19 Mar 2020 - 11:00 a. m.

La historia del policía que golpeaba a su esposa y trató de salirse con la suya

Téllez León era un patrullero que le pegaba a la madre de sus tres hijos sistemáticamente. Ella, deprimida, hasta trató de suicidarse. Cuando por fin fue procesado lo condenaron por violencia intrafamiliar y le dieron un castigo de 15 meses en prisión, pero apeló hasta llevar su caso a la Corte Suprema. Así le respondió el alto tribunal en un fallo emitido hace unas semanas.

Diana Durán Núñez / @dicaduran

La historia del policía que golpeaba a su esposa y trató de salirse con la suya
En Colombia, uno de los agresores más comunes de las mujeres son sus parejas o exparejas. / Gustavo Torrijos - El Espectador
En Colombia, uno de los agresores más comunes de las mujeres son sus parejas o exparejas. / Gustavo Torrijos - El Espectador

María* convivió, por lo menos, 15 años con Téllez León, un patrullero de la Policía que a lo largo de su convivencia se dedicó a golpearla hasta causarle fracturas. La última vez que ella lo denunció, él la golpeó tan duro que las lesiones le dejaron una incapacidad de ocho días. El comportamiento del patrullero Téllez León, se lee hoy un fallo de la Corte Suprema de Justicia, consistió en “agresiones físicas, psicológicas y de orden sexual” que llevaron a su esposa a requerir tratamientos médicos y psiquiátricos. Y, en un punto, a que ella buscara su propia muerte. (Ahora, la violencia intrafamiliar será castigada con mayor severidad)

La última vez que Téllez León la maltrató fue el 9 de julio de 2015, en plena calle, frente a un centro comercial de Bogotá llamado Galerías. Al episodio lo sucedieron el intento de suicidio de ella y una hospitalización psiquiátrica, con un diagnóstico de depresión a cuestas “debido a los malos tratos recibidos”. Los peritos de Medicina Legal que la examinaron resaltaron que el patrullero la violentaba con “frecuencia e intensidad” por celos y por “la resistencia [de ella] a seguir la voluntad del denunciado”. Concluyeron que su riesgo frente a su esposo era “extremo”, pues podría sufrir lesiones más graves o, incluso, terminar muerta.

Pero María no pereció, como sí ha ocurrido con tantas mujeres en Colombia en su misma posición (en 2018, por ejemplo, el segundo presunto agresor de las mujeres asesinadas fue su pareja o expareja según Medicina Legal). Antes de que el patrullero Téllez León le diera esa última golpiza, su esposa hizo lo que ya había hecho antes y acudió a las autoridades estatales que, de nuevo, emitieron órdenes insuficientes. Esa vez, una Comisaría de Familia le dio una medida de protección que valió nada cuando Téllez León fue tras ella. Con la diferencia de que, entonces, la Fiscalía ya podía investigarlo de oficio.

Y así sucedió. El 21 de enero de 2016, siete meses después de la agresión frente a Galerías, la Fiscalía le imputó el delito de violencia intrafamiliar con el agravante de que la víctima era una mujer. El patrullero no aceptó cargos. En junio de ese mismo año fue llamado a juicio pero, cuando la acusación se iba a leer, el fiscal del caso dijo que ese ya no era el propósito de la diligencia, sino legalizar un preacuerdo. Es decir, que el acusado y el ente acusador habían sellado un pacto para agilizar el proceso. Téllez León, de entrada, reiteró su inocencia. “Si usted es inocente, no acepte el preacuerdo”, le dijo el juez. (Mujeres denuncian siete de cada diez casos de violencia intrafamiliar en Bogotá)

“Mi inocencia se va a evaluar con el tiempo”, contestó el patrullero Téllez León. El juez le respondió que así no funcionaba: si tomaba el camino del preacuerdo era porque admitía su responsabilidad en el delito de violencia intrafamiliar. El uniformado se mantuvo en su decisión de aceptar cargos. La representante de la víctima expresó su consenso, lo mismo que el defensor de Téllez León. La Fiscalía, por la negociación, dijo que este cometió el delito “bajo estado de intensa ira y dolor” y propuso para él un fallo de 15 meses de prisión, que aceptó el Juzgado Octavo Penal Municipal de Bogotá en agosto de 2017.

