“Jeff, por favor, salva al Post”. Ese fue el llamado que corresponsales internacionales que han estado en Venezuela, Ucrania, Rusia, China, Líbano, entre otros lugares más, le hicieron a Bezos, dueño del periódico, a través de un video. “Llevamos más de un siglo en el terreno cubriendo las historias más urgentes. Estuvimos ahí. Los reporteros internacionales somos sus ojos y oídos. El mundo nos necesita”. Días después, más de 300 periodistas fueron despedidos del medio de comunicación estadounidense y, con ello, la sección de Deportes y la cobertura internacional, entre otras áreas más (como la de libros), sufrieron las consecuencias. En la mitad queda Estados Unidos con tensiones políticas y sociales, pero también un mundo que tiene varios focos de guerra encendidos.
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“Un día trágico para el periodismo” o “el asesinato del Washington Post” fueron algunos de los titulares que se conocieron tras el anuncio. Los correos empezaron a llegar, “eliminado”, “eliminado”, “eliminado”, y lo hicieron incluso hasta en una zona de guerra donde Lizzie Johnson, corresponsal en Ucrania, trabajaba. “Esta mañana tomé mi libreta —llena de notas de un reciente viaje— y me invadió otra oleada de tristeza por todas las historias que ahora no se contarán”, escribió el jueves en la red social X: “Busco trabajo, preferiblemente en Kiev, por si alguien necesita una reportera tenaz y empática”.
Algo similar expresó Siobhan O’Grady, quien lamentó que su cubrimiento de la guerra en Ucrania terminara días antes de que se cumpliera el cuarto año desde el inicio de la invasión a gran escala: “Planeo quedarme en Kiev, porque esta historia es más importante que nunca”. Sam Fortier, otro de los periodistas despedidos, escribió: “Soy parte de los recortes masivos en el Washington Post. Estoy triste y enojado. Todos queremos seguir haciendo nuestro trabajo”. Él mostró en redes sociales que participó en una protesta en la que una de las consignas fue: “Un D.C. libre necesita una prensa libre”. Allí también se vieron otros mensajes como “No asesinen al Washington Post” o “La democracia muere con los billonarios”.
A la par, en redes sociales se publicaron varios mensajes de periodistas buscando trabajo. Luis Melgar, que se desempeñaba como reportero gráfico, expresó en LinkedIn que está buscando su próximo proyecto: “Vivo en la intersección de datos, elementos visuales y diseño. Puedo analizar números, visualizarlos y desarrollar cosas. Aprendo rápido y trabajo duro. Si algo de esto te suena bien, contáctame”.
Esta decisión, que internamente se justificó con la pérdida de dinero de la empresa (que viene de tiempo atrás) y con la no satisfacción de las necesidades de los lectores, llega en un momento difícil. Así lo expresó Martin Baron, exeditor ejecutivo del “Post”: “Al público se le negará la cobertura periodística de primera línea y basada en hechos, en nuestras comunidades y en todo el mundo, que se necesita más que nunca”. Esto, según dijo, es muestra de “los repugnantes esfuerzos de Bezos por congraciarse con el presidente Trump”. El sindicato que representa a la mayoría de los empleados mencionó, además, que los despidos no eran inevitables y que las consecuencias se sentirán en la credibilidad y en el futuro del medio. Desde ya, los periodistas lo han puesto en términos definitivos: investigando gobiernos autoritarios, informando desde lugares violentos y documentando sobre revuelos electorales, la reportería en calle es más urgente que nunca.
“El momento no puede ser peor”, expresó Jonathan Bock, director del Fondo Periodismo Futuro: “Es un golpe durísimo para el periodismo y una demostración muy cruda de poder”. Esto muestra, al menos a su parecer, que todas las estrategias de censura están siendo utilizadas contra quienes cubren las protestas contra el ICE o contra plataformas emblemáticas como el “Washington Post”. Lamentó, además, el hecho de que muy pocos medios pueden enviar reporteros a cubrir zonas de guerra y ahora el estadounidense deja de ser uno de esos referentes.
Los reparos por lo sucedido también llegaron desde las personas que vieron cómo el periódico consolidó su buen nombre. En una publicación en Facebook, Don Graham, cuya familia fue dueña del medio durante más de medio siglo y supervisó su expansión hasta que se convirtió en un periódico de primera categoría que superó “Watergate”, escribió: “Tendría que aprender una nueva forma de leer el periódico, ya que comencé con la página de deportes desde fines de la década de 1940”. Ashley Parker escribió en “The Atlantic” que “lo que le está pasando al Post es una tragedia pública, pero también muy personal (...). No recuerdo un momento en el que no estuviera, de alguna manera, entretejido en mi vida. El Post también fue mi forma de enamorarme del periodismo”.
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