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En medio de la situación de orden público que tiene bajo zozobra a las comunidades en Santa Marta tras las amenazas de paro armado por parte de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, el presidente Abelardo de la Espriella hizo presencia en la capital del Magdalena y patrulló las calles.
En esa diligencia se le vio portando un arma en el cinto de su pantalón. La imagen generó polémica por la razón de si un presidente debe, o no, portar un arma. En medio del revuelo, el ministro del Interior, Rodrigo Lara, se pronunció en respaldo al mandatario.
“Un presidente que está en terreno, que está enfrentando a los criminales directamente en las calles de Santa Marta. El mensaje es muy importante porque es decirle a los criminales: ustedes no van a doblegar la voluntad de los colombianos, ustedes no van a intimidar a los colombianos, no van a intimidar a los samarios. El gobierno está del lado del pueblo colombiano”, señaló.
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En efecto, más allá de si un presidente puede o no portar un arma, De la Espriella buscó enviar un mensaje político y a los grupos armados que va en sintonía con la narrativa que ha mantenido durante su mandato: enfrentar con "mano dura" a los criminales. En ese contexto, el ministro Lara agregó que el gobierno es más fuerte y las estructuras ilegales no van a doblegar al Estado.
“Aquí los delincuentes, los narcoterroristas no pueden intimidar ni doblegar a los colombianos ni al pueblo colombiano, porque el pueblo colombiano tiene a su gobierno que los cuida, los protege y combate a los criminales. En los primeros meses van a ser duros, porque esa es la forma como reaccionan los criminales cuando se les persiguen, pero tengan la absoluta certeza que este gobierno está determinado, tiene la firme decisión de doblegarlos y someterlos a la justicia”, dijo Lara.
Durante su recorrido por Santa Marta, el presidente envió un mensaje a las Autodefensas tras ordenar la militarización de la ciudad. “Llegué a Santa Marta a poner la cara, a caminar sus barrios junto a la gente y a liderar un PMU con decisiones contundentes. A los bandidos de los Pachenca y de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra se los notifico con absoluta claridad: el Estado, con toda su fuerza legítima, no dará un solo paso atrás ante sus cobardes amenazas”, detalló.
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Por otro lado, la Constitución Política detalla que el presidente de la República dirige la fuerza pública y es Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, aunque eso no le entrega al mandatario un rol activo del Ejército y por ende tampoco la facultad para portar un arma. Sin embargo, sí le aplican al presidente las reglas sobre el porte de armas para cualquier civil. En ese sentido, De la Espriella debería tener el permiso vigente para el porte de armas.
Santa Marta es la primera ciudad militarizada durante el gobierno de Abelardo de la Espriella. Ante las amenazas de un paro armado por parte de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), el mandatario ordenó reformar la presencia militar y policial en esa ciudad.
En la capital del Magdalena actualmente hay 600 policías y 500 militares para retomar el control. En las últimas horas, el alcalde Carlos Pinedo Cuello anunció que se logró la captura de nueve personas que serían integrantes de ese grupo armado.
En ese contexto, en Santa Marta se han realizado dos consejos de seguridad en menos de 24 horas liderados por el presidente De la Espriella, la Policía Nacional y el Ejército Nacional. Asimismo, en la ciudad se han registrado sobrevuelos de aviones Kfir de la Fuerza Aeroespacial.
En la noche del 22 de septiembre, el mandatario recorrió las calles de Santa Marta y fue enfático en la necesidad de mantener la militarización debido a los bloqueos al transporte público, la quema de vehículos y el cierre de comercios en la ciudad.
Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.
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Álamo(88990)•Hace 12 minutosNo se sabe qué es más lamentable para la ‘simbología’ política: el Pateta "gato bandido" ("Ya le he robado a papá daga y pistolas…") o el lamberico defensor del ‘defensor de sus amigos criminales’, como en su momento lo anotó el New York Times.