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En una llamada inesperada, a una mujer le preguntaron: “Oiga, ¿usted sabe que su sobrina es lesbiana y que tiene una novia?”. Con toda naturalidad, ella respondió: “Ah, sí, mijita. ¿Y qué más se te ofrece?”. Años después, su sobrina conocería aquella conversación y le agradecería a su tía por esa manera de defenderla: con naturalidad, poniéndose de su lado cuando la voz al otro lado de la línea apelaba a la vergüenza. Este 11 de octubre, en el Día Internacional para Salir del Clóset, queremos hablarle a esas personas, grandes aliadas de quienes tienen orientaciones sexuales e identidades de género diversas.
La historia de la tía y su sobrina hace parte de "Cartas a un homófobo", una iniciativa de Colombia Diversa que consistió en que una persona LGBTIQ+ le escribiera un texto a alguien que le hubiera discriminado a lo largo de su vida. Recibimos casi 200, algunas dedicadas a familiares, otras a amores pasados, docentes de guardería y hasta colegas de trabajo.
Esto sucedió en 2016, en medio de un panorama complejo: como país, estábamos en medio de la discusión por el plebiscito, la pregunta que el gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos le hizo los ciudadanos para que votaran Sí o No a la firma del Acuerdo de Paz con las antiguas FARC-EP.
(Vea también: ¿Quién inventó la “ideología de género” y por qué tantos políticos siguen hablando de ella?)
Parte de la estrategia del No se basó en decir que el acuerdo final iba a “homosexualizar” al país, solo porque buscaba reconocer las violencias contra las mujeres y las poblaciones diversas que ejercieron los grupos armados durante el conflicto e implicaba pensar en formas de repararles. Los promotores del No señalaron falsamente que la sola mención a la palabra género o la sigla LGBTI en el texto era la prueba de ese “rayo homosexualizador” de niños, niñas y adolescentes.
Este 2026 se cumple una década de la firma del Acuerdo de Paz, pero es casi inevitable comparar lo que sucedió en ese momento con el plebiscito respecto a lo que ocurre ahora, solo que el panorama actual es mucho más difícil: estamos ante un Gobierno que ha enviado un mensaje muy claro a la población LGBTIQ+ con la elección de funcionarios que, en el pasado, han tenido discursos y prácticas homófobicas; un Gobierno que excluye palabras como “niña” o “derechos sexuales y reproductivos” y que revivió el fantasma de la “ideología de género”, un concepto que solo existe para negar la educación sexual en los colegios o para negar la existencia legítima de las personas LGBTIQ+.
Personalmente, ya he recibido varias llamadas de personas LGBTIQ+ que sienten miedo y se preguntan qué va a pasar con nosotros.
A nivel mundial se siente un clima de regresión, con mandatarios de extrema derecha que le tienen alergia a cualquier término que incluya la palabra “igualdad” o “género”.
En Colombia, y gracias a la rama judicial, el matrimonio y la adopción igualitaria son un derecho, el reconocimiento del nombre y sexo identitario de las personas trans también, y la discriminación no está permitida en el trabajo, las instituciones educativas, los centros de salud y en general en ningún ámbito.
Incluso, gracias a la inclusión del género en el Acuerdo de Paz, se pueden escuchar frases como la que desde Colombia Diversa recientemente escuchamos de un antiguo integrante de las FARC ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP): “Yo no sabía que la diversidad de género existía. Eso se ha conocido gracias a que estas comunidades, a través de los años y las luchas, han salido a decirle al mundo que tienen derechos igual que cualquier persona”.
Debemos evitar, entonces, que se consolide un contexto de desinformación como en 2016 en el que se afirme que no tenemos derechos, o que se vuelva otra vez normal discriminar como resultado de estos discursos excluyentes.
Para manifestar apoyo existen múltiples plataformas: la academia, la política, el derecho, los medios de comunicación y las artes, pero la principal sigue siendo la vida cotidiana: en una conversación familiar, cuando alguien hace un comentario homofóbico, cuando una persona trans es señalada, o cuando una pareja del mismo sexo es tratada como si tuviera que esconderse.
A veces, ser aliado consiste simplemente en hacer lo que hizo aquella tía a quien su sobrina le dedicó la carta en 2016: responder “¿y qué más se te ofrece?”, para dejar claro que nuestra vida y nuestra dignidad no están en discusión.
Nosotros no volveremos al clóset. Tampoco tendremos más miedo. Por eso, esta vez, la carta es para ustedes: para que tampoco se metan al closet para ocultar que nos apoyan.
Ni un paso atrás.
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Berta Lucía(2263)•12 de octubre de 2026 – 05:43Toda mi solidaridad para con la comunidad LGBTI+; y por supuesto mi solidaridad para con el feminismo. Para los que se rasgan las vestiduras e incitan al odio, en nombre de un dios sanguinario y cruel, les digo que la lucha del Feminismo es por el reconocimiento total de los DDHH.