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Leni Riefenstahl y las contradicciones de su relación con los nazis (Políticamente artistas)

En septiembre del 39, apenas comenzó la segunda Guerra Mundial, la cineasta Leni Riefenstahl viajó a Polonia como corresponsal. Aunque en un principio aseguró que ni siquiera había sabido sobre la masacre de judíos en Konskie, luego admitió que se había horrorizado ante tanta barbarie. Trece años más tarde, escribió en una carta que su petición al ejército alemán para que desalojara un mercado con el fin de grabar una escena había terminado comprendida como una orden: “desháganse de los judíos”.

Fernando Araújo Vélez

06 de febrero de 2026 - 01:00 p. m.
Ya está disponible en Cine Colombia el documental "Leni Reifenstahl: la cineasta del nazismo", dirigido por Andres Veiel.
Foto: CBC
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En algunos de los borradores que no terminaron publicados en sus memorias, Leni Riefenstahl decía que a los cinco años sus padres la lanzaron a las aguas heladas de una laguna para que aprendiera a nadar. También hablaba allí de normas severas en su casa, y las justificaba con el fin de que su familia pretendía que ella fuera dura, fuerte, como los prusianos en general, que detestaba la debilidad, y en palabras del documentalista Andrés Veiel, valoraba “la cuestión de la supremacía”. Veiel trabajó durante más de 15 años de la mano de la periodista Sandra Sandra Maischberger con el archivo de más de 700 cajas que dejó Refinsthal al morir, en el año de 2002, y produjo una película sobre su vida y su obra, como le explicó a The Guardian en una entrevista, para relatar su historia, sin exculparla, pero sin condenarla.

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LENI RIEFENSTAHL, LA CINEASTA DEL NAZISMO | Tráiler oficial subtitulado | Feb. 5 de 2026 en cines

Como dijo, no pretendía con su película, “Leni Riefenstahl”, mostrar a la protagonista solo como “una nazi repugnante”, sino como un “ser humano”. “Eso la hace aún más peligrosa, porque proviene del centro de nuestra sociedad. Quería comprenderla, pero no eximirla de responsabilidad”, declaró. Él, Maischberger, y un equipo de investigadores, duraron más de seis años analizando las cartas, películas, fotografías, grabaciones y demás documentos que había en su archivo. Al comienzo, una y otra vez se encontró con las mismas entrevistas repetidas y repetidas. Allí, Riefenstahl, palabras más, palabras menos, decía cosas como que sólo la interesaba el arte, y que jamás se había aliado con nadie ideológicamente para hacer su trabajo. Incluso comentó que si Stalin o Dwight D. Eisenhower la hubieran llamado para que realizara un filme, ella habría aceptado.

Su seguridad, su labor de edición en las distintas piezas que tenía en su archivo, cada uno de sus gestos y su forma de actuar ante las cámaras, convencieron por un tiempo y de acuerdo con The Guardian a algunos personajes de su inocencia, o por lo menos, de su falta de “nazismo”. Mick Jagger, Madonna y Quentin Tarantino encabezaban esa lista. Madonna, Tarantino, Jodie Foster, entre varios, afirmaron de una u otra manera que había sido una cineasta genial. Jagger incluso trabajó en los 70 con ella y para ella en sesiones de fotografías que Riefenstahl hizo para el Sunday Times. El debate sobre arte y política, arte y ser humano, fue una constante en la vida de Leni Riefensthal, hasta el punto de que fue cuatro veces juzgada, y cuatro veces exonerada por sus nexos con el nazismo.

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En su primera película para el partido nacional socialista alemán, “El triunfo de la voluntad”, Riefenstahl utilizó cámaras rodantes, fotografías aéreas, perspectivas, primeros planos, planos generales, y mezcló las imágenes que logró captar con la música en una época en la que todo aquello era una absoluta novedad. Según sus propias palabras, “Poco después de su llegada al poder, Hitler me mandó llamar y me explicó que quería un filme acerca de un Congreso del Partido y que quería que yo lo hiciera. Mi primera reacción fue decir que yo no sabía nada acerca del modo en que funcionaba una cosa así o acerca de la organización del Partido, de modo que fotografiaría las cosas equivocadas y no complacería a nadie, aun suponiendo que pudiera hacer un documental, lo que nunca había hecho antes”.

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Ante sus dudas, Hitler le contestó que eso era lo que pretendía. “Dijo que era por esto exactamente por lo que quería que yo lo hiciera: porque cualquiera que supiera todo acerca de la importancia relativa de las personas y grupos y demás podría hacer un filme pedante y exacto, pero que esto no era lo que él quería. Él quería un filme que mostrara el congreso desde un ojo no experto que seleccionara solo lo que fuera artísticamente satisfactorio; en términos de espectáculo, supongo que se puede decir. Él quería un filme que movilizara, atrajera, impresionara a una audiencia que no estaba necesariamente interesada en la política”. En algunas de sus entrevistas, rastreadas y descubiertas para su documental por Andrés Veiel y su equipo, Leni Riefenstahl dejaba escapar cierta nostalgia por los tiempos del nazismo.

En una de ellas, eliminada de sus archivos, pero reseñada en una especie de índice que llevó a los investigadores a buscar entre los viejos periódicos del “Daily Express”, decía que cuando leyó la primera página de “Mi lucha”, quedó fascinada por las ideas nacional socialistas. Con el pasar de los años, cuando la entrevistaban, aseguraba que ella no era política, que no tenía ni idea en los tiempos del nazismo de lo que ocurría, y que sólo le interesaba su trabajo. Entre las cajas con sus trabajos y demás, se hallaban algunas cartas con detalles y narraciones de su época como corresponsal de guerra en Polonia y de su papel en una de las primeras masacres documentadas de judíos. Ocurrió en Konskie, durante los días de septiembre del 39. En primera instancia, Riefenstahl dijo que no había visto el tiroteo.

Luego, admitió que se había horrorizado ante semejante barbarie. En una de sus cartas había una narración detallada con el informe del ejército sobre lo ocurrido. En él, se señalaba que había sido Riefenstahl la que había dado la orden, o quien le había solicitado al ejército que desalojara un mercado en el que estaba trabajando. Sus palabras fueron transmitidas con rudeza y el mensaje llegó hasta el comandante en forma de “Desháganse de los judíos”. Cuando los mercaderes oyeron la orden, salieron a correr, y ahí comenzó el caos. En sus memorias, escribió: “Mientras practico alpinismo en las Dolomitas, comienza la guerra. Como reportera de guerra sigo a la Wehrmacht a Polonia. Después de cinco días en el frente, asisto a una masacre de civiles cerca de Konskie y abandono mi destino”.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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