Dirige el Festival Antioquia le canta a Colombia

John Jairo Torres, entre la tradición y la innovación

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El compositor antioqueño, que acaba de ser homenajeado en el Festival de la Música Colombiana en Ibagué, tiene una obra musical que ha traspasado fronteras y se ha destacado por su huella identitaria muy refinada.

¿Qué significó el momento de recibir el homenaje en el Festival de la Música Colombiana de Ibagué?

Uno se siente muy agradecido de que su trabajo está recibiendo un reconocimiento y que venga del Festival Nacional de la Música de Ibagué es muy significativo, es de los eventos más importantes del país, de los más antiguos y en los que los artistas quisieran participar y poder ganar. Hace unos años Ibagué ya me había hecho un homenaje, fue muy emocionante. Ahora estoy muy emocionado, sobre todo por estar al lado de quien considero uno de los más grandes compositores de la música andina colombiana: Héctor Ochoa.

¿Cuál es el principal aporte de este festival a la música andina colombiana?

Sin duda, el mayor aporte es que, gracias al Festival de Música Colombiana de Ibagué, el dueto sigue siendo el mejor exponente de este género. Lo primero que llega a la memoria cuando hablamos de bambucos, pasillos, es el dueto tradicional colombiano, y esa música nos lleva a épocas del siglo pasado, pero también a la actualidad. Hay muchísimas propuestas novedosas valiosísimas de duetos que proponen nuevas armonías, melodías, textos y es gracias a este evento que se mantiene vigente la conformación del dueto y ese es el gran aporte que hace el Festival a la música andina de Colombia. (Lea: Arrancó festival de música colombiana de forma virtual)

¿Qué lo motivó en la niñez a dedicarse a la música colombiana?

Crecí en una casa donde las canciones de cuna eran bambucos y pasillos: mi papá le llevaba a mi mamá muchas serenatas con duetos de música andina colombiana, como el Dueto Tiscaya, Gómez y Villegas, duetos muy buenos y conocidos en esa época. Mi abuelo paterno tocaba tiple, un hermano de mi abuela materna tocaba guitarra y tenía un grupo.

¿La música andina colombiana es la que más le gusta?

No, no es el único tipo de música que me gusta ni hago, a mí me gusta mucho la buena música. Tchaikovsky decía que hay dos músicas: la buena y la mala, pero yo digo que hay la que me gusta y la que no me gusta. Entonces en mi biblioteca hay muchos tipos de músicas: brasileña, venezolana, tango, bolero, el rock, por ejemplo, Queen, Los Beatles, las baladas de Alberto Cortez, en fin.

¿Cuáles han sido sus mayores influencias?

Yo tengo una manía: coleccionar música de cantautores en mi iPad y mi computador. Eso me apasiona mucho, porque me parece que cuando las canciones son cantadas o contadas por quien las creó tienen una magia distinta y muy especial. A mí me marcó desde niño José A. Morales; luego, conocer a Arnulfo Briceño, con su propuesta de música andina y llanera, me influenció mucho; así como Ilan Chester, de Venezuela. También está Alberto Cortez; de los colombianos, Luis Uribe Bueno, por ejemplo, con quien también tuve una amistad muy bonita; León Cardona, con su propuesta armónica. (Además: Festival de la Música Colombiana: suena su primera nota)

Entonces, a partir de esas influencias, ¿cómo se puede definir el estilo de John Jairo Torres de la Pava hoy?

Soy muy cuidadoso con las letras, sin dejar de decir lo que quiero decir, sin sacrificar el fondo por la forma, busco la manera, así me toque repetir muchas veces, de decirlo de la mejor manera, sin rebuscamientos. Otra cosa, es que me gusta buscar opciones melódico-rítmicas que permitan identificar la pieza dentro de nuestros aires colombianos, pues es la única manera de diferenciar nuestras músicas de las músicas del continente suramericano, donde tantas cosas se parecen, un bambuco se parece mucho a una marinera peruana, a una cueca chilena, a una chacarera, a un guapango mexicano.

¿Cuáles son los temas de su repertorio infaltables en un concierto?

Hay dos canciones: Fantasmas y No es tan fácil. Son tal vez las más cantadas por lo que dicen, a todos nos ha pasado que nos duele el silencio de nuestra pareja; a pesar de que nos parezca tan hermosa, la pareja también tiene espinas como las rosas, con lo que hacen y dicen, que duelen. Y Fantasmas, todos tenemos o hemos tenido un amor que cuando aparece es muy bueno, pero cuando no está es horrible, y nos llena de soledad. La gente ve en esos textos cosas que también les pasa y están dichas de una manera que les emociona. Hay otra canción que me piden mucho que se llama Tanto, tanto, grabada en varias versiones.

¿Cómo ve el panorama de los festivales de música colombiana a partir de esta nueva normalidad?

Lo que viene es la unión de dos cosas: la virtualidad y la presencialidad. La virtualidad nos aleja físicamente, pero nos acerca a nuevos públicos y audiencias. Gente que no oía música colombiana lo está haciendo hoy. Entonces hay que preservar este nuevo componente. Pero no se puede dejar a un lado la presencialidad, lo cual tiene unos costos altos. Como se hizo este 2020, los eventos valen tres veces menos que los presenciales. Eso nos pone a pensar en hacer competencias en la virtualidad, luego hacer conciertos en las regiones con los ganadores, por ejemplo, puede generar otros ingresos y menos costos. Todo eso se está pensando ahora.

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