Judicial

23 Aug 2020 - 2:19 a. m.

Exparamilitar alias Chicorio fue condenado a 32 años de cárcel por la masacre de Mapiripán

El despacho determinó que Alfonso José Quiñonez Quiñonez fue coautor de los delitos de homicidio, secuestro y terrorismo, en la masacre ocurrida entre el 15 y 20 de julio de 1997.

Uno de los hombres que integró las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, y participó en la masacre de Mapiripan, ocurrida entre el 15 y 20 de julio de 1997, fue condenado a 32 años de prisión como coautor de los delitos de homicidio agravado, secuestro extorsivo y homicidio. Se trata de Alfonso José Quiñonez Quiñonez, alias Chicorio, quien fue capturado desde el 16 de marzo de 2016 y permaneció bajo detención preventiva. Aunque la defensa del procesado solicitó que se revocara la medida de aseguramiento de su defendido, el Juzgado Segundo Penal de Villavicencio (Meta) le negó este beneficio, así como tampoco podrá ser cobijado con la prisión domiciliaria.

A lo largo de estos años, alias Chicorio afirmó que sí estuvo presente en la masacre, pero que su rol fue preparar los alimentos de sus compañeros, lo que se conoce como “el ranchero” y que su función dentro de la organización era de patrullero, prestar seguridad, brindar remesas y otros suministros y que no cometió delito alguno porque no portaba armas. En efecto, se sabe que el 12 de julio de 1997, desde el aeropuerto de Necoclí y Los Cedros (Antioquia), se desplazaron vía aérea a San José del Guaviare aproximadamente 30 integrantes de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, lideradas por Carlos Castaño Gil, entre los que se encontraba Quiñonez Quiñonez.

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Sin embargo, la Fiscalía aseguró que, los testimonios recaudados y que fueron solicitados por la defensa, en lugar de contribuir con la versión del procesado, por el contrario, conducen a confirmar su responsabilidad en la modalidad de coautor de todas las conductas. Por ejemplo, José Efraín Pérez Cardona, alias 400, comandante militar en la región de Urabá, instructor militar de las unidades que fueron enviadas a la Región de los Llanos Orientales, afirmó que alias Chicorio fue uno de los integrantes del grupo paramilitar que viajó en el avión e incursionó en Mapiripán.

Asimismo, Juan Antonio Laza Solano, alias Correcaminos, aseguró que todos los integrantes de grupo de las autodefensas que vinieron desde Urabá para estos hechos eran conscientes de lo que implicaba y que todos desempeñaban roles diferentes, como patrulleros rasos, oficiales de seguridad, suministro de remesas y otros servicios relacionados con la cocina, afirmando que no podría afirmar si llevaba o no armas, pero que en ocasiones estaban armados. Por tanto, la Fiscalía expuso que no existe duda en que Chicorio participó de estos hechos.

Agregó el ente investigador que la defensa de Alfonso José Quiñonez es la misma empleada por muchos de los coautores que dicen que se dedicaron a patrullar, brindaron seguridad o se quedaron fuera del pueblo y no cometieron homicidios, secuestros o torturas. No obstante, “desde la lógica de la coautoría, todos han contribuido al buen funcionamiento del grupo que perpetró una masacre contra civiles (...) luego quienes contribuyeron con el patrullaje, con las remesas para las tropas que estaban cometiendo los crímenes o brindaron seguridad para esas tropas, así sea en la periferia del casco urbano, deben responder por los crímenes cometidos”.

La Fiscalía también señaló que alias Chicorio tuvo importantes oportunidades muy importantes para haber aceptado y reconocido su responsabilidad, como la brindada por la Ley de Justicia y Paz, con una pena máxima de ocho años que, de haberse postulado, ya estaría en libertad. Pero el procesado no se acogió a ese beneficio indicando que estuvo mal asesorado al momento de la desmovilización, aunque la ley indica que los desmovilizados era quienes debían solicitar su desmovilización ante el Alto Comisionado de Paz.

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El juzgado, por su parte, consideró que no hay duda en que Alfonso José Quiñonez pertenecía al grupo paramilitar y que su participación fue esencial para el éxito de la empresa criminal y, por lo mismo, hacía suyos todos y cada uno de los crímenes que cometiera el grupo. Agregó que las pruebas indican que Chicorio conocía perfectamente todo el plan, la logística y que el personal utilizado en esta incursión tenía el propósito criminal que finalmente fue ejecutado. “Alfonso José Quiñonez no desconocía el fin propuesto por ese grupo paramilitar cuando parte de Necoclí con destino Mapiripán, y presta los servicios que él mismo dice prestó, no queda otro camino que apartarnos de la teoría de la defensa y acoger los de la Fiscalía”, indicó el juez.

Además, el despacho recordó que es indudable que la población de Mapiripán estuvo secuestrada durante la incursión del grupo paramilitar y que, tal como lo aseguró el juez en esa localidad, Leonardo Iván Cortes Novoa, los agresores sacaban a las personas de sus casas y las conducían al matadero municipal, allí los torturaban y a varios los asesinaron, les prohibían el derecho de locomoción, a las comunicaciones y se apoderaron de las llaves de oficinas públicas. Todo esto, generó terrorismo entre sus pobladores, además de amenazas.

Todo esto fue suficiente para que el Juzgado condenara a Alfonso José Quiñonez a 32 años de prisión e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas durante el mismo tiempo, tras encontrarlo responsable a título de coautor de los delitos de homicidio agravado, secuestro extorsivo y terrorismo por los hechos ocurridos en dicha masacre.

Los hechos ocurrieron entre el 15 y 20 de julio de 1997 cuando un comando de paramilitares provenientes del Urabá masacraron a un número indeterminado de habitantes de Mapiripán (Meta). Los miembros de las autodefensas llegaron el 12 de julio en dos aviones que salieron aeropuertos de Necoclí y Apartadó (Urabá) y que estaban al mando de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso. Las investigaciones y testimonios ante las autoridades señalan que los paramilitares fueron escoltados por miembros de la Brigada XVII del Ejército, con sede en Carepa (Urabá) y cuyo comandante era, en esa época, el general (r) Rito Alejo del Río.

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