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En el marco del Festival Gabo, que culminó su decimocuarta edición el pasado domingo 26 de julio, Natalia Santa, quien estuvo a la cabeza del grupo de guionistas para la segunda parte de la serie “Cien años de soledad”, conversó con el escritor Giuseppe Caputo y la historiadora Diana Uribe sobre cómo la historia colombiana atraviesa la novela.
Santa afirmó que para lograr el guion de esta segunda parte trabajó con Camila Brugés, José Rivera y María Camila Arias para la escritura. Sin embargo, su labor también incluyó estar en comunicación constante con los equipos de dirección, de diseño de vestuario y el equipo de diseño-producción.
Según reveló, lo primero que les entregaron fue un dossier hecho por el equipo de diseño de producción, en el que “había una especie de juego de video en el que tú te podías meter por ese diseño de Macondo y ver cómo estaba la primera etapa del pueblo cuando apenas lo fundaron y cómo va creciendo con el tiempo”. Esta investigación ayudó al equipo de guionistas a tomar decisiones sobre lo que podían adaptar y lo que no, y cómo llevarlo a los espacios que ya estaban construidos y a los que se iban a crear.
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“Teníamos la única directriz de crear máximo 16 episodios, dos temporadas de 8 episodios cada una, y que fuera narrada linealmente. En lo demás podíamos ser libres en la adaptación, sobre lo que contábamos y lo que no, porque no cabía toda la novela y todo el texto tampoco era susceptible de ser transformado al lenguaje audiovisual”, contó.
Un punto que tocó la historiadora Diana Uribe en la conversación estuvo relacionado con el concepto de las “guerras eternas” y cómo el coronel “se pierde en las guerras”. “El coronel se involucra por un acto mínimo de justicia social, pero la guerra lo devora y lo ciega. Se hablaba de las 40 guerras civiles que peleó y perdió. Esto hace alusión a la cantidad de guerras que hemos atravesado para formar proyectos históricos; en algún momento ese ciclo tiene que terminar porque, si no, se convierte en lo que estamos viendo ahora en los noticieros con las guerras eternas. El coronel se pierde ahí”, afirmó Uribe.
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Santa resaltó que este personaje “representa muy bien la violencia endémica en Colombia y cómo convierte a estos chicos en guerreros”. Una de las estrategias que usaron fue estructurar la adaptación alrededor de los arcos de personaje para la narración. “Ese niño roto que se encierra en un taller de platería y que va creciendo tímido y antisocial, de repente empieza a verse atravesado por la historia. Este mundo mítico de Macondo le cae encima con la historia y el tiempo cuando llegan la política, Moscote y el gobierno conservador”, dijo. Para los guionistas, el coronel fue la columna vertebral de la primera temporada y buena parte de la segunda.
El realismo mágico y cómo lo abordarían fue uno de los retos de contar la historia. No implicaba solo decidir qué se podía traducir a la pantalla, sino qué era posible hacer en producción. Una de las características de las que más hablaron en el proceso fue lo cotidiano del realismo mágico de García Márquez.
“Teníamos el reto de representar esa magia que para nosotros era más una poética de la realidad desde lo cotidiano. El hilo de sangre, la canastilla, el ascenso de Remedios, las mariposas amarillas, en fin. Y cómo hacer poética de lo cotidiano para que se sienta mágico. Lo que queríamos, sobre todo, era poner esos momentos de realismo mágico dentro de una historia potente en términos de realismo histórico en Colombia”, afirmó Santa.
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La presencia del realismo mágico salta por fuera de las páginas o la pantalla. Como recalcó Uribe, este concepto hace parte de nuestras vidas, ya que, según explicó, en América Latina hay una relación amplia con lo onírico y lo espiritual.
Más allá de estas apreciaciones, la historia de Colombia y el mundo también se ve reflejada en el mundo audiovisual, a partir de lo que escribió García Márquez. El debate por la creación de la jornada laboral de ocho horas en Macondo, la llegada de la industria bananera y las luchas sociales confluyen en esta segunda parte. “En la serie, esto está hecho con tal fidelidad histórica que es casi documental, sin dejar de ser en ese universo delirante macondiano, porque el pliego es exactamente el pliego que se pasó en la realidad en la bananera”, contó Uribe.
La guionista contó que ella estuvo a cargo de la escritura del episodio de las bananeras y que con Laura Mora, la directora, estuvieron de acuerdo en que la representación debía ser lo más fidedigna posible. “Muchas cosas que están insertas en la novela pueden parecer exageraciones y pueden parecer mito, pero la masacre de las bananeras no lo fue. Hay documentos que certifican la participación del gobierno de Estados Unidos. Nuestro propio ejército disparó contra los trabajadores; en defensa de los intereses norteamericanos, que estaban pidiendo los derechos básicos de los primeros movimientos sindicales”, aseguró.
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