Juan Pablo Valencia, actual director adjunto, es el encargado de mantener la actividad artística de la organización. Esta figura que encarna Valencia fue adoptada por la orquesta precisamente para sortear situaciones como esta, según mencionó León. La elección de Valencia, como la de Scharovsky, se hizo teniendo en cuenta las voces de los músicos, quienes invitan a los directores para conocer sus propuestas artísticas y luego votan para determinar al elegido. Según contaron, la elección de Valencia ocurrió en marzo, dos meses después de que la junta decidiera la salida de Scharovsky. “La idea con la contratación de Valencia era que no nos quedáramos solos durante la programación de la segunda parte del 2026”, aseguró el músico.
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Según escribió la OSNC en el comunicado con el que anunció la llegada de Valencia, su “nombramiento se da en una temporada especialmente significativa para la Orquesta, que celebra 90 años de trayectoria y continúa consolidando un proyecto artístico de alto nivel, con una programación que abarca el repertorio sinfónico, la ópera, la música colombiana y nuevas propuestas para diversos públicos”.
El maestro colombiano ha trabajado con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia como director invitado y ha dirigido agrupaciones como la Orquesta de Extremadura, la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, la Orquesta de Córdoba, la Orquesta Clásica Santa Cecilia, la Orquesta Filarmónica de Medellín y la Sinfónica EAFIT.
León contó que el proceso de selección a veces puede tomar varios meses y que de un nuevo director o directora esperan que sea una persona que “(tenga) una proyección internacional similar a la de los últimos años, los contactos para estos que son tan importantes en el mundo musical y que haga crecer más a la orquesta para tener más visibilidad en el país”.
Liliana Fuentes, directora de la Asociación Nacional de las Artes (ANA) —entidad que dirige desde febrero pasado y que administra las finanzas de la orquesta— aseguró a este diario que el proceso de selección del director titular está muy avanzado. “Inició a comienzos de este año. No ha habido un único proceso o forma de selección del director a través de su historia, la orquesta ha tenido distintos modelos. En este caso, todos los músicos de la Orquesta tuvieron la posibilidad de participar y de proponer nombres. De ese ejercicio surgió una lista amplia de 48 directores y directoras a nivel nacional e internacional. A partir de allí se conformó un Comité de Búsqueda integrado por un representante del Comité Artístico, un representante del Comité de Principales y el concertino. Este comité realizó una preselección contrastando las candidaturas con el perfil previamente construido, hasta llegar a una lista de 16 directores. Posteriormente, se consultó a los candidatos sobre su interés y disponibilidad para participar en el proceso, lo que permitió continuar avanzando hacia una lista más acotada”, afirmó.
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La preocupación por los recursos
El limbo artístico se suma al financiero. En 2025, el paso de la antigua Asociación Nacional de Música Sinfónica (ANMS) a la ANA se planteó con el objetivo de abrir espacio a otras expresiones artísticas y buscar fuentes mixtas de financiación; es decir, públicas y privadas.
En su momento, la ministra de las Culturas, Yannai Kadamani Fonrodona, respaldó la modificación con el argumento de que era necesario “repensar la división decimonónica de las artes en Colombia”.
Algunos músicos, sin embargo, no estuvieron de acuerdo. Para ellos, ese giro significaba que la entidad dejaría de concentrarse principalmente en la OSNC y en las orquestas del país para ocuparse también de otros proyectos artísticos. Algunos temían que eso hiciera que la música sinfónica perdiera prioridad dentro del presupuesto del Minculturas y que, con el argumento de que la nueva entidad podía conseguir recursos privados o internacionales, el Estado terminara por darles menos dinero.
Esa reestructuración coincidió con un tijeretazo importante a los recursos destinados a la Sinfónica: el presupuesto de Minculturas pasó de los 22.000 millones de pesos en 2024 a cerca de 14.800 millones en 2025. La reducción de los recursos —aseguró una fuente de la Sinfónica que pidió reservar su nombre— ha continuado. Aunque el presupuesto para 2026, después del recorte, estaba asegurado hasta este mes, León confirmó a este diario que a través de una resolución conocida el pasado 6 de agosto llegó un presupuesto adicional para los próximos dos meses.
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“Se gestionó ante el Ministerio de Cultura un recurso adicional para el funcionamiento de la entidad. Hay que hacer una precisión: no todos los recursos de la Orquesta tienen la misma fuente, la misma vigencia ni se formalizan en el mismo momento. Por eso no sería correcto afirmar de manera general que los recursos estaban asegurados solamente hasta este mes”, aseguró Fuentes.
Sin embargo, para León, este limbo es de vieja data. Mientras considera que los estatutos de la ANA pueden ser robustecidos, también mencionó que “el presupuesto para orquestas sinfónicas en otros países viene del funcionamiento del Estado porque es su deber, ya que existen unos derechos culturales que deben ser atendidos. Esa promesa no se ha cumplido. Sigue siendo algo que depende de la consecución de fondos de quien gerencia. Estamos en un sistema que no nos está funcionando: se cambió el nombre, pero tampoco ha dado los resultados que nos merecemos. No es por falta de intento, sino que la ley colombiana sigue siendo raquítica frente a los incentivos para que una empresa privada pueda invertir en una orquesta como la nuestra”, dijo.
Gonzalo Castellanos, asesor y gestor de proyectos y políticas culturales, afirmó que “la orquesta debe tener un apalancamiento real”. Para él es “absolutamente necesario” que en este nuevo gobierno “se establezca la necesidad de que el Ministerio de Cultura contribuya activamente, y no esporádicamente, a la financiación de la operación y el funcionamiento de la Orquesta Sinfónica de Colombia”.
Frente a este panorama, la OSNC se enfrenta a diferentes preocupaciones que, además, se relacionan entre sí. Por ejemplo, “no se puede organizar una programación artística sin tener certeza de los fondos disponibles o pensar en los posibles solistas internacionales. Si queremos una programación de altísima calidad para los colombianos, necesitamos financiación que sepamos de dónde va a llegar. Necesitamos una política estatal de la cultura y de la música sinfónica”, afirmó León.
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