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Los héroes ya no salvan el mundo (opinión)

El anime ha cambiado a la par de las generaciones actuales. De un optimismo inocente, hemos pasado a una aceptación resignada, lo cual se ha reflejado en los ideales, personalidades y frustraciones de los personajes de anime actuales.

Juliana Vargas Leal

28 de junio de 2026 - 06:30 p. m.
En el anime "Sentenced to be a Hero", el heroísmo es la peor condena que puede recibir una persona.
Foto: Studio Kai
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Si uno se esfuerza lo suficiente, la victoria es inevitable. Goku lo pensaba, Naruto estaba convencido de ello. Quizás los shonen más influyentes hasta el momento inspiraban la idea de que, con sacrificio, todo era posible. Goku fue cada vez más fuerte, Naruto gritó por todo Konoha que iba a ser hokage a pesar de no ser el más fuerte, el más hábil, el más popular. Esta es una idea que resuena. A pesar de nuestros defectos y nuestras debilidades, si Naruto fue hokage, si Goku se ríe con la boca llena y sube al siguiente combate como si fuera un juego, por qué nosotros no podemos cumplir nuestros sueños.

La disciplina y la constancia son la clave del éxito, dicen todo el tiempo Goku y Naruto con sus acciones y su optimismo invencible.

Sin embargo, algo se rompió.

Primero fue Edward Elric, si queremos buscar un ejemplo del eslabón que comenzó en la confianza de la victoria y terminó en la aceptación de la desgracia. El protagonista de Fullmetal Alchemist es vital, terco, gracioso a partes y lleno de fuerza. Tiene chispa, ego y ganas. En la superficie, Edward Elric brilla tal como el saiyajin sin cola de mono que, poco a poco, recupera toda su potencia y el ninja que hace de un zorro demoniaco el gran aliado con el que salva los Cinco Grandes Países Shinobi. Pero la fuerza no es lo que precisamente define al alquimista de acero.

La culpa que Edward Elric lleva dentro nunca se va, todo lo contrario, forja su personalidad y su perspectiva de ver el mundo. La serie entera arranca con un pecado mortal –dos niños que intentan resucitar a su madre muerta y, por esa transgresión, uno pierde el cuerpo entero y el otro pierde una pierna y un brazo—. Ed carga literalmente en su cuerpo mutilado las consecuencias de haber querido jugar a ser Dios. Su cuerpo es a su vez el mapa de su culpa y si Ed lucha, no lo hace por la victoria, la superación o la necesidad de ser reconocido, lo hace sencillamente para reparar el daño que causó.

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En Fullmetal Alchemist, a diferencia de Dragon Ball Z o Naruto, existen límites que ni siquiera un héroe puede sortear. La alquimia rige ese mundo y la ley que rige a su vez la alquimia es aquella según la cual no puedes obtener algo sin entregar algo a cambio. Aquí, el esfuerzo no es garantía de nada y ciertas cosas simplemente no se pueden deshacer. Fullmetal Alchemist es el paso del “todo es posible” a “todo se paga”.

Y luego, llegó la desilusión. En Attack on Titan, Eren Jaeger es la víctima que quiso liberar a la humanidad y terminó convirtiéndose en su mayor verdugo. Agotado de un mundo que no le dio una salida limpia, se desprendió de los ideales que tenía en un principio, se sacrificó a sí mismo, se rindió y se entregó a la maldad con la esperanza de que sus seres queridos tuvieran una vida tranquila. Eren Jaeger murió lleno de odio y tristeza, a diferencia de lo que en un principio esperaríamos del héroe de una serie shonen.

En Jujutsu Kaisen, Yuji Itadori lucha en un juego macabro que no escogió, cargando en su cuerpo una maldición que eventualmente lo destruirá. El final de Itadori, al menos el que él imagina, está falto de felicidad. Yuji lucha porque no tiene otra opción. Por su parte, Kento Nanami es el adulto que renunció a un trabajo de oficina para volver a un oficio que sabe que lo matará. Nanami no renunció porque ser hechicero fuera su pasión o sueño, lo hizo porque al menos le daba algún propósito a su vida. Sin embargo, siempre se sintió abrumado. En un comienzo había renunciado a la hechicería al ver morir a un compañero. Se preguntó qué sentido tenía sacrificar vidas por un problema que nunca terminaba e intentó tener una vida supuestamente tranquila y con certeza. Un café a las 7:30 a. m., un trabajo de 8 a. m. a 5 p. m., una comida en casa. No funcionó, por supuesto que no. La hechicería, por lo menos, le daba un propósito; pero la frustración nunca se fue. Cuando una maldición finalmente lo mató, como sabía que iba a suceder, se vio a sí mismo en una playa totalmente tranquilo. La muerte lo liberó de su carga.

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Sentenced to be a Hero va incluso más allá. El heroísmo es la peor condena que alguien puede tener en este universo. A los peores criminales se les ejecuta, se les revive y son condenados a ser héroes por siempre, o más bien, carne de cañón. Si vuelven a morir, son resucitados de nuevo y, cada vez, van perdiendo una parte de su alma y recuerdos hasta tornarse en máquinas de guerra.

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El común denominador entre ellos es que la muerte es inminente y, sin embargo, los héroes no son personajes destruidos. Siguen peleando, se levantan, entran a la batalla, hacen lo que hay que hacer. Pero lo hacen sin la sonrisa, sin la certeza, sin la fe en el final feliz. Pelean como quien cumple un deber del que ya no espera recompensa. En otras palabras, los héroes actuales son hijos de Sísifo, el héroe condenado, el que carga una roca hasta la cima de la montaña sólo para verla volver a rodar hasta abajo. El castigo es el esfuerzo absoluto a cambio de la nada, es un castigo perfecto en su crueldad, pero el filósofo Albert Camus cree que hay que imaginarse a Sísifo feliz. Ese momento de lucidez en el que Sísifo ve la piedra caer y acepta que su tarea es inútil es también un momento de liberación. Es el momento en el que decide que el sentido está simplemente en empujar.

De alguna forma, hemos pasado de ser Goku y Naruto a ser Nanami. Se nos prometió el mundo si nos esforzábamos, pero el mundo no llegó. La rutina, los fracasos que son inevitables en la vida, la cuenta del arriendo, el cambio climático a pesar de un reciclaje fútil, la desesperanza que de vez en cuando se asoma como la pesadilla que nunca se va. En suma, querer ser hokage no es suficiente, y ahí es donde levantan la mano héroes como Yuji y Xylo Forbatz, de Sentenced to be a Hero. La actualidad es la muerte del optimismo, pero de todos modos se levantan.

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Es una extraña forma de consolar aquella. En lugar de abrazarse al cinismo y dejar la roca al pie de la montaña, siguen salvando los escombros que quedan. Los héroes actuales son los que dejaron la inocencia en la que se quedaron eternamente Goku y Naruto.

Quizás es por esto que el anime, poco a poco, está dejando de ser algo de nicho, pues se ha vuelto el espejo de una época. Ya no dicen que todo saldrá bien al final; nos dicen, en cambio, que no hay otra opción más que seguir sin la certeza del triunfo. Son más cercanos a la realidad, pero, por fortuna, si hay que imaginárselos felices, a nosotros también.

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