
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Raquel tenía seis años cuando la Corte Constitucional les dio la razón a sus mamás. Hoy es mayor de edad y lleva los dos apellidos por los que su familia litigó durante años: Leiderman Botero.
Ana Leiderman y Verónica Botero fueron la primera pareja del mismo sexo en Colombia en lograr que el Estado reconociera a ambas legalmente como madres. En el proceso la exposición mediática y el escrutinio político estuvieron presentes. Pero el tema, que parecía superado, vuelve a aparecer en sus vidas una década después, con la llegada del gobierno de Abelardo de la Espriella y la conformación de su gabinete ministerial.
Durante la campaña, el mandatario dijo que, si dependiera de él, no permitiría la adopción igualitaria, aunque aseguró respetar la decisión de la Corte. Aun así, en sus primeros dos meses de gobierno se filtró una diapositiva del Departamento Nacional de Planeación (DNP) con supuestos lineamientos para el cuatrienio. Entre ellos aparecía "revivir la prohibición" de la adopción igualitaria. La entidad la calificó como "un insumo preliminar de un ejercicio técnico exploratorio" y aseguró que no refleja la posición actual del presidente.
Pero lo que más inquieta a Leiderman llegó con el primer cambio de gabinete de la “patria milagro”. A comienzos de septiembre, Viviane Morales renunció al Ministerio de Educación por motivos familiares y en su lugar fue designada Ilva Myriam Hoyos, exprocuradora delegada para la Infancia, la Adolescencia y la Familia, durante la administración de Alejandro Ordóñez, entre 2009 y 2016.
Le revolvió los recuerdos, dice. Pues son los mismos años en que ella, junto a su esposa, litigaron para ser reconocidas. "Tuvimos acoso por parte de la Procuraduría. También cosas muy feas que se dijeron desde la Conferencia Episcopal", apunta Ana Leiderman en entrevista con El Espectador.
Hoyos ha sido una figura activa en debates sobre derechos sexuales y reproductivos y de la población LGBTIQ+. Solo por mencionar algunos ejemplos, su nombre quedó registrado entre las voces opositoras en la Sentencia C-355, que despenalizó parcialmente el aborto. Y en 2012 la Corte Constitucional cuestionó algunas de sus actuaciones por el uso de información inexacta sobre la IVE.
Más adelante aparece vinculada en la Sentencia T-444, por el seguimiento que hizo la Procuraduría a las primeras solicitudes de matrimonio de parejas del mismo sexo, en medio de la ambigüedad jurídica que dejó el alto tribunal en 2011 sobre cómo formalizar estas uniones. Además, fue asesora del Pontificio Consejo para la Familia, del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y de la Conferencia Episcopal de Colombia.
(Le puede interesar: Aborto, matrimonio igualitario y pleitos judiciales: el camino de Ilva Hoyos al MinEducación)
El caso que abrió uno de los caminos a la adopción igualitaria en Colombia
Todo empezó en 2009, en Rionegro, Antioquia. Raquel, hija biológica de Leiderman, había nacido por inseminación artificial tras decisión de la pareja de mujeres, pero el Estado solo la reconocía a ella como su madre. Cuando pidieron que Botero también lo fuera, les indicaron la ruta de la adopción consentida, algo que todavía cuestionan, pues no se trataba de una niña bajo protección del Estado.
Lo que vino después fueron años de trámites, limbos y obstáculos judiciales, con la organización Colombia Diversa acompañando el litigio. La familia, mientras tanto, siguió creciendo. En medio del proceso nació Ari, su segundo hijo, y las diligencias empezaron a involucrarlos a los cuatro. A los niños les explicaban con palabras sencillas que estaban haciendo un trámite para que "mami" también apareciera oficialmente como su mamá. "Ellos nos dicen mamá y mami", comenta.
Tras las apelaciones ante varios tribunales, el caso llegó a la Corte Constitucional, que el 28 de agosto de 2014 les dio la razón. La sentencia SU-617 permitió que las parejas del mismo sexo adoptaran cuando se tratara de la hija o hijo biológico de uno de sus integrantes. Ese fallo marcó un precedente para familias como la de Leiderman y Botero, pero la discusión sobre la adopción continuó. En noviembre de 2015, a partir del análisis de varias demandas, la Corte volvió a pronunciarse y reconoció que las parejas del mismo sexo podían adoptar en igualdad de condiciones que las uniones heterosexuales, independientemente de que tuvieran o no hijos biológicos.
El alto tribunal aclaró que que la orientación sexual o la identidad de género de una persona no eran, por sí mismas, indicadores de falta de idoneidad moral, física o mental para adoptar. El objetivo central de la decisión fue garantizar que los menores de edad que buscaban una familia pudieran encontrarla, sin que los prejuicios sobre sus futuros padres o madres limitaran sus derechos.
