7 Feb 2020 - 1:15 a. m.

Santiago Uribe, el niño que no quería jugar con carritos

El artista Juan Santiago Uribe (Medellín, 1978) está interesado en la mezcla de materiales y objetos, como lo exhibe en la Galería de la Alianza Francesa, en el Centro de Medellín, hablando de diversidad y libertad, mientras reflexiona sobre sus vivencias pasadas.

Daniel Grajales

Una Mujer Maravilla se ve imponente y poderosa en la superficie de una escultura. Su dorso está ubicado en la cima de una base asimétrica, básicamente un collage de diferentes tipos de porcelanas, como si se tratara de una especie de candelabro que al final luce la figura de ese juguete infantil femenino, con el que muchas niñas de décadas recientes han jugado. Su maquillaje, su cabello perfectamente peinado y los brillantes colores de su atuendo (azul y rojo con toques dorados) cuentan una historia íntima, pasada, que abre las puertas al universo personal del artista antioqueño Juan Santiago Uribe, formado en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Medellín.

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Y es que, cuando llega la hora de explicar de qué se trata esa manera de hacer esculturas de mediano formato, o por qué eligió juguetes “para niñas”, el creador vuelve a su hogar, a su infancia, para recordar las dificultades de haber elegido los juguetes de su hermana, siendo un niño; porque no quería jugar con carritos, sino con ponis de largas melenas, muñecas o dulces figuras del universo Disney. Por ello, ha titulado Taxonomía del hogar la muestra que tiene abierta al público hasta el 15 de febrero, en la Alianza Francesa Medellín sede Centro.

“Había venido recogiendo objetos, juguetes, porcelanas. Los compraba cuando viajaba, o cuando iba al Centro de la ciudad, viendo elementos muy interesantes. En 2011, hice una residencia en el Cubo X de Casa Tres Patios, lo cual me permitió ver que tenía muchos objetos y estaba colapsado con el material, eso me motivó a cuestionarme el por qué estaba recogiendo dichos objetos. Detecté que los objetos los venía recogiendo porque, cuando yo estaba pequeño, me fascinaban los juguetes de mujer, los juguetes de mi hermana, lo que generaba cierta discordia en mi casa, con mis papás, quienes me decían que no debía jugar con el poni, que debía jugar con carritos”, relata el artista, quien deja ver sus variables intereses en esta exposición, en la que prima la mezcla de diversos materiales y figuras, lo que él ha descrito como “comentarios visuales acerca de los diferentes comportamientos humanos”.

Uribe reflexiona sobre sus decisiones de coleccionista de objetos, entendiendo que “muchos de los juguetes que he estado recogiendo en este tiempo tienen que ver con juguetes que quería tener cuando era niño”, en lo que define como “un proceso de psicoanálisis y de sanación”, en cuanto pudo “volver a la infancia, dejando ir el pasado”.

Entonces, como una suerte de casa de muñecas, en la que cada objeto está puesto con una razón estética y emocional junto al otro, el visitante puede apreciar tres “cuadros” que, al ver de cerca, puede descubre que son cajas de objetos, dispuestos por armonías, por oposición o por similitud. En ellas hay pequeños elefantes de plástico, tacones de muñecas en miniatura, piedras brillantes, legos y tarros de poppers, entre decenas de objetos de micro formato. Es una fantasía de colección, en la que se puede entender que el creador es un amante del collage, técnica que explora constantemente cuando trabaja el grabado, o cuando diseña toallas y camisetas, aunque en este caso exhibe solo lo objetual, el cómo los objetos, con su tridimensionalidad, toman sentidos para narrar relatos.

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Podría afirmarse que Juan Santiago Uribe es un diseñador de estéticas cargadas de su pasado visual. Por ello, las esculturas centrales de la muestra, puestas sobre pedestal, cuentan paralelamente otra historia personal, que tiene que ver con las porcelanas de su abuela: “Las porcelanas aparecen porque, cuando estaba pequeño, me dejaban donde mi abuela, en una casa llena de porcelanas. Era para mí una frustración pasar el fin de semana allá, sin juguetes, con las porcelanas y lo prohibido, porque no podía tocarlas”.

Dice la psicóloga social Sandra Milena Quintero, en el texto curatorial de la muestra, que este proyecto le sirve al artista para “cuestionar el orden social, el cual ha querido categorizar lo que es normal de lo anormal, y que niega la diferencia en la diversidad como condición inherente al ser humano”, concluyendo que “a partir de objetos materiales descontextualizados, pero seleccionados por la memoria, en estructuras verticales, el artista crea nuevas formas que son reconfiguradas con un tinte estéticamente seductor”.

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