El último día de vida de Camilo Camargo fue en la cotidianidad de su trabajo. Con las botas y el casco puesto, el ingeniero de 32 años recibió un disparo que lo mató de inmediato. Los hechos ocurrieron al interior de una mina de oro en Marmato (Caldas), que le pertenece a la multinacional Aris Mining, y hoy, tres meses después, su familia no encuentra una explicación suficiente para darle sentido a esa muerte. Eran casi las nueve de la noche cuando Pedro Camacho, su padre, recibió la llamada que le anunciaba el fin de los días de su hijo mayor. “¿Aló? ¿Don Pedro? Le pasó algo a Camilo”. La persona al otro lado del teléfono, un familiar de un compañero de trabajo, no pudo decirle que lo asesinaron.
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A Pedro se le confunden las lágrimas entre felicidad y tristeza cuando recuerda el día en que nació Camilo en Sogamoso (Boyacá). Dice que fue el primer hijo, nieto y sobrino de ambas familias, pero que, sobre todo, fue la primera gran alegría. Si piensa en eso por un momento, Pedro se imagina a su hijo de bebé y se le enternece la voz. Cuenta que ese niño le cambió la vida, que por primera vez tuvo una familia completa y que cada tanto imagina volver a sentir el abrazo que le daba cuando regresaba de trabajar. Después llegó Nicolás, el hijo menor, y la felicidad se multiplicó. Poco le importó a Pedro y a Mercedes, su esposa, que tuvieran que trabajar de sol a sol para sostenerlos, pero en la casa nunca faltó el amor.
Camilo se hizo ingeniero de minas porque de niño quería estudiar algo relacionado con la tierra. Crecer en Sogamoso le entregó, además, el gusto por la bicicleta. Era su deporte favorito. Su papá le regaló su primera bicicleta a los cinco años. Recuerda que su hijo parecía volar en ella. Esa pasión lo acompañó siempre. Incluso, la última vez que estuvo de descanso, recorrió los alrededores de Sogamoso en bicicleta. Después de esa corrida, regresó a la casa para hablar con su papá de los sueños y los planes que tenía: hacer inversiones, comprar un lote, ahorrar para la universidad de su hija y para sus 15 años. Al otro día, Camilo tenía turno en la empresa Aris Mining en la que era jefe de turno desde el año 2024.
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Pedro Camargo, su padre, repite todos los días la misma escena de cuando se despidieron en la terminal. “Esa fue la última vez que lo vi. Entrando al terminal con sus maletas. Es el recuerdo que todos los días me llega a la cabeza”, dijo. Ese 22 de abril, Pedro estaba listo para dormir cuando el familiar de un colega de Camilo lo llamó para contarle que su hijo había sufrido un accidente. “Me dijeron que algo le había pasado en el trabajo y uno se pregunta cómo, si él está dentro de la empresa. Llamaron a mi esposa y le dijeron de una vez que estaba muerto”, relató.
Lo primero que hicieron fue salir al encuentro de Camilo. Necesitaban, él y su esposa, corroborar que no era una pesadilla. Cuando llegaron a Supía, Pedro recuerda que la encargada de las relaciones laborales en la empresa les dijo que había sido una explosión en el lugar lo que mató a Camilo. Pero Medicina Legal les confirmó que fue un homicidio. A Camilo le dispararon por la espalda, en el cuello, y cuando eso sucedió, no estaba solo. “Los compañeros contaron que en el trayecto de la oficina a la bocamina le dispararon con una escopeta. Aunque trataron de reanimarlo, él llegó muerto al hospital”, contó Pedro. Sin embargo, aunque hubo testigos y cámaras de vigilancia, nadie vio quién mató a Camilo y en las grabaciones solo se ve, según Pedro, el fogonazo del disparo.
Pedro recuerda que no creyó ninguna versión hasta que vio a Camilo. Y esa escena no se le olvida. Lo tenían en el hospital de Supía. “Cuando lo vi dije que sí, que ese era Camilo. Yo les entregué a mi hijo con vida y me lo entregan así, muerto. Y nadie dice nada. Llevamos tres meses enviando derechos de petición a la empresa Aris Mining pidiendo avances de la investigación y solo responden que están en eso, pero que todavía no se sabe nada”, contó. De ahí parten los pedidos de justicia y verdad por parte de la familia de Camilo Camargo hacia la empresa Aris Mining. Para ellos, además de la falta de claridad en lo ocurrido, el acompañamiento ha sido nulo.
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El día del entierro de su hijo, Pedro cuenta que solo enviaron una corona de flores con un mensaje de pésame. Para la familia de Camilo, la respuesta de la multinacional ha sido, entre todo, protocolaria. El Espectador consultó a la empresa sobre el asesinato de Camilo. “Es la primera vez que ocurre un hecho de esta naturaleza en la compañía. Dado que existe una investigación en curso liderada por la Fiscalía General de la Nación, por respeto a su familia y al debido proceso no podemos pronunciarnos sobre las circunstancias del caso. Confiamos en que serán las autoridades quienes determinen lo ocurrido”, señaló la empresa. Para Pedro, el homicidio pareció como si hubiera sido programado.
“Fue planeado en un sitio donde hacían ruido los compresores y las cámaras de seguridad solo registraron el fogonazo, pero no quién fue. La persona que iba con él salió corriendo. El disparo fue con una escopeta a muy corta distancia, unos 3 o 5 metros”, señaló Pedro. La empresa, por su parte, destaca que la seguridad de sus trabajadores es una prioridad, por lo que cuentan con sistemas, protocolos y procedimientos para proteger su integridad. Para Pedro, al parecer, esas medidas no fueron suficientes para cuidar a Camilo en su lugar de trabajo. “Desde que ocurrieron los hechos hemos colaborado de manera plena con la Fiscalía suministrando oportunamente la información”, concluyó la multinacional.
El proceso está en la Fiscalía 22 Itinerante para Homicidios en Manizales. Hasta ahora la familia de Camilo le entregó el poder a un abogado para que avance con el proceso legal. El ente investigador, por su parte, avanza en solicitar información a la empresa, así como los videos de las cámaras.
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Sin embargo, Pedro dice que el silencio es una tortura de día y de noche. Nadie le ha podido explicar qué le pasó a Camilo. “Queremos que se sepa la verdad. ¿Quién fue y por qué? ¿Por qué se violaron tantas normas de seguridad en la segunda empresa aurífera más grande de Colombia? Camilo no tenía enemigos, solo se dedicaba a su trabajo. Uno se siente indefenso. A veces pienso que él creerá que lo olvidamos, pero los hijos son lo más sagrado. Lo que más necesito es justicia y verdad, solo con eso descansaría un poquito.Todos los días voy al cementerio y le pregunto ¿Por qué?”, dijo Pedro después de pedir disculpas por llorar y no poder hablar más. A la casa de Pedro regresó lo que quedó de su hijo Camilo tres meses después del asesinato. De la empresa le enviaron las pertenencias que dejó: su ropa, unos zapatos y una crema de manos. Pedro sigue esperando que le devuelvan, por lo menos, la verdad sobre quién mató a su hijo, una pesadilla que ahora lo hace atravesar los meses más amargos de su vida.
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