El Magazín Cultural

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22 May 2022 - 11:10 p. m.

Sara Bertrand: “Las mujeres llevamos escribiendo desde el día uno”

La escritora chilena estuvo en el sexto Festival épico de Barranquilla. Una entrevista sobre literatura infantil, las huellas de la dictadura y feminismo.

Kirvin Larios

Para Bertrand existe “un choque de visiones” entre el mundo infantil y adulto, pero ese choque, lejos de resultarle intimidante, le parece fecundo: “es una oportunidad de encuentro”.
Para Bertrand existe “un choque de visiones” entre el mundo infantil y adulto, pero ese choque, lejos de resultarle intimidante, le parece fecundo: “es una oportunidad de encuentro”.
Foto: Archivo particular

No es extraño encontrar en los libros de Sara Bertrand (1970) una niña o niño que escucha una historia, la articula, la comenta o la transforma según su deseo. En la escritura de Bertrand el público infantil es un interlocutor permanente: los niños son a la vez personajes y lectores, así como los lectores son personajes que se introducen en los libros y los cambian. Sus textos —de gran fuerza testimonial— nos conducen sobre el relato evidenciando las formas en que se manifiesta una escucha: con atención, con escepticismo, con creatividad.

En obras como La mujer de la guarda (Babel Libros), La memoria del bosque (Cataplum Libros) o Álbum familiar (Ediciones El Naranjo), Bertrand, que también es periodista e historiadora, propone argumentos marcados por lo familiar, lo político y lo social, muchas veces con insistencia en el diálogo, la oralidad y la memoria compartida como camino para profundizar historias personales o tradicionales.

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Para Bertrand existe “un choque de visiones” entre el mundo infantil y adulto, pero ese choque, lejos de resultarle intimidante, le parece fecundo: “es una oportunidad de encuentro”.

La escritora nacida en Santiago de Chile respondió estas preguntas a pocos días de su participación en el Festival épico 2022, que del 12 al 15 de mayo, tras dos años de agenda virtual, volvió a llevar a cabo una programación presencial en Barranquilla. Hasta el día 31, el evento enfocado en la literatura infantil y juvenil que organiza la Fundación Círculo Abierto desarrollará otra programación —digital— a través de sus redes sociales.

En libros suyos como “La memoria del bosque” o “La mujer de la guarda” (premio New Horizons de la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2017) hay una preocupación compartida: la de cómo se transmite una historia y qué efectos produce, sobre todo en los niños. ¿Por qué le interesan los niños como interlocutores de una narración frente a la que se muestran escépticos y no sólo curiosos?

Diría que ninguno de estos libros tiene una preocupación “precisa”. Pensar la literatura así, es decir, escribir “para” sería comandar qué debo escribir y por qué hacerlo y eso es tan ajeno a la literatura como a cualquier arte o forma de expresión. En mi caso personal, no tengo ninguna preocupación especial por la infancia, excepto, la de procurarles una formación digna, un espacio de conocimientos que les permita expandir sus mentes y desarrollar pensamiento crítico desde pequeños, porque crecen y si uno piensa que niñas y niños maduran por osmosis, estamos fritos.

Ahora, me interesan los interlocutores infantiles desde siempre. Si escucháramos a niñas y niños, si prestáramos oído a ancianos, marginados, subalternos, los que no tienen derechos, los que lo perdieron, ¡uf!, nuestra sociedad sería tan distinta. Niñas y niños ordenan el mundo de una manera que es difícil para los adultos y ese choque de visiones siempre es una oportunidad de encuentro. Entonces, la voz infantil se cuela en La memoria del bosque y en La mujer de la guarda, porque ambas historias están ancladas a ese universo y es bonito pensar que suenan creíbles o verdaderas, porque eso es lo que uno quiere lograr al escribir, generar ese pacto de ficción, y que el lector sienta que esa historia es verdadera.

Hay una escena escalofriante en “Álbum familiar”: la narradora cuenta que en su infancia, junto con otros niños, ven a un hombre perseguido por los militares, y para evitar que lo encuentren mienten. “… Nosotros estábamos dispuestos a asegurar la verdad de nuestra mentira”, dice. ¿Qué significa educarse y crecer en medio de la dictadura (o de su sombra)?