(Lea aquí: Diez años de hogares diversos: las historias detrás de la adopción igualitaria en Colombia)
Aun con el fallo a favor, faltaba el aval del ICBF y, según relata Leiderman, "la Procuraduría no dejó" que el proceso avanzara. En ese momento, Alejandro Ordóñez estaba al frente de la entidad. Hoy es embajador de Colombia ante la OEA.
La solución llegó por otro camino. “Por esas mismas fechas salió una sentencia muy importante que tiene que ver con la presunción de la paternidad o la maternidad cuando los hijos nacen dentro de la unión marital”, cuenta Leiderman. Con eso, y con una declaración del donante, en la que manifestaba no tener intención de establecer filiación, hicieron una sustitución del registro civil ante notaría. "Logramos ser mamás las dos por un procedimiento notarial y nunca por adopción", cuenta. Habían ganado en la Corte y, aun así, fueron desacreditadas y enfrentaron obstáculos por varias vías para acceder al derecho que ellas mismas habían conseguido.
Doce años después, la vida diaria de una familia con dos mamás
Ante la ley, esta familia existe desde hace poco más de una década, aunque en su casa y desde el amor lo era desde mucho antes. "Yo no necesitaba permiso para conformar mi familia", dice. Lo que llegó con el reconocimiento, explica, fue sobre todo un blindaje para sus hijos.
Ambos ya crecieron, y todavía les dicen mamá y mami. Raquel tiene 18 años y empieza a asomarse a la vida adulta. Ari tiene 16, sigue en el colegio y se ha ido metiendo en temas de política y derechos humanos, con un puesto en el equipo del Modelo de Naciones Unidas.
Los dos conocen la historia completa y el lugar pionero que ocupa su familia en el país. Aun así, tener dos mamás nunca les pareció un “asunto”. Era simplemente la configuración de su hogar, del mismo modo en que otros niños y niñas crecen con una madre cabeza de familia, con sus abuelos, con padres separados o dentro de una familia numerosa.
Quizá por eso, cuando Leiderman intenta contar cómo han sido estos años, termina hablando de escenas bastante cotidianas. Se trata de levantarse en las noches cuando uno de ellos se enferma, llevarlos al médico cuando se “aporrean”, celebrar cumpleaños, invitar a los tíos. Incluso cuando han aceptado entrevistas para mostrar su día a día, lo que aparece son clases de natación, dientes lavados, comida y juegos. “Es como desmontar ese imaginario de las personas. Es que cuando nos ven no piensan sino en lo que hacemos en la cama”, dice.
En su cotidianidad, afirman, nunca han sufrido discriminación. Ni por parte de los vecinos, ni de los celadores, ni del personal docente. Reconoce que existe una discusión nacional, con posiciones a favor y en contra, pero asegura que esa controversia está lejos de lo que su familia experimenta día a día. "El resto de la gente en este país está más preocupada por lo que va a comer mañana que por la orientación sexual de nadie". Y entonces resume: "De verdad, la única discriminación fue por parte del Estado".
Frente al nuevo panorama, Leiderman no teme que su familia deje de existir jurídicamente. Lo que le preocupa es que sus derechos vuelvan a depender de la voluntad política. "Aunque esos derechos adquiridos no se pueden derogar, y eso no es fácil de revertir, sí nos puede hacer la vida muy difícil, porque tener que entutelar para que se cumplan no es igualdad. Habrá más notarios envalentonados que pidan documentos adicionales. Puede haber profesionales de la salud que digan, no, esa no es la mamá, tráigame todos los papeles antes de poderle atender", afirma.
(También le puede interesar: “Sesgar la educación a un solo discurso resulta absolutamente nefasto”: Fidel Ramírez)
Durante años, Leiderman escuchó toda clase de advertencias sobre lo que pasaría si parejas como la suya obtenían derechos. Ninguna se cumplió. Por eso le cuesta entender que, doce años después, haya quienes vuelvan a verlas como una amenaza y que ejercer derechos que ya fueron reconocidos vuelva a depender de quién esté al frente de las instituciones.
🟣📰 Para conocer más noticias y análisis, visite la sección de Género y Diversidad de El Espectador.
✉️ Si tiene interés en los temas de género o información que considere oportuna compartirnos, por favor, escríbanos a cualquiera de estos correos: lasigualadasoficial@gmail.com o ladisidenciaee@gmail.com.
-
carlos(98692)•14 de septiembre de 2026 – 23:51pobres niños dos madres eso no es normal .
-
Mar(60274)•13 de septiembre de 2026 – 05:57Yo todavía no puedo entender cómo hubo gente que votó en blanco, sabiendo el gobierno que se venía y gente que se supone que es disque inteligente no entiendo francamente. Retroceder en vez de avanzar, otra vez en discusiones con algo que es común y corriente, normal. Por qué la gente no puede dejar ser feliz a otras personas, pegados de bobadas.