“Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia”. Con esa cita atribuida a George Washington y una imagen de las Escrituras marcada con el sello del movimiento político Defensores de la Patria, la ministra entrante de las Culturas, Paola Holguín, volvió a dejar ver en su cuenta de X la impronta ideológica con la que asumirá el cargo. Sin embargo, horas después de conocerse el trino, el columnista Rodrigo Uprimny le cuestionó la relación de Washington con esa frase.
El trino, publicado este 2 de agosto, refuerza una idea en la que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha insistido y que volvió a poner sobre la mesa el pasado 17 de julio, cuando anunció que Holguín estaría al frente de esa cartera: la “batalla cultural”. Desde ese día, la expresión, que hoy resuena en los discursos de gobiernos y movimientos de derecha en Estados Unidos, Argentina y El Salvador, tomó fuerza en el debate nacional.
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En el video en el que anunció a la nueva ministra, De la Espriella fue explícito: ella “es la guerrera que está lista” para dar esa pelea. Con ese nombramiento, el gobierno entrante llevó al centro de la discusión un concepto que tiene raíces en el pensador marxista italiano Antonio Gramsci.
El teórico sostenía que el poder no depende solo de las leyes o de la fuerza, sino también de la capacidad de moldear la forma en que una sociedad entiende el mundo. Desde esa mirada adquiere relevancia la idea de la “hegemonía cultural”, otro de los conceptos de Gramsci que ayuda a explicar cómo las clases dominantes buscan imponer —o naturalizar— sus valores, creencias e identidad como la única visión de sociedad válida.
En su libro La batalla cultural. Reflexiones críticas para una nueva derecha (2022), el politólogo argentino Agustín Laje plantea que la cultura no es solo el terreno donde se libra esa disputa, sino también la herramienta con la que se libra: “No es simplemente el fin de una batalla cultural, sino también su medio”. Para Laje, los cambios sociales pueden originarse en distintos ámbitos —político, económico, militar, familiar—, pero una batalla cultural busca específicamente promover un cambio o resistirlo.
En el proyecto político del presidente electo, esa disputa se traslada al terreno de la moral y la religión. Su discurso ha estado marcado por referencias católicas para reivindicar los valores tradicionales y cuestionar las agendas progresistas.
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A De la Espriella no solo se le ha visto rezar en actos públicos y hablar de su conversión religiosa. También ha hecho de la defensa de la “familia tradicional”, uno de los ejes de su idea de la Patria Milagro, un eslogan que también carga una connotación religiosa. Su postura quedó resumida en el video de presentación de Holguín: “Colombia necesita a las valientes para volver a los valores que aportan a la cultura; para retomar el camino de lo correcto sobre lo incorrecto”.
Ese discurso tiene puntos en común con el de líderes como Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele, quienes han convertido la religión en una de las banderas de sus proyectos políticos. De hecho, fue justamente con la elección del actual presidente estadounidense que se reafirmó esa idea de la “batalla cultural de derecha”, explicó la columnista de El Espectador Laura Galindo en un texto publicado el pasado 24 de julio.
Galindo recordó que ese último concepto fue consolidado por el filósofo francés Alain de Benoist, quien le dio la vuelta al planteamiento original de Gramsci y sostuvo que los antes señalados como opresores empezaron a presentarse como oprimidos, en busca de restablecer valores que –según su relato– les habían sido arrebatados.
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El giro planteado por De Benoist es, precisamente, el marco discursivo que hoy se perfila como el norte de la agenda cultural de De la Espriella. Se trata de una moralidad que reivindica valores presuntamente perdidos y que lo alinea con los modelos políticos que se han convertido en una tendencia en el mundo.
Paola Holguín se reconoce como una mujer devota. Hasta “rezandera”, dijo en una de sus entrevistas cuando le preguntaron cada cuánto rezaba el rosario y ella contestó que diariamente. Sus hábitos religiosos ahora son un tema de conversación por el concepto de “batalla cultural” que usó el presidente entrante en su presentación como funcionaria, pero también por el sector que liderará: escritores, músicos, bailarines, coreógrafos, directores de cine, artesanos y demás profesionales de disciplinas que, históricamente, se han dedicado a cuestionar el discurso “oficial” o establecido.
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