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El reencuentro de un sobreviviente de falsos positivos en Huila y su victimario

Once comparecientes de la fuerza pública y familiares de 16 víctimas de falsos positivos en Isnos (Huila) honraron la memoria de sus seres queridos con la entrega de un mural que construyeron de forma conjunta. Víctimas y victimarios, como el sobreviviente Aladino Ríos y el exmilitar Julián Calderón, se reencontraron allí después de casi dos décadas.

Gustavo Montes Arias

30 de marzo de 2026 - 06:11 p. m.
Aladino Ríos Sánchez tiene 49 años. Nació en Palestina (Huila), pero su familia se tuvo que desplazar hacia Pitalito.
Foto: Mauricio Cañón - JEP
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Aladino Ríos Sánchez señala con su dedo índice la imagen de un hombre grabada en un mural del municipio de Isnos, al suroccidente del Huila. Dice que es él, que las víctimas del conflicto armado decidieron plasmarlo allí, sentado de espaldas, por ser el único sobreviviente de las ejecuciones extrajudiciales que sembraron el horror entre 2005 y 2008 en ese departamento.

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Su caso es particular entre los miles que investiga la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Julián Andrés Calderón, un exmilitar del Batallón Magdalena del Ejército, ordenó su muerte en 2007, a sabiendas de que era un civil inocente. Casi 20 años después, los dos hombres se reencontraron para darse la mano y tratar de cerrar las heridas que abrió la guerra.

Aladino Ríos Sánchez nació en el municipio de Palestina (Huila), pero a sus nueve años llegó a vivir a Pitalito. “Nuestra infancia fue muy difícil porque salimos corriéndole a la violencia, sin un día de trabajo seguro y a vivir pidiendo posada en una casa o en otra”, le dijo a El Espectador.

Es el hijo del medio en una familia de seis hermanos y creció escuchando los rumores sobre una guerra que, según cifras de la JEP, en ese departamento cobró la vida de al menos 200 personas presentadas falsamente como guerrilleros muertos en combate y dejó a 32 desaparecidas. “Se escuchaban rumores de que habían matado a uno o dos guerrilleros, que había enfrentamientos, que atracaban y extorsionaban. Pero nadie sabía lo que realmente pasaba”, dijo.

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En paralelo, Julián Andrés Calderón tuvo una infancia “tranquila”, junto a sus padres y su hermano, como le contó a este diario. Nació en Garzón, el tercer municipio más poblado del Huila, y a los 16 años ingresó a la carrera militar. Se graduó como subteniente del Ejército en el 2005 y fue asignado al Batallón Magdalena, el inicio de una carrera de casi 22 años.

“Siempre me llamó la atención el Ejército porque uno veía cómo ayudaban a la población civil. Cuando había alguna emergencia humanitaria, eran los primeros que llegaban a apoyar”, dijo el exmilitar. Su voz se empieza a quebrar cuando recuerda lo siguiente: “Bueno, hasta que llegó este lamentable suceso”.

Para 2007, el entonces teniente Calderón comandaba un pelotón del Batallón Magdalena, con influencia en los municipios de Pitalito e Isnos. El 14 de agosto de ese año, Aladino Ríos estaba departiendo con un amigo, Alfredo Muñoz Botina. “Él me dijo: ‘Acompáñeme arriba, al lado del batallón, a entregar un encargo a una finca, venimos y seguimos tomando más tarde’”, recordó.

Los recogieron en un carro en el que, sin razones claras, iba también Albeiro Hernández Cerón, otro amigo suyo. El vehículo pasó cerca del batallón de Pitalito y ya en la vía hacia el municipio de San Agustín se detuvo en un retén. “Había un grupo de militares que nos atraparon a las malas, nos dijeron: ‘Todos quietos’, como si fuera un atraco”, narró Aladino Ríos.

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Julián Andrés Calderón se retiró del Ejército en 2023, después de más de dos décadas de carrera militar, para acogerse a la JEP.
Foto: Mauricio Cañón - JEP

A Aladino Ríos y Albeiro Hernández los bajaron a golpes del carro, los tiraron al suelo y les preguntaron sus nombres. Luego, un furgón llegó al sitio, los subieron a la fuerza, los pusieron boca abajo y el carro emprendió rumbo por una carretera destapada durante cerca de dos horas. Los llevaron hasta un sitio conocido como Silvania, en la vía que comunica a Isnos con Popayán (Cauca).

