Laurence Debray ya había escrito dos libros sobre el rey Juan Carlos I. Ella reconoce que el interés por su historia se basa en la época de la Transición a la democracia en España, en estudiar desde la ciencia política este momento del país.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
En la pandemia, ya exiliado en Abu Dhabi, el entonces exrey de España llamó a Debray para invitarla a escribir sus memorias. “Bueno, maravilloso, pero yo no sé escribir libros para otras personas. Yo sé escribir mis libros”, le dijo la periodista francesa a Juan Carlos I, a lo que él respondió: “mira, lo vamos a intentar y ya vemos cómo hacemos”.
Al principio, Debray viajaba algunos días al mes para hacer las entrevistas e ir escribiendo la historia personal e íntima del antiguo Rey de España, pero este le dijo que debía instalarse en Abu Dhabi si querían llegar al final de la historia. Así, la escritora francesa vivió dos años en la capital de Emiratos Árabes Unidos y casi a diario hablaron para poder terminar sus memorias.
“Reconciliación”, nombre de las memorias de Juan Carlos I, toca todos los temas que quienes han seguido la historia del exrey de España saben que rodearon su vida. Los escándalos e investigaciones por desvíos de fondos públicos -como el caso de Iñaki Urdangarin- o la cacería de elefantes en Botsuana como hechos que afectaron la credibilidad de la monarquía hacen parte de sus memorias, pero esta obra, especialmente, es una exploración de los rincones más humanos de un rey, de su infancia, de su familia, de su vida privada, de cómo sobrellevó cada uno de los retos que tuvo entre 1975 y 2014, año en que abdicó para cederle la corona a su hijo, el rey Felipe VI.
¿Cómo es ese trabajo de hacer las memorias de un ser humano, en este caso del rey, teniendo en cuenta lo engañosos que pueden ser a veces los recuerdos?
Al principio pensamos que iba a tener un poco de acceso a sus archivos, pero no fue el caso. Todo se quedó en Madrid. En realidad, son sus recuerdos y, cuando había algunas dudas o ya no estaba seguro de una fecha o de algo que quería verificar, llamaba a una persona. Cogía el teléfono y: “Ah, voy a llamar a fulanito, que él sabe seguro cuál es la fecha de eso”. Entonces me imagino que fulanito estaba en una barbacoa con su familia o no sé, y llama el rey, ¿no?, y le dice: “Bueno, quiero esto”. La mayor parte son sus recuerdos, pero verificando cuando había alguno en el que la memoria fallaba. También es su visión hoy en día de los hechos, porque sabes que cada uno evoluciona con sus interpretaciones.
Él dice: “Desde que nací no he sido dueño de mi destino”. ¿Qué opina usted de un personaje que vivió bajo un destino que no pudo elegir ni controlar?
Yo creo que es la única persona que conozco en el mundo que no tiene libertad, en realidad. Es tonto decirlo, pero al final nosotros tenemos la libertad de escoger la carrera, nuestra vida, clao, según el contexto y nuestras posibilidades, pero somos un poco los dueños de nuestro destino, más o menos. Pero creo que él, en realidad, dio la libertad a los españoles, pero él nunca tuvo… nunca pudo hacer lo que le dio la gana. Desde la infancia hasta hoy en día tiene que vivir en el exilio.
Me llama la atención que él nació en el exilio y uno podría pensar que morirá igual. O sea, su vida empieza y termina de una misma forma. ¿Qué opina de eso?
Sí, bueno, tiene como un destino de novela, ¿no? Tiene como una vida de novela. Es verdad que él nació en el exilio y muchos de sus antepasados también. Yo sé que la reina Isabel II murió en el exilio, Alfonso XIII, su abuelo, murió en el exilio también. O sea, puede ocurrir. En realidad, es un rey que no nació en un palacio, pero sí vivió toda su vida en uno y ahí morirá, que suele ser la vida típica de un rey europeo.
¿Cómo es humanizar a un rey?
Siendo honesta, la meta que él me puso era hablar de lo bueno y de lo malo. Pero también había un de revelarse como el hombre detrás del rey. Sus acciones oficiales ya eran públicas, pero faltaba su parte privada. Intenté escribirlo con mucha autenticidad. No es políticamente correcto y tampoco es un libro para venderse. Yo creo que también, a esa edad, uno ya piensa en dar su verdad, ¿no? Su sensibilidad, sus dudas, sus preocupaciones, todo eso. Él es una persona muy auténtica en la realidad, no se esconde mucho. Claro, tiene el rigor de un militar y no habla mucho de sus sentimientos, pero es una persona auténtica.
