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El regreso de las creadoras de “Fullmetal Alchemist” e “Inuyasha” (Opinión)

Dos nuevas series que se estrenaron recientemente nos recuerdan que el ánime (y todo producto de animación) no puede reducirse únicamente a un género infantil.

Juliana Vargas Leal

10 de abril de 2026 - 02:10 p. m.
"Daemons of the Shadow Realm" es una serie de ánime basada en el manga homónimo de Hiromu Arakawa.
Foto: Hiromu Arakawa/SQUARE ENIX, Project TSUGAI
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El pasado 4 de abril, con puntualidad casi ceremonial, dos de las mangakas más importantes de la historia del medio estrenaron sus nuevas series de anime el mismo día. Rumiko Takahashi, la creadora de “Inuyasha” y “Ranma ½”, llegó con “MAO”, una historia que cruza la Era Taishō con el Japón contemporáneo a través de una joven y un exorcista maldito de hace novecientos años. Por su parte, Hiromu Arakawa, la mente detrás de “Fullmetal Alchemist” –quizás el manga más citado de toda una generación–, presentó “Daemons of the Shadow Realm”, una fantasía oscura sobre gemelos separados, profecías y espíritus protectores.

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La lectura fácil de tales estrenos se traduce en nostalgia empaquetada. El reciclaje de un fandom ya construido, propiedad intelectual reconocida, la misma maquinaria que llevó al éxito a las anteriores creaciones de las mangakas. En efecto, al ver el primer capítulo de cada serie, el espectador se topa con reminiscencias de lo que fueron “Inuyasha” y “Fullmetal Alchemist”. Una estudiante de colegio que viaja por el tiempo, un hombre de cabello plateado que la recibe entre monstruos a los que debe eliminar; un personaje principal casualmente parecido a Edward Elric, una historia fundamentada en la relación entre dos hermanos. A primera vista, las nuevas series parecen ser tanto una continuación como una alternativa a lo que ya tuvo éxito hace veinte años.

Sin embargo, lo que Takahashi y Arakawa han construido a lo largo de décadas no es solo entretenimiento con buena memoria emocional; es literatura con reglas propias. A pesar de que se puede observar que, ciertamente, “Inuyasha” y “Fullmetal Alchemist” son inspiraciones de estas nuevas creaciones, “MAO” es una obra más contenida que “Inuyasha” y más oscura en su textura. Su exploración ya no es la maldición como obstáculo narrativo, sino como condición existencial del héroe. “Daemons of the Shadow Realm” invierte lo que se exploró en “Fullmetal Alchemist”. Ya no se trata de dos hermanos en busca de un poder para luego rechazar la Verdad, y así, ser mortales en lugar de dioses a cambio de un sacrificio imposible. Ahora, aquellos hermanos se odian, ni siquiera se conocen, y desde una ambigüedad moral que apenas se insinuó en “Fullmetal Alchemist”, Arakawa explora la familia, el deber de corresponder a nuestros seres queridos y qué justifica el sacrificio de otro.

El anime lleva décadas siendo un canon paralelo, ignorado por buena parte de la crítica cultural que todavía asocia la animación con la infancia o con el consumo masivo sin profundidad. No obstante, en los últimos años, se ha visto cierto auge del anime en el público juvenil y adulto. Esto quizás se debe a que este producto, aunque animado, no es infantil, y la generación que creció con “Fullmetal Alchemist”, “Inuyasha” y otras series de anime hoy en día son adultos que ya han construido sus categorías éticas y estéticas.

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Son adultos que escriben, dirigen, enseñan y aprenden desde lugares que habitaron mientras crecían. Por ejemplo, cuando Arakawa creó “Fullmetal Alchemist”, también construyó filosofía en formato accesible. Convirtió el mundo de las ideas de Platón en un universo en el que los alquimistas, en lugar de los filósofos, buscan la Verdad, el Conocimiento, el Todo. Cuando Arakawa puso a Edward Elric frente a la pregunta de si el conocimiento justificaba el sacrificio humano, no hizo entretenimiento juvenil, sino una nueva forma de reflexionar sobre los fundamentos de la vida humana.

Así, el pasado 4 de abril, dos mujeres japonesas en una industria históricamente dominada por hombres nos recordaron que hay formas de contar historias que no envejecen, pues no dependen de la tendencia, sino de la construcción de los personajes y su universo. Si bien puede alimentarse de nostalgia, también es literatura y cultura.

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