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Juan Andrés Mejía, experto en enfermedades cerebrovasculares

El radiólogo neurointervencionista, de la Fundación Santa Fe de Bogotá, habla de las implicaciones para un paciente que sufre este tipo de morbilidades, qué hacer y cómo prevenirlas.

14 de marzo de 2022 - 02:00 a. m.
Juan Andrés Mejía estudió Radiología y Radiología Neurointervencionista en España y Francia. / Archivo particular
Juan Andrés Mejía estudió Radiología y Radiología Neurointervencionista en España y Francia. / Archivo particular

¿Por qué se apasionó por la medicina y la radiología?

La sola idea de poder tratar las profundidades del cerebro y en general del cuerpo humano sin necesidad de practicar una cirugía es, desde todo punto de vista, fascinante. Guiados por equipos radiológicos, mediante cateterismos a través de los vasos sanguíneos o con técnicas mínimamente invasivas, podemos llegar prácticamente a cualquier región del cuerpo humano.

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¿Qué es un ataque cerebrovascular?

Un ataque cerebrovascular es un evento usualmente sin previo aviso, donde, de manera súbita, ocurre una interrupción del adecuado flujo de sangre hacia el tejido cerebral, manifestándose en alteraciones neurológicas que pueden ser transitorias o definitivas; en muchas ocasiones, incluso con la muerte como consecuencia.

¿Cuántos tipos de ataque cerebrovascular existen?

Básicamente existen dos tipos. El primero y el más frecuente (hasta un 87 % de los casos) es el de tipo isquémico. Donde ocurre un bloqueo mecánico, por ejemplo, por un trombo, del flujo sanguíneo dentro del cerebro. El otro es el de tipo hemorrágico, en el que ocurre un extravasado de la sangre en el cerebro, y es lo que conocemos como hemorragia cerebral.

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¿Por qué un ataque cerebrovascular puede ser un enemigo silencioso?

Un ataque cerebrovascular usualmente no da aviso hasta que se manifiesta. En caso de tener factores de riesgo para sufrirlo puede ir pasando el tiempo y si no estamos al tanto de ellos, en un momento determinado ya será demasiado tarde. Además, el ataque cerebrovascular es la segunda causa de muerte a nivel global, solamente detrás de las enfermedades cardiovasculares, y es la primera causa de discapacidad en el mundo. Las repercusiones socioeconómicas de esta enfermedad son gigantescas.

¿Cuáles son los síntomas de un ataque cerebrovascular?

En el ataque cerebrovascular isquémico, los síntomas más frecuentes ocurren de manera súbita y están dados por pérdida de la fuerza y la sensibilidad en un lado del cuerpo, alteraciones en la comprensión o emisión del lenguaje, cara o boca torcida, alteraciones en la marcha o en el equilibrio o pérdida súbita de la visión, entre otros. En el ataque cerebrovascular hemorrágico, los síntomas suelen ir precedidos por un dolor de cabeza de aparición súbita, usualmente de tipo punzante, que refieren como el más intenso que pueda haber sentido una persona en toda su vida.

¿Cómo prevenir un ataque cerebrovascular?

La prevención del ataque cerebrovascular está directamente ligada al adecuado manejo de los factores de riesgo modificables, tales como la hipertensión arterial, el consumo de tabaco, la diabetes mellitus, valores aumentados de colesterol en sangre, el consumo desmesurado de alcohol, una alimentación poco saludable, obesidad y la ausencia de actividad física.

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¿Qué trucos para la recuperación puede darles a los pacientes que han sufrido de ataque cerebrovascular?

Insistiremos siempre en que más importante que la recuperación es la prevención del ataque cerebrovascular y su detección en caso de presentarse para ofrecer una terapia médica o endovascular (por cateterismo) lo más pronto posible. Sin embargo, tras ocurrir, es necesario un proceso de acompañamiento profesional por un equipo médico especializado, personal de enfermería, un equipo de psicología y, algo muy importante, un equipo de fisioterapeutas que permitan una recuperación integral de la persona.

¿Qué pasa después de que una persona sufre un ataque cerebrovascular?

La dinámica vital y social cambia dramáticamente, desde el punto de vista funcional y psicológico. Nada vuelve a ser como antes, porque todos los roles cambian en función de la persona que sufre el ataque y sus secuelas neurológicas. Ni hablar de las condiciones económicas, porque, por supuesto, cambia la productividad laboral de la persona que sufre estas consecuencias.

¿Cuál son las enseñanzas que le ha dejado su profesión?

Damos por hecho que nos despertaremos todas las mañanas o que llegaremos a dormir a nuestra cama todas las noches. Definitivamente no es así. La vida y la salud son auténticos tesoros invaluables. Y la vida es lo suficientemente corta como para vivir con miedo, para no querer, para guardar rencores y no perdonar. Si consideras los aproximadamente 3.800 millones de años de existencia de la vida en la Tierra, vivir apenas ochenta años es un suspiro. Día que pasa, día que no vuelve. Hay que aprovechar cada segundo.

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¿Cuál ha sido el momento que más lo ha conmovido durante su carrera?

En mi carrera he sido testigo de verdaderos milagros en pacientes que han sufrido ataques cerebrovasculares con pronósticos muy desfavorables. Es increíble lo que puede hacer un adecuado tratamiento, el soporte familiar y, sobre todo, la fuerza de voluntad de una persona que quiere vivir y salir adelante. Las enseñanzas y reflexiones que nos dejan nuestros pacientes son demasiado profundas.

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