Dice él que en su colegio tuvo una educación liberal, moderna, muy diferente de la que se impartía entonces en las escuelas franquistas. Hablemos de ese tipo de educación en él como rey…
Si hablamos de influencia, es verdad que cuando él estudia en España es su padre quien pone a los profesores. Luego fue su profesor de Derecho, Fernández Torcuato Miranda, quien le abrió la mente o le dio las herramientas para ver cómo cambiar el gobierno o cómo cambiar de régimen. Y lo nombra presidente de las Cortes. También creo que cuando vuelve a su casa en Estoril, en la Riviera Portuguesa, hay un ambiente mucho más liberal. Tiene todos sus primos por Europa, hay una abertura, no solo de lenguas sino de culturas. Él ve que en Francia no se vive igual que en España. O en Inglaterra, con su abuela inglesa. Creo que también eso sirve. A diferencia de Franco, que casi nunca salió de España, el rey Juan Carlos es una persona que desde muy joven ha vivido en todas partes, que habla muchas lenguas y que tiene familia por todas partes.
Ya que lo menciona, quería preguntarle por la figura del papá, la influencia que tuvo el padre en él...
Don Juan. Yo creo que hay una lealtad hacia el padre muy fuerte, porque cuando todavía habla de él es con mucha emoción, mucha devoción. No sé si es para reparar algunas tensiones o heridas, porque al final no tuvo que ser fácil ser rey. O sea, robarle el puesto al padre —porque al final él le roba el puesto al padre— no depende de él, depende de Franco, pero tuvo que ser muy duro para los dos.
Él dice que su padre le aconsejaba, o le aconsejó, que cuando fuera a hablar con Franco respondiera brevemente. Y también dice: “Franco me daría el mismo consejo: en boca cerrada no entran moscas; uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Y es paradójico porque dice eso, pero hace un libro con sus memorias…
Bueno, pero ya retirado, ¿no? Pero como hablaba muy poco, la gente pensaba que era muy tonto. Decían “Juan Carlos el breve”. Pero así se protegió también.
Hablemos del tema de la transición. Lo que llegó a ser su relación con Franco, también con el Ejército, con las juntas militares.
Sí. Él ahí describe un poco la relación que tenía con Franco. En realidad, él conoce al Franco de los años sesenta, el del crecimiento económico, no al de la Guerra civil o de la represión. Tengo la impresión de que Franco le dio muy buenos consejos políticos. Al final Franco se quedó casi cuarenta años en el poder, o treinta y pico. Y creo que el rey, que era muy joven príncipe, aprendió muy bien. Estuvo en muy buena escuela. Hay que reconocerlo. A mí me cuesta mucho, porque yo crecí con el odio al franquismo y al mito de los republicanos de la guerra civil. No creo que haya una relación muy familiar o próxima, porque son dos militares, en realidad. Y lo que dice en el libro es que Franco sabía que iba a hacer esa abertura. Eso me costó también aceptarlo. Esa es la versión que tiene el rey. Yo sé que en España no lo aceptan, pero ahí el rey dice que Franco sabía que iba a gobernar de manera diferente. No creo que se imaginara que iba a legalizar el Partido Comunista, tampoco creo que se imaginara ir tan lejos, pero bueno.
Él dice: “Mi objetivo era estar rodeado de líderes políticos democráticos”. Por ejemplo, dice que le costó que Pinochet estuviera más tiempo en España porque le incomodaba esa presencia…
Bueno, es que ya sabía que quería dar otra imagen al mundo. Imagínate estar rodeado de Valéry Giscard d’Estaing o del vicepresidente americano. Claro, daba otra imagen de progreso, de abertura. Y yo creo que había también algo generacional. Él creció con militares que habían hecho la guerra civil, la generación de Franco. Y él era muy joven. Creo que por eso escoge a Suárez, de treinta y pico de años. Son más modernos en la forma de ser, en la forma de aprender las cosas. Creo que había una cosa casi física: el primer gobierno de Suárez estaba lleno de jóvenes como él. Ya estaba harto de tener esa actitud paternalista y un poco rancia de la propaganda de la guerra civil.
Además de ese objetivo de rodearse de líderes democráticos, otro de los principales era ver a España entrar en la Comunidad Europea.