Parecía haber sido un acto libre y espontáneo, parecía ser el fin de esa pesadilla para María. Pero, tras conocer la sentencia en su contra, que lo obligaba ir a la cárcel -porque se le negó la prisión domiciliaria-, Téllez León apeló. En abril de 2018, el Tribunal Superior de Bogotá ratificó la condena. Un año más tarde, su demanda de casación fue admitida en la Corte Suprema, que estudió a conciencia el caso para dejar testimonio de la desfachatez del patrullero de la Policía. Para empezar, pidió la nulidad de lo actuado con base en un argumento: que cuando él hirió a la madre de sus tres hijos, ya no vivían juntos.

Según Téllez León, esa era razón suficiente para asegurar que su delito no podía considerarse violencia intrafamiliar, sino lesiones personales, y que por eso se había violado su derecho al debido proceso. La Corte, al analizar este punto, encontró que si ellos vivían juntos de manera era, precisamente, por la violencia que el patrullero Téllez León ejercía sobre su pareja: “Se producían distanciamientos cada vez que las agresiones se hacían intolerables para la mujer”. Cada vez que él fue trasladado por disposición de la Policía, señaló la Corte, su esposa y sus hijos lo siguieron. (Jalón de orejas a la Fiscalía por “precaria” investigación en caso de violencia intrafamiliar)

En octubre de 2014, nueve meses antes de la agresión frente al centro comercial, se separaron por última vez. Blanco se fue a vivir con sus hijos a donde sus padres. “Como había sucedido desde el momento en que entablaron su conflictiva relación, las separaciones nunca rompieron el vínculo entre ellos, pues aparte de permanecer bajo su dependencia económica, el procesado Téllez León continuó acosándola, asediándola y agrediéndola en la misma casa, donde se presentaba con regularidad, o sobre la vía pública cuando se dedicaba a perseguirla, incumpliendo las medidas de protección”, resaltó el alto tribunal

Descartado el argumento de que la falta de convivencia cambiaba el delito del proceso, la Corte asumió el siguiente: que el patrullero “no fue suficientemente informado por su defensor de la naturaleza y consecuencias jurídicas del preacuerdo”. Dijo que no fue “debidamente asesorado” por quien lo representó en la audiencia en que terminó aceptando el preacuerdo, porque “creyó que aceptaba responsabilidad penal por el delito de lesiones personales”. Téllez insistía, básicamente, en que él había golpeado a una mujer como cualquier otra, no a alguien con quien tenía una unidad familiar, que es protegida por ley.

La diferencia era simple: por lesiones personales era mucho más fácil salir libre, pues es un delito que suele dar de uno a dos años de prisión. En violencia intrafamiliar, la pena máxima es de ocho. La Corte, de cualquier modo, le dijo de nuevo que no. “Es claro que la declaración de responsabilidad fue el resultado de una negociación entre fiscalía y defensa”, resaltó la corporación, añadiendo además otro punto clave: que la reducción de su castigo por su “estado de ira e intenso dolor” también era producto de la negociación, pues no había indicios de algún comportamiento grave de su esposa como para generar en él tal reacción. (“Casos de violencia intrafamiliar se deben juzgar con perspectiva de género”: Corte Suprema de Justicia)

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En resumen, la Corte le dijo al patrullero Téllez León que los maltratos físicos y psicológicos hacia María “eran frecuentes y constantes” desde que decidieron unir sus vidas, que su violencia hacia ella era “sistemática”, que la agredió cada que quiso -incluso obviando medidas de protección impuestas por jueces y comisarías de familia- y que ella, en múltiples oportunidades, resultó en un hospital por su culpa. Ella era su núcleo familiar, así no vivieran juntos al momento de la paliza, pues los distanciamientos de la pareja hallaban siempre motivo en las agresiones del uniformado.

A pesar de su separación en octubre de 2014, detalló la Corte, Téllez León “imponía su voluntad sobre ella (…) aun en contra del querer de esta”. Y agregó que mantenía en todo momento “control sobre sus actividades cotidianas, sometiéndola a un dominio fundado en el amedrentamiento”. Su agresión del 9 de julio de 2015 no fue un hecho “aislado u ocasional, sino que se trató de la manifestación de un modelo de conducta ejecutada de manera sistemática en contra de" María. Argumentos suficientes para mantener la condena en su contra tal como se la impusieron en 2017.

*Nombre modificado para proteger la privacidad de la víctima. Por esa misma razón no se enuncian en este artículo los nombres del patrullero que, siendo su esposo, la golpeaba. Pero los apellidos de él sí son reales.

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