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9 Mar 2021 - 2:00 a. m.

La conexión difusa entre Colombia y Rusia en el narcotráfico

Las autoridades tratan de esclarecer qué vínculos han pactado las mafias de estos países, a pesar de que en los últimos años algunos episodios dan cuenta de que hay importantes contactos, pero que no serían tan sólidos como los que hubo en los años noventa con Pablo Escobar y los Rodríguez Orejuela.
David Escobar Moreno

David Escobar Moreno

Periodista Judicial
Incautación de un cargamento de tres toneladas de cocaína al Clan del Golfo en el Urabá antioqueño. /Fotografía: Cristian Garavito.
Incautación de un cargamento de tres toneladas de cocaína al Clan del Golfo en el Urabá antioqueño. /Fotografía: Cristian Garavito.
Foto: Cristian Garavito/ El espectador

Cada vez que las autoridades colombianas anuncian un operativo en el que aparece una conexión con narcotraficantes rusos, el asunto queda en apenas una mención pública. Además, cuando se indaga sobre sus nexos con el crimen organizado colombiano, el asunto se vuelve aún más difuso de lo que son las tramas alrededor de la mafia y el narcotráfico. El más reciente ejemplo es la captura de alias Veterino, un hombre clave en la estructura del grupo sucesor del paramilitarismo Clan del Golfo, considerado como un actor fundamental en el tráfico de drogas internacional y que es liderado por alias Otoniel, uno de los hombres más buscados en Colombia.

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Willar Duarte Arango, como realmente se llama Veterino, es señalado por la Policía como el encargado de cobrar a narcotraficantes el paso de cargamentos de droga que salen del puerto El Zungo en Carepa, Antioquia. “Les cobraba impuestos a narcos de la región, con el fin de permitir el acopio en fincas destinadas para tráfico transnacional desde ese embarcadero hasta Europa y Asia por medio de containers contaminados, los cuales son recibidos en otros puertos por mafias locales y que tiene varios destinos, entre ellos Rusia”, le dijo a El Espectador una fuente de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol de la Policía (Dijín).

Un investigador de inteligencia de la Policía indica que por ahora no hay evidencia de que el Clan del Golfo tenga contacto directo con mafias rusas y prefiere omitir nombres concretos de grupos o narcotraficantes que pactan los envíos de cocaína a esta zona del mundo. Lo que sí se sabe es que hay al menos dos rutas principales. La primera tendría como salida por vía marítima el Urabá, bastión del Clan del Golfo, y tendría escalas en distintos puertos europeos, pero que tendrían como destino final San Petersburgo. La otra es a través del aeropuerto El Dorado o el de Rionegro hasta la terminal aérea de Sheremetyevo de Moscú, la cual también puede llegar a esta zona luego de varias escalas.

En 2013, un cura colombiano fue detenido en ese aeropuerto por portar en el interior de su cuerpo y de su equipaje cocaína. Se trata de Fabio Ricardo Rodríguez, sacerdote de una iglesia anglicana en Bogotá, que le dijo a la Policía rusa que fue amenazado por un grupo criminal para portar la droga. En 2017, fue capturado en Rionegro Andrei Ermakov, un ruso que quería sacar ocho kilogramos de cocaína. La Policía señaló que buscaban identificar si el hombre pertenecía a la mafia Tambovskaya, un grupo criminal con asiento en San Petersburgo desde finales de los años ochenta, que ha sido cercana a agentes de inteligencia y que se ha disputado el control del puerto de esa ciudad con otras mafias.

El escándalo en Argentina

La más sofisticada de las rutas que se identificó terminó siendo un escándalo internacional. En 2018, la entonces ministra de Seguridad argentina, Patricia Bulrrich, aseguró que la cocaína que había sido encontrada en 12 maletas en el interior de la Embajada de Rusia en Buenos Aires provenía de Colombia. La alta funcionaria aseveró que los 400 kilos de cocaína iban a salir de Argentina a través de vuelos diplomáticos y que, probablemente, el cargamento también habría entrado de la misma manera. La mercancía ilegal estaba marcada con una estrella rusa y con las siglas LG, dos marcas que las autoridades colombianas han identificado en las incautaciones al Clan del Golfo en Urabá.

