11 Dec 2022 - 2:00 p. m.

Ana Cristina González Vélez, una líder de causas justas

Detrás del fallo que despenalizó parcialmente el aborto, la victoria más importante por la protección de los derechos sexuales y reproductivos en el país, está la vocación profesional de esta pionera de un movimiento de causas justas.
Este año, la prestigiosa revista “Time” reconoció a Ana Cristina González como una de las 100 personas más influyentes del mundo.
Este año, la prestigiosa revista “Time” reconoció a Ana Cristina González como una de las 100 personas más influyentes del mundo.
Foto: El Espectador - Óscar Pérez

“Sin el liderazgo de Ana Cristina González Vélez, y todo lo que su lucha representa en clave de derechos fundamentales para las mujeres colombianas, difícilmente se podría hablar hoy de la despenalización del aborto”. Esta declaración no es menor. La hizo Bibiana Aído Almagro, representante de ONU Mujeres en Colombia, para esta edición de personajes del año como un homenaje a una de las activistas más importantes, no solo en el país, sino a escala internacional, en la pelea por el respeto y la protección de derechos sexuales y reproductivos e igualdad de género. La llaman de toda la región por ser faro, luz y guía en esfuerzos por hacer que el aborto sea un derecho.

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Por su trasegar en el mundo de la salud sexual y en la lucha por la despenalización del aborto, Ana Cristina González se volvió experta en asuntos jurídicos, políticos y hasta en lidiar con periodistas. Su hoja de vida daría para llenar toda esta página y es tan imponente que hasta en Harvard la consideran impresionante. Su briega de décadas para que el delito de aborto desapareciera del Código Penal colombiano tuvo este año un momento trascendental: la Corte Constitucional declaró que la interrupción legal del embarazo debe ser completamente libre hasta la semana 24. Lo hizo luego de estudiar una demanda en la que González participó hasta en la filigrana del recurso.

Estuvo siempre acompañada del movimiento Causa Justa, un colectivo de 45 organizaciones sociales de derechos humanos, mujeres, feministas y alrededor de 60 activistas, prestadores de servicios de salud, integrantes de la academia y centros de investigación de toda Colombia. Junto con Cristina Villarreal, psicóloga y exdirectora de las fundaciones Oriéntame, González Vélez es pionera de Causa Justa, la organización que presentó 10 argumentos que fueron la base para la sentencia histórica de febrero de este año en la que la Corte declaró que ninguna mujer, niña o persona gestante debe ir a la cárcel si termina voluntariamente su embarazo antes de la semana 24 de gestación.

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En palabras más sencillas: el aborto no puede ser delito, siempre y cuando se practique antes de ese tiempo. Con una claridad más: después de las 24 semanas, el aborto está permitido bajo las tres causales que existen desde 2006: que el embarazo sea inviable, producto de una violación sexual o ponga en riesgo a la madre. El triunfo es, sin duda, de Causa Justa. Aunque su demanda pedía eliminar por completo el delito y la Corte llegó a una “fórmula media”, el avance es monumental. “Nuestra lucha estuvo más enfocada en un cambio de paradigma. Aunque no logramos la despenalización total, conseguimos posicionar el tema en la conversación y en la agenda pública”, explicó González Vélez.

Aunque la Corte Constitucional se demoró casi dos años en resolver la demanda, al menos cuatro meses antes de la decisión, no había otro tema en la agenda judicial que no fuera lo que sucedía en la Sala Plena del alto tribunal. Entre filtraciones, impedimentos de magistrados y plantones al frente del alto tribunal todos los jueves, el tema del aborto como un derecho sexual y reproductivo, y la premisa de que cualquier maternidad debe ser deseada se apoderó de las conversaciones. Con la decisión tomada, el plantón rutinario se volvió fiesta. Pero desde ese momento quedó claro que, pese a la euforia, todavía hay un largo camino por recorrer.

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Ana Cristina González lo sabe perfectamente. Ella misma confiesa que esta, su lucha, está inconclusa. Tiene claro el objetivo real: que no exista el delito del aborto, que las maternidades siempre sean deseadas y no una amenaza y, por su entrañable relación con la medicina, que los profesionales estén absolutamente capacitados para atender a sus pacientes. Por eso, hoy su trabajo está más conectado que nunca con los principios con los que comenzó su carrera de feminista: “Más que pensar en lo que quería hacer, pensaba qué tenía que hacer: pelear contra la injusticia. Lo digo con humildad porque sé que soy un referente para muchas personas en el ámbito profesional”.

Aunque siempre ha tratado de separar su vida personal de la profesional, es imposible separar su relación con el movimiento feminista de su ámbito íntimo. Es la mayor de tres hermanas y fue educada, dice su perfil, en una familia marcada por la presencia de mujeres trabajadoras, lectoras e independientes como su madre. “Desde el colegio y la universidad empecé a sentir incomodidad de cosas a las que no le sabía poner nombre. No me dieron clase de anticoncepción ni de aborto. Ya en mi carrera, peleé porque quería esas clases. Pero después supe que una de las clases de ginecología la organizaba un señor del Opus Dei. No era una casualidad que no la tuviera”. Esa ausencia solo la acercó más a mujeres y grupos que definieron su carrera.

Comenzó a leer a figuras como Simone de Beauvoir y Virginia Woolf. En grupos de mujeres en Medellín, pudo escuchar a referentes del feminismo colombiano como Beatriz Quintero, Argelia Londoño y Rocío Pineda. Poco a poco, fue ganándose un cupo en el respetado combo de feministas colombianas. Estuvo trabajando codo a codo con el grupo de mujeres que participaron de lleno en la escritura de la Constitución de 1991 en la que, pese a no haber incluido explícitamente el derecho al aborto, sí dejó las bases para que la Corte Constitucional despenalizara parcialmente esta práctica médica: el derecho a la igualdad, la salud y a un trato digno.

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Luego, fue directora Nacional de Salud Pública, pasó por la Articulación Feminista Mercosur, fundó el Grupo Médico por el Derecho a Decidir y más tarde cofundó la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, pieza clave para la sentencia de 2006, en la que la Corte Constitucional despenalizó el aborto bajo tres causales. Desde Causa Justa, sigue liderando luchas en toda la región y ahora está detrás de un segundo doctorado en Harvard. Tiene claro que está lejos de cumplir la meta: “La sentencia no es el final de nada. Estamos transitando hacia un cambio de paradigma donde el aborto no sea regulado por la amenaza del delito que opera como si fuera un testigo de que nosotras no somos iguales”, explica González.

Por eso mismo, sin ser abogada, ella expone la contradicción en la que entró la Corte Constitucional: “La sentencia reconoce que el delito es injusto y poco eficiente, pero aun así lo mantuvo. Podríamos decir que es obsoleto. Pero esto evidencia también un paradigma para la sociedad y el movimiento. Todavía hay gente por encima de nosotras que es capaz de tomar decisiones sobre nosotras mismas, ya sean jueces o curas. Cuando esto cambie, de corazón y de cabeza, ahí estará cumplida la misión. Cuando entendamos que todo se trata de una decisión íntima, personal e intransferible y nadie la puede tomar por nosotras”, puntualiza. Y, por las victorias que falta conquistar, habrá Ana Cristina González para rato.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

María José Medellín Cano

Por María José Medellín Cano

Estudió comunicación social en la Javeriana. Hizo sus prácticas en El Espectador y luego se desempeñó durante dos años como reportera judicial, desarrollando temas relacionados con las altas cortes y escándalos de corrupción como el de Odebrecht. Actualmente, es la editora de la Sección Judicial.@Majomedellincmmedellin@elespectador.com
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