Una silla de ruedas cambió el día a día de Zorangie Ramírez Álvarez, una joven de 21 años que vive con parálisis cerebral y que, desde su nacimiento, no ha podido caminar. El elemento le fue entregado durante una jornada de asistencia humanitaria de la Brigada de Ingenieros de Desminado Humanitario del Ejército Nacional en Restrepo (Valle del Cauca).
Durante más de dos décadas, su madre, Martha Álvarez, ha sido su principal apoyo para movilizarla. Cargarla para bañarla, alimentarla, subir escaleras o simplemente salir de casa se convirtió en una rutina que, con los años, pasó factura a su cuerpo.
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“Ella depende totalmente de mí desde que nació, porque nunca ha caminado. Siempre ha dependido de mí y estar cargándola me ha causado dolores de espalda. También me duelen las rodillas y se me dificulta mucho cargarla, subir las gradas con ella y hacer todas esas cosas”, relató Martha.
La falta de una silla de ruedas también había limitado las salidas de la joven. Ir a un parque o simplemente cambiar de ambiente resultaba complicado cuando cada desplazamiento dependía de los brazos de su madre, quien además señaló que no puede trabajar porque el cuidado de su hija le exige dedicación permanente.
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La entrega hizo parte de una jornada más amplia del Ejército Nacional en Restrepo, en la que los soldados acompañaron a familias afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto y entregaron elementos de primera necesidad.
La silla de ruedas, donada por la Fundación Arturo Calle, fue llevada por soldados del Ejército, quienes acompañaron a Zorangie en el momento de estrenarla. Según su madre, la joven, a quien describe como alegre e inteligente, recibió el elemento con entusiasmo y preguntaba repetidamente si la silla era realmente para ella.
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“El momento en que llegamos con ella y se la entregamos fue de una alegría inmensa, tanto para ella como para nosotros como familia”, contó Martha, quien describió el primer recorrido de su hija en la silla, desde el punto de entrega hasta la casa, como un momento de “felicidad enorme”.
Con el nuevo elemento, Zorangie puede desplazarse por sí misma dentro de sus posibilidades. Sin embargo, su madre aclaró que continúa requiriendo asistencia total para comer, bañarse y realizar otras actividades cotidianas.
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Para Martha, la silla representa un cambio en la calidad de vida tanto de su hija como en la suya: “Ahora, con la silla de ruedas, es súper cómodo porque ya no tengo que cargarla. No voy a sentir peligro de caerme con mi hija cuando camine con ella, y ella va a estar mucho más cómoda”.
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