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Este escándalo, en el que se vieron involucrados diplomáticos rusos y un agente de un organismo de inteligencia que sucedió a la KGB, no fue esclarecido, ya que los integrantes de esa red de narcotráfico no entregaron información a las autoridades argentinas. Ese mismo año, en Tuluá, fue capturado alias Karlos, un narco colombiano que era pedido por el Servicio Federal de Control de Drogas de Rusia. El traficante era el “creador de una organización delictiva con alcance internacional que, mediante alianzas con el crimen organizado colombiano, enviaba cocaína a Moscú a través de vuelos comerciales que arribaban al aeropuerto de Sheremetievo”, dijo el organismo ruso.

Karlos tenía circular roja de la Interpol por “tráfico de cocaína, liderar una organización internacional de narcotráfico, fabricación ilegal, venta o despacho de estupefacientes y contrabando de agentes narcóticos”. La Policía explicó que el capturado, de 49 años, también podría tener vínculos con estructuras criminales del Valle del Cauca y Meta, con las cuales “estaría planeando un nuevo envío de cocaína” a Rusia. Según la investigación, con esta organización delictiva intercambiaban armas de fuego por droga que, posteriormente, era enviada a Europa.

Uno de los pocos rostros que se conocen y que darían cuenta sobre la alianza entre el Clan del Golfo con grupos criminales rusos y de Europa Oriental fue asesinado a los pocos meses de la captura de alias Karlos. En octubre de 2018 fue asesinado en Pereira Miro Risvanovic, señalado de ser el enlace de Otoniel con grupos criminales en el Viejo Continente y que se movía entre Cartago, Ipiales, Urabá y España. En 2017, cuando fue capturado en Italia y luego extraditado a Colombia, la Policía italiana lo acusó de organizar la llegada y distribución de toneladas de cocaína a Europa a través de sus contactos con la mafia calabresa, la Ndrangheta y organizaciones criminales albanesas, kosovares y rusas.

Los pioneros

La relación entre mafias rusas y colombianas data desde los años noventa, cuando se supo que el cartel de Cali, luego de la muerte de Pablo Escobar, se apoderó de ese mercado, que hasta diciembre de 1993 estuvo bajo el control del cartel de Medellín. En esos años, tras la caída de la Unión Soviética y el auge de varias mafias, el consumo de cocaína aumentó en Rusia, un asunto que prendió las alarmas de ese país, de EE. UU. y del desaparecido organismo de inteligencia colombiano DAS. En ese momento se supo que desde los años ochenta los carteles colombianos exportaban cocaína y recibían armamento tanto a delincuentes colombianos como de otros países latinoamericanos.

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También se conocieron reuniones en Moscú por parte de un alto mando del cartel de Cali en esos años. Guillermo Pallomari, un chileno que durante diez años fue el hombre de las finanzas de los hermanos Rodríguez Orejuela, le dijo a la justicia estadounidense que un colombiano llamado Genaro Ángel era el encargado de manejar las rutas del narcotráfico hacia Rusia y los países aledaños. También que la droga salía del puerto de Buenaventura, donde la cocaína es camuflada en barcos que hacen escalas en Perú y Ecuador, especialmente en Guayaquil, para atravesar luego el Pacífico.

También los alijos iban a bordo de barcos que pasaban por el canal de Panamá, atracaban en el puerto de Gotemburgo, en Suecia, y luego eran enviados al puerto finlandés de Kotka. Desde esta ciudad, los containers eran llevados por tierra a San Petersburgo. De ahí la droga terminaba en otras ciudades de Rusia, países de la Unión Soviética, la antigua Yugoslavia y Polonia.

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