Al llegar, los bajaron del camión, les amarraron los pies y les hicieron una advertencia: “No se vayan a volar o les damos gatillo”. Sobre las 12:30 de la noche, los uniformados pusieron a Aladino Ríos contra un barranco de la carretera, ya con los pies desatados, y le dispararon en dos ocasiones directo a su hombro derecho. “Clavé la cabeza en el piso y le dije: ‘Me mató’”, recordó.

Los militares se alejaron un poco. Aturdido por el impacto, Aladino Ríos se tocó las piernas y sintió que podía caminar. Corrió unos cinco metros, según su relato, hasta que los militares advirtieron que se les escapaba. Una ráfaga de arma larga lo alcanzó y lo hirió en sus testículos.

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Con las heridas sangrantes, solo buscaba resguardar su vida. Se lanzó a un hueco y los militares, según él, lo dieron por muerto. Las fuerzas aún le alcanzaron para alejarse unos cuatro kilómetros más, hasta una casa, la misma que aparece en el mural de la memoria construido en el municipio de Isnos, donde una mujer lo auxilió. Se negó a ir al hospital. Estaba seguro de que lo buscarían para asesinarlo como a Albeiro.

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“A mi amigo lo mataron a la misma hora en que me balearon a mí. A las 12:00 del día lo entregaron en el pueblo de Isnos como guerrillero muerto en combate. El teniente que dio la orden fue Julián Andrés Calderón, hoy compareciente. Él cuenta que el comandante del batallón ordenó que me buscaran por donde fuera y me acabaran de matar, porque ese era el objetivo”, narró.

Era martes y Aladino Ríos tuvo la muerte de frente. La mujer que lo resguardó en su casa dio aviso a un hermano de él, que al día siguiente fue por él y lo llevó al municipio de Saladoblanco (Huila), donde lo cuidaron hasta que se recuperó. Semanas después, Aladino Ríos denunció ante la Personería Municipal, la Fiscalía y la Procuraduría. Nadie lo escuchó.

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En julio de 2018, cuando la JEP abrió el caso 03 sobre asesinatos y desapariciones forzadas de civiles presentados como bajas en combate por agentes del Estado, priorizó el departamento del Huila y el caso de Aladino Ríos fue conocido por la justicia transicional.

Durante esos años, el teniente Calderón tampoco tuvo tranquilidad. “Después de que di la orden, sentí que mi carrera militar había llegado hasta ahí. Duré muchos años en el Ejército, pero en mi conciencia tenía que había hecho las cosas mal”, le dijo el exmilitar a este diario. En 2023 se retiró del Ejército y se acogió a la JEP como máximo responsable de graves crímenes de guerra y de lesa humanidad, aceptando su responsabilidad en el caso de Aladino Ríos y de su amigo, Albeiro Hernández Cerón.

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Los comparecientes también asistieron al acto de entrega y reconocieron públicamente, una vez más, los crímentes cometidos cuando estaban en el Ejército.
Foto: JEP

Fue por esa vía que Aladino Ríos y Julián Andrés Calderón se reencontraron en Isnos para construir juntos el mural “Huellas imborrables en la memoria”, entregado el pasado 27 de marzo en un emotivo acto en el que se vieron, casi dos décadas después y sin rencores. “Ha sido un proceso largo, pero al final se ven los resultados. Trabajamos mancomunadamente para darle un ejemplo a la sociedad y para que las víctimas se sientan un poco mejor”, dijo el exmilitar.

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Aún faltan 25 murales por construir en Huila, que hacen parte de la denominada “Ruta de la Memoria y la Reconciliación”. Pero Aladino Ríos coincide en que, más que un mural, es un mensaje de paz: “Esto es un legado que le muestra al país que nosotros, como seres humanos, ya llegamos a un punto de perdón y reconciliación con nuestros victimarios, con los comparecientes”, concluyó.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Gustavo Montes Arias

Comunicador Social - Periodista, con interés en temas de política, conflicto, paz y memoria. Premio Nacional de Periodismo Escrito Universitario Orlando Sierra Hernández a mejor entrevista, 2022.@GustavoMontesAr
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