Desde que era candidato, el ahora presidente Abelardo de la Espriella dejó ver su intención de mejora las relaciones con Estados Unidos en distintos temas, incluidos la seguridad y la lucha contra el narcotráfico. A menos de una semana de haber llegado al poder, su administración ya tomó dos decisiones de peso: La primera, que Colombia se sumara al llamado Escudo de la Américas, la iniciativa liderada por Donald Trump para intensificar la lucha contras las drogas en la región; la segunda, que se firmara un acuerdo con Estados Unidos para adelantar operaciones militares conjuntas. El segundo anuncio, del que no se conocen aún todos los términos, encendió las alertas de expertos para quienes resulta vital que se sepa hasta dónde actuará Trump.
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Según dijo el secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth, “Colombia ya ha solicitado que el Departamento de Guerra se una en su lucha contra el narcoterrorismo, autorizando operaciones militares conjuntas para destruir a los terroristas y las redes de terror”. La noticia se conoció en medio del Foro de la Coalición de las Américas contra los Carteles que se realizó en Panamá. Horas después, el Ministerio de Defensa de Colombia confirmó la información y dijo que buscan “fortalecer capacidades, compartir información, coordinar esfuerzos y aumentar la efectividad operacional contra las organizaciones terroristas y criminales”.
Sin embargo, los términos dados a conocer por los dos países, hasta ahora, son gaseosos. Lo único que deja claro es el cambio de rol que tendrá Colombia en escenarios internacionales. Así lo considera Jorge Mantilla, investigador y doctor en Criminología, Derecho y Justicia. Para el experto, el anuncio sobre las operaciones conjuntas deja ver que “Colombia se inserta de una manera mucho más directa en un escenario de guerra global y de competencia internacional en el sentido de esferas de exclusión que parten justamente del hecho de que Estados Unidos tiene la capacidad de definir la agenda de seguridad nacional de los países del hemisferio occidental”.
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Por otra parte, el investigador considera que con el anuncio “va a haber un debate importante y es qué significan las operaciones conjuntas. No creo que requieran de un tratado internacional ante el Congreso como algunos lo están diciendo, porque estará en discusión hasta qué punto esas operaciones van a implicar el tránsito de tropas de los Estados Unidos por territorio colombiano, que creo que no va a ser así”. Mantilla explica que seguramente, en un inicio, sea una colaboración entre agencias de inteligencia para definir objetivos militares “como lo fue Niño Guerrero en Venezuela o los Comandos de Frontera en Ecuador”.
Los riesgos de ejecuciones extrajudiciales
Sin embargo, dice Mantilla, también hay consecuencias. “Colombia va a ser responsable políticamente de lo que pueda ocurrir y creo que lo que puede ocurrir es, que al igual que en el uso unilateral de la fuerza que hemos visto en el Caribe, va a haber una zona gris entre lo que son objetivos a terroristas o narcotraficantes y lo que son ejecuciones extrajudiciales, teniendo en cuenta que muchos de esos ataques serán contra poblaciones o contra objetivos donde pueden caer personas inocentes”.
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Para el investigador, es importante resaltar que “hasta el momento los ataques norteamericanos y el uso unilateral de la fuerza contra pequeñas embarcaciones en el Caribe han recibido cuestionamientos de organizaciones internacionales e incluso de congresistas o de parlamentarios del propio congreso de los Estados Unidos por cuenta de lo que podrían ser ejecuciones extrajudiciales”. Mantilla señala que en las operaciones del país norteamericano en el Caribe ha quedado demostrado que “muchas de las personas que han muerto en el marco de esos ataques eran pescadores o no eran los grandes narcotraficantes que se suponía”. En ese contexto, dice el investigador, “hay una tensión enorme que seguramente tendrá que ser contenida o un riesgo que tendrá que ser minimizado a través de unos protocolos de inteligencia muy minuciosos y que tienen que ver justamente con esa naturaleza conjunta que se plantea al menos sobre el papel”.
El fortalecimiento en la ideología de grupos armados
Esa alianza militar, de acuerdo con el experto, aunque trae beneficios, también abre espacios para que grupos armados tomen fuerza, al menos en su discurso. Con el acuerdo, dice Mantilla, “grupos como el Eln por fin pueden encarnar la guerrilla continental como siempre soñaron ser. Es decir, aquí hay un elemento político y simbólico que tiene que ver con la soberanía, que sin duda va a ser instrumentalizado, utilizado ideológica y políticamente por grupos armados colombianos contra esa transnacionalización del conflicto y ese símbolo de la lucha antiimperialista”. Actualmente el Eln no mantiene las mismas banderas sobre las que se fundó en los años 60, resalta el experto.
“Es importante tener en cuenta que a pesar de que hoy el Eln es más lo que se podría considerar un grupo de crimen organizado que un grupo insurgente y que depende cada vez de economías ilícitas, como el narcotráfico, la minería de oro, la extorsión”, resalta Mantilla. Pero, con las dudas que deja la falta de claridad del acuerdo, “se concreta el hecho de poder decir, con suficiente asidero concreto de realidad, que hay una guerra, que Estados Unidos tiene una presencia imperialista en América Latina, que esta guerra que ellos están luchando es contra el imperialismo yanqui, contra la presencia de Estados Unidos en la región. Entonces, estos elementos o este acuerdo y las posibles operaciones militares hacen eco de esa narrativa, en ese mito fundacional y esa sombrilla ideológica que, de alguna manera, mantiene condicionada la identidad política e histórica del Eln”.
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