Como cualquier momento oscuro en la historia de la humanidad, niñas y niños, adolescentes y jóvenes, sobreviven, siempre sobreviven, y lo hacen sorteando la noche, escurriéndosele por el costado. La dictadura fue un período triste, oscuro y ruin, pero sus secuelas para mi generación vinieron después, es decir, nos convertimos en adultos que agotaron la energía política muy tempranamente, porque la gastamos casi toda en la calle protestando, pidiendo libertad y verdad, saber qué había pasado con los desaparecidos, eso, políticamente hablando, nos hizo envejecer más rápido, somos una generación ausente en los cargos de poder. Pero esto lo descubres con la perspectiva del tiempo; durante ese período, en cambio, fuimos niños, después adolescentes y más tarde jóvenes y como tales, estábamos comprometidos con la vida, en el sentido más amplio posible, y eso implica querer vivirlo todo, sentirlo todo. Entonces, junto al horror, las horas de luz.

“No me gustan las mamás, porque las mamás se mueren”, dice el hermano de la protagonista en “La mujer de la guarda”. ¿Hablar de la muerte sigue siendo tabú en la literatura infantil? ¿De qué temas ‘difíciles’ hace falta hablar en la literatura para niños?

Las mamás se mueren, nos guste o no. Aunque quieras a la tuya o la odies, el hecho insalvable es que mueren, algunas antes, otras después, entonces, no veo por qué no podemos hablar de la vida misma con niñas y niños. Los temas difíciles no existen, existe la vida manifestándose en toda su expresión y uno debe, como persona que vive, digerirla, intentar entenderla y, quizás, narrarla y esa posibilidad se la debemos a nuestras hijas/hijos y ese es el puente que hacen los libros, establecen un canal por donde es posible hablar de aquello que nos parece difícil, incluso, imposible de elaborar, porque permanece en el ámbito de los sentidos. ¿Por qué la literatura infantil debería restarse de hablar de los acontecimientos de la vida?

En los álbumes ilustrados la relación entre dibujo y texto trasciende lo visual y lo escrito, pues se mezclan y se leen juntos. En su caso, ¿cuándo sabe que un texto llevará imágenes hechas por un ilustrador o ilustradora? ¿Qué tan arduo es este proceso?

Es bastante intuitivo, uno sabe cuándo un libro requiere otro lenguaje que acompañe los silencios, por ejemplo. En todo caso, ese tipo de decisiones, generalmente, las toma el editor y el libro comienza ese camino precioso de transformarse en una historia que surge como algo íntimo, escrita en soledad, a un objeto que se trabaja colectivamente.

En los últimos años, el canon literario tradicionalmente masculino se ha ido transformando con las conquistas del feminismo, que ha impactado en la literatura con el rescate de autoras marginadas y la inclusión de más mujeres en los catálogos editoriales. ¿Cree que a raíz de ello se está propiciando la consolidación de un nuevo canon, o bien se está rompiendo la misma noción de canon como paradigma que ordena, prescribe y establece lecturas?

El feminismo, que quede claro, no es una lucha “contra” los hombres, es decir, las escritoras no estamos buscando pelear ningún espacio que no esté siendo habitado por nosotras desde siempre. El hecho de que la llamada literatura universal se esté acomodando a la realidad real, es decir, incorporando en el canon a las mujeres, me parece más que nada un acto de sensatez, porque nosotras llevamos escribiendo desde el día uno.

En el Festival épico 2022 participan varias editoriales independientes de Colombia, muchas de las cuales le apuestan a títulos o catálogos de literatura infantil y juvenil. A propósito también de una de sus charlas en el Festival, ¿cómo ve el panorama editorial de los libros para niños y jóvenes en Latinoamérica?

Bueno, mi charla no tiene tanto que ver con catálogos editoriales ni títulos específicos, sino más bien con nuestro territorio, es decir, cómo nos ubicamos, latinos todos, en el canon de la llamada literatura infantil y juvenil universal, cuánto apostamos por dialogar sobre nuestras fricciones, nuestras lenguas, nuestros espacios culturales físicos, tangibles, pero también sobre nuestros imaginarios, porque Latinoamérica no es Europa y, muchas veces, damos más espacio a los temas comandados desde el primer mundo que a los propios y urgentes que nos aquejan.

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