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8 Oct 2021 - 2:00 a. m.

El limbo jurídico de la libreta militar de los hombres trans

Cualquier hombre en Colombia necesita la libreta militar para acceder a un posgrado o ser contratado en un trabajo. Pero lo que para muchos es un requisito engorroso, para los hombres transgénero se ha convertido en una barrera para acceder a sus derechos.
Felipe Morales Sierra

Felipe Morales Sierra

Periodista Judicial
Juan José Lizarazo y Jhonnatan Espinosa, autores del libro “Hombres trans y libreta militar”.  / Mauricio Alvarado
Juan José Lizarazo y Jhonnatan Espinosa, autores del libro “Hombres trans y libreta militar”. / Mauricio Alvarado
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

“No tener la libreta militar nos llena de inseguridades al salir a la calle. Los policías nos la pueden pedir en cualquier momento y no sabemos qué pueda pasar cuando respondamos que no la tenemos”. Lo dice Juan José Lizarazo, coordinador de la Red Distrital de Hombres Trans. Además de tener conocimiento de causa, Lizarazo habla por las experiencias de otras personas con su misma expresión de género, que a diario enfrentan trabas para acceder a trabajos, educación y se pueden ver hasta inmersos en procesos penales por el limbo jurídico en el que se encuentra el servicio militar obligatorio de los varones trans.

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En su organización, junto a la Fundación Ayllú y el Centro de Estudios Jurídicos Dejusticia, recopiló decenas de testimonios y analizó las normas vigentes en el libro Hombres trans y libreta militar en Colombia. En el texto cuentan, entre experiencias de los entrevistados, investigaciones académicas y datos propios que, “aunque los hombres trans necesitan definir su situación militar y obtener la tarjeta militar, la regulación actual no reconoce que son un grupo históricamente vulnerable y discriminado y que, además, la ausencia de una libreta militar genera obstáculos en el acceso a derechos y servicios en su vida cotidiana”.

El director de Ayllú, Jhonnatan Espinosa, lo explicó así: “Los hombres trans que hacen el cambio de su sexo en la cédula, inmediatamente deben entrar a definir su situación militar, como todo varón colombiano”. Los problemas empiezan cuando se acercan al batallón, añadió Espinosa: “Las Fuerzas Militares le responden: ‘No tenemos una forma de garantizarle la seguridad dentro de la fuerza’”. Espinosa se pregunta: “¿Por qué esa excusa, cuando en su momento la Fuerza Pública se adaptó para que las mujeres pudieran estar allí? Si los militares no pueden garantizar la seguridad de ciudadanos que prestan el servicio a la nación, ¿a quién sí se la pueden garantizar?”.

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En los casos que sí les permiten prestar servicio, “inician el proceso, pasan exámenes médicos y la evaluación jurídica, pero al pasar la prueba psicológica se presenta una nueva traba: a los hombres trans los califican como no aptos porque patalogizan su identidad de género y les diagnostican disforia de género”, aseguró Espinosa. Esta condición mental es definida por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) como la incongruencia entre el sexo que la persona siente o expresa y el que se le asigna al nacer. Por años, las personas transgénero han luchado contra esta definición, porque los concibe como enfermos, lo que les trae problemas.

Por ejemplo, les impide prestar servicio militar. “La reglamentación de la libreta para los hombres trans está coja. Estamos convencidos de que la exoneración es la mejor opción para todos”, comentó Lizarazo. El líder se refiere a la Ley 1861 de 2017, que regula el servicio militar obligatorio. En la norma se exonera a hombres que sean hijos únicos, que tengan alguna discapacidad, víctimas del conflicto armado, clérigos o sacerdotes, casados, mayores de 60 años, indígenas, entre otras. “Los hombres trans queremos estar ahí porque somos un colectivo históricamente discriminado, empobrecido y el no tener el documento vulnera nuestros derechos”, explicó Espinosa.

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Según datos de la Red Distrital de Hombres Trans, el 95 % de las personas con esta identidad de género no hacen aportes al sistema de salud y pensión, pues trabajan en la informalidad. Y no porque no tengan las capacidades o porque las empresas no quieran contratarlos: legalmente no pueden, porque para ser vinculados como empleados deben presentar su libreta militar. “Tenemos el caso de un hombre que hizo todo el proceso de selección y cuando le dijeron que iniciarían la contratación, le pidieron la libreta militar. Dijo que no la tenía y le respondieron que no podían vincularlo. Ahí quedó esa oportunidad”, recordó Lizarazo sobre uno de los testimonios del libro.

En la educación hay otra barrera: para todos los posgrados y becas hay que presentar la libreta militar. “Conocimos el caso de otro hombre que se estaba inscribiendo a una beca en el Icetex y en el formulario, de entrada, le pedían el número de la libreta. Era un campo obligatorio. Si no la ponía, no podía siquiera postularse”, añadió el coordinador de la Red Distrital. Y también hay efectos directos sobre su seguridad e identidad. Como contaba Lizarazo, el miedo a salir a la calle es latente. Él mismo no ha resuelto su situación militar, pues cambió el componente del sexo en su cédula hace apenas tres años y ya tiene 33. “Si me llegan a parar en la calle y me piden el documento, pues...”.

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La mayoría de los hombres trans que entrevistaron para el libro dijeron que, si la Policía los detiene y les pide la libreta, prefieren revelar su identidad de género. “Esa es una violación gravísima a la intimidad. Nosotros no tenemos por qué llevar el aviso de que somos trans en la frente”, dijo Lizarazo. Y Espinosa añadió: “Si en Bogotá el tema es difícil, en las regiones es peor”. El informe concluye que el camino para que todas estas vulneraciones dejen de ocurrir es que a los hombres trans se les exonere del servicio militar obligatorio. Y, aunque una propuesta en ese sentido ya se hundió cuando el Congreso discutía esta ley de 2017, hoy confían en que tienen una mejor argumentación que demuestra lo urgente que es salir de este limbo jurídico.

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