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Decenas de obras maestras marítimas de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes de Odesa, evacuadas al inicio de la invasión rusa, se exhiben por primera vez desde febrero de 2022 en una exposición que revela los esfuerzos ucranianos por recuperar el legado de los pintores Iván Aivazovski y Arjip Kuindzhi en medio de la lucha en curso por el control del mar Negro.
La exposición, titulada “El mar: más allá del mar”, la acoge la Galería de Arte Zenyk de la ciudad occidental de Leópolis, una urbe relativamente más segura que la sureña Odesa, que ha sufrido intensos bombardeos y ya ha atraído a más de 47 000 visitantes.
En ella se exponen 110 obras de 65 artistas que abarcaban desde el siglo XIX hasta el XXI, incluyendo paisajes marinos de Aivazovski y Kuindzhi, junto con respuestas contemporáneas al papel del mar en la vida en tiempos de guerra.
“Es una sensación incomparable ver estas pinturas volver a ver la luz después de tanto tiempo”, declaró Yulia Tomashevska-Harachuk, investigadora jefe del Museo de Odesa.
Miles de piezas del museo fueron evacuadas apresuradamente de Odesa en los primeros días de la invasión, cuando la ciudad portuaria se enfrentaba a la amenaza de ser capturada por Rusia.
La exposición se centró en el profundo significado que tiene el mar en la identidad ucraniana.
“Para los habitantes de Odesa y del sur de Ucrania, el mar ha sido una parte inalienable de su vida, proporcionándoles trabajo, ingresos y alegría, pero también siendo en ocasiones una fuente de molestias, miedo y ahora peligro”, afirmó Tomashevska-Harachuk.
Tomashevska-Harachuk fue una de las residentes que llenó sacos de arena en las playas para proteger los monumentos cuando los buques de guerra rusos se vislumbraban en el horizonte a principios de 2022, antes de que comenzara la invasión rusa.
Ucrania resiste en el mar Negro
Desde entonces, Ucrania ha logrado hacer retroceder a la Flota del Mar Negro de Rusia mediante ataques con drones y misiles.
Esto ha permitido que Odesa se mantenga como la puerta marítima vital del país, especialmente tras la pérdida de puertos del mar de Azov como Mariúpol y Berdiansk, aunque sufriendo ataques aéreos casi a diario, pues Rusia no renuncia a sus planes de cortar el acceso de Ucrania al mar.
Los edificios del museo han sufrido daños, lo que hace imposible por ahora la devolución de las obras evacuadas.
La lucha por el patrimonio cultural
Paralelamente al conflicto militar por el mar, la exposición subraya el amplio esfuerzo de Ucrania por recuperar a Aivazovski y Kuindzhi, famosos por su magistral representación del mar y la luz, de la apropiación cultural rusa.
Durante décadas, Rusia los ha presentado, junto con docenas de otros artistas de renombre, como figuras esencialmente rusas, restando importancia a sus vínculos con las tierras y las identidades ucranianas.
Desde 2022, las fuerzas rusas también han saqueado sus obras de los museos de Mariúpol y Jersón, trasladando muchas de ellas a la Crimea ocupada o a Rusia.
“Aunque Ucrania formaba parte entonces del Imperio ruso, era una colonia, eso no convierte a estos pintores en rusos”, subrayó Tomashevska-Harachuk.
Aivazovski (de origen armenio) y Kuindzhi (de raíces griegas) pasaron gran parte de sus vidas en lo que hoy es el sur de Ucrania ocupada: Crimea y Mariúpol, en los mares Negro y de Azov.
Aunque son famosos en todo el imperio y a nivel internacional, muchas de sus obras -incluida hasta la mitad de la producción de Aivazovski y la icónica “Noche de luna sobre el Dniéper” de Kuindzhi- representan realidades y paisajes ucranianos, según los estudiosos locales.
“Eran pintores ucranianos porque eligieron serlo”, subrayó Yulia, que recordó que su “afinidad” y “amor” por Ucrania están bien documentados.
Nostalgia y esperanza
Oksana Hnatishin, directora de la Escuela de Arte de Mariúpol, trasladada a Leópolis por la ocupación, declaró que, independientemente del lugar y el tema que pintara Kuindzhi, sus obras evocan los familiares paisajes costeros de su juventud en la ahora ciudad ocupada por Rusia.
Al igual que Kuindzhi, que más tarde se trasladó a San Petersburgo para recibir una educación formal, muchos artistas y estudiantes desplazados recurren a la temática marina, pues echan de menos el mar y vuelven a la pintura como terapia.
A pesar del dolor que siente cada vez que se menciona su ciudad natal, la exposición ha despertado la esperanza en Hnatishin.
“Quiero ver Mariúpol en mi vida, no como un recuerdo, sino como una presencia viva”, subrayó.
El futuro de su ciudad está actualmente en el limbo, pues Ucrania carece de fuerzas para recuperar las costas ocupadas y se enfrenta a una presión cada vez mayor para aceptar su pérdida.