Sí, ese es uno de sus empeños personales. Y creo que ahí toda España estaba detrás de él y apoyándole. Estuvo negociando personalmente con los franceses, con los alemanes. Los alemanes le apoyaron mucho. Para los franceses fue más difícil. Ahí te das cuenta de que el rey es un gran negociador.
Hablemos de ese intento de golpe de Estado, que él dice que fueron tres.
Acaban de salir los archivos. No sé si te enteraste de que el gobierno de Sánchez, para el 45 aniversario del golpe, sacó los archivos. Y que ya se dieron cuenta los españoles, por fin, de que la actitud del rey fue admirable desde el principio. Porque había dudas, rumores… y los españoles gustan mucho de criticar su propia historia.
¿Cómo fue trabajar con él al volver a esas memorias de esa noche del 23 de febrero del 81?
Me habla mucho de algo muy doloroso, una herida personal: la traición de Armada, que era uno de sus colaboradores desde que tenía 16 años. Esa fue traición personal muy fuerte. También me cuenta mucho que, en aquella época, por el terrorismo y las crisis, ETA mataba a muchos militares. El contexto era muy tenso. Todo el mundo hablaba con militares, incluso los socialistas, sobre esa idea de gobierno de unión nacional. Por eso él dice que hubo como tres golpes. Pero yo sigo pensando que él nunca se imaginó que iba a haber un golpe. Sabía que había tensiones, que muchos militares estaban hartos e insatisfechos, pero creo que nunca pensó que iban a llegar a eso.
Quiero preguntarle por los valores que él destaca de los líderes de entonces. Él habla del sacrificio personal por el país. “Por desgracia, hoy en día las cosas son muy diferentes”, asegura.
Sí, yo creo que la suerte del rey es que pudo contar con una generación de políticos que tenían primero el sentido del país antes que su propio éxito personal. Ese sentido se ha perdido, pero no solo en Colombia, en todas partes. También creo que la fuerza del rey es que siempre tuvo una visión a largo plazo para España. Ahora los políticos miran mucho los sondeos y cambian de ideología cada dos o tres años para quedarse en el poder. Es otra dinámica. El privilegio de un rey es que puede tener una visión a largo plazo.
Quiero retomar algo que me parece muy interesante: esto de que un rey no debe tener una ideología política.
Claro. Es garante de las instituciones democráticas que él creó. Pero no puede estar ni de izquierda ni de derecha. Tiene que llevarse bien con todos. Esa neutralidad es fundamental. Incluso en España no puede venir de una región específica, por el tema de los nacionalismos. Él es español, está por encima de los partidos.
Él le da una gran importancia a la cultura. Crea los premios Cervantes y Príncipe de Asturias, por ejemplo…
Se da cuenta enseguida de que hay que valorizar la cultura, que se había quedado un poco atrás en España. Para él es un empeño muy personal. Y hoy en día sus premios son muy importantes. Además, está ese sentido de la lengua hispana que nos une a todos. Con la Real Academia hace ese gran diccionario con todas las academias de América Latina, eso también es muy importante.
Mi interpretación es que una de las cosas que más le pesa es todo lo que tuvo que sacrificar en asuntos familiares.
Siempre se sacrifica para la corona. Cuando decíamos que no es dueño de su destino es porque siempre está la corona encima. Para proteger la corona dice: “Bueno, me tengo que ir”. A pesar de que sea doloroso estar lejos de la familia, de los amigos y de su país, lo hace. Lo hizo. Es siempre todo para la corona. Es como una religión. Es un sacrificio total.
Él dice que su coraza de rey se desvaneció cuando murió su padre. ¿Cuáles fueron los momentos en los que lo vio más humano?
Por ejemplo, cuando cuenta que ofrece a su padre un entierro de rey, aunque él no haya sido rey. Eso emociona mucho. Cuando habla de su familia hay algo muy emotivo. Incluso cuando habla de su abuela, que se ocupó de él en su infancia, o cuando habla de la reina Sofía y de sus hijas. Al final, en esas familias también hay una gran soledad. No pueden confiar en mucha gente, muchos los traicionan. Lo que les queda es la familia.
¿Y por qué llamar el libro Reconciliación?
Buscábamos un término que fuera una buena definición de su reinado. Y yo creo que el rey reconcilió a los españoles e incluso reconcilió a España con el mundo, porque España durante cuarenta años estuvo encerrada en sí misma. Y dio esa abertura. Luego los españoles interpretaron el título de manera más familiar, pero para ser honesta nunca pensé en eso. Era más bien una definición de su reinado.
Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