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Más allá del “soborno al votante”: las jugadas de Trump por las “midterms”

La promesa del presidente de dar dinero a los votantes si gana las elecciones eclipsó el verdadero clima de esta campaña: nadie quiere aparecer en una foto con él. Del lado demócrata también “juegan a las escondidas”: nadie quiere la etiqueta socialista. Se inicia la recta final de la que será la elección más costosa de la historia.

Camilo Gómez Forero
14 de septiembre de 2026 – 10:52 a. m.
DALLAS (USA), 11/09/2026.- US President Donald Trump speaks on the second day of the Midterm Republican National Convention (RNC) at the American Airlines Center in Dallas, Texas, USA, 10 September 2026. The two-day event, conceived by US President Donald Trump to spotlight key midterm congressional races, runs 09 to 10 September. EFE/EPA/ALBERT PENA
Donald Trump durante su discurso en Texas, Estados Unidos.
Foto: EFE - ALBERT PENA

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El pasado miércoles, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el “Dividendo Trump”, una promesa de USD 5.000 para los adultos estadounidenses que se desembolsaría solo si los republicanos logran ganar las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre. Esto ha sido interpretado por muchos analistas como un “soborno al votante”, aunque también ha sido tomado entre burlas.

“Si los demócratas voltean la Cámara y el Senado, todo el mundo recibe un dividendo de USD 10.000, un poni, y helado gratis de por vida”, dijo con sarcasmo el congresista demócrata Ted Lieu.

No es la primera vez que el gobierno Trump promete algo así, aunque rara vez se cumple. La idea original fue de Elon Musk, quien dijo que se darían cheques de USD 5.000 para la ciudadanía financiados con todo el dinero que supuestamente había ahorrado el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). El problema es que DOGE nunca ahorró ni de cerca la cantidad que la administración decía haber ahorrado. Así que los cheques nunca llegaron. 

Después de esto, Trump prometió en noviembre de 2025 que entregaría USD 2.000 por persona en otro “dividendo” que saldría de los grandes beneficios arancelarios que supuestamente ha recibido el país. Tampoco se cumplió, en gran parte porque a principios de 2026 la Corte Suprema anuló buena parte de la autoridad arancelaria de Trump, dejando sin sustento financiero la promesa, aunque la Tax Foundation cuestionó antes de la decisión que esto se pudiera llevar a cabo. Tampoco se había recaudado suficiente dinero.

En diciembre del mismo año, en lugar de renovar los subsidios del Affordable Care Act (más conocido como Obamacare) que estaban por vencer, Trump propuso darle ese dinero directamente a la gente. Al final, la gente no recibió ni lo uno ni lo otro: ni los subsidios renovados ni los cheques.

Hay una excepción: ese mismo diciembre, antes de Navidad, se anunció el “Warrior Dividend”, un cheque de USD 1.776 (cifra con tono patriótico) para los militares en servicio. Lo que no dijo el gobierno es que el dinero salió de un programa de vivienda militar que ya había sido aprobado por el Congreso. Es decir, dinero que ya existía.

Lo llamativo con esta nueva promesa, entonces, no fue el concepto como tal, que tampoco se va a poder cumplir porque, según la Tax Foundation, es muy costosa. Ni siquiera es el debate sobre si prometer un incentivo financiero durante una elección es legal. 

De hecho, Rick Hasen, profesor de derecho electoral en la UCLA, escribió que “Trump tendría una sólida defensa amparada en la Primera Enmienda” para prometer esto. Y también hay un precedente: cuando el candidato presidencial demócrata George McGovern prometió USD 1.000 si ganaba las elecciones en 1970. Al final, cabe destacar, este perdió contra Richard Nixon.

Le recomendamos: Rubio sentó las bases de la nueva agenda que quiere Trump en la región: así son las apuestas

¿Cuál es la estrategia de los republicanos?

Lo llamativo sobre la propuesta de Trump fue todo lo que ese anuncio logró eclipsar esa noche. 

En su discurso se le vio a la defensiva y reconociendo que la gasolina no va a bajar antes de las elecciones, rompiendo su propia promesa del año pasado de que llegaría a USD 2 el galón. Ese mismo día, el precio tuvo su mayor subida diaria desde mayo. 

Esa misma noche, la Corte Suprema bloqueó un intento de un funcionario republicano de Missouri de usar un nuevo mapa de distritos electorales para esta elección, un revés directo a la estrategia de redistribución, que es una maniobra central para las probabilidades republicanas.

Estos dos elementos por su cuenta, a 50 días de las elecciones, dejan ver desconcierto y alarmas entre los republicanos. Pero lo más llamativo de todo fue la ausencia de figuras conservadoras al lado del mandatario durante la Convención del Partido Republicano de medio término, un evento que nunca se había realizado.

La convención tuvo filas de asientos vacíos la primera noche, según reportó The New Republic, al punto que tuvieron que buscar gente a último momento para llenar el recinto. Susan Collins, senadora de Maine que busca la reelección este mismo ciclo, no se presentó. Lo mismo ocurrió con John Sununu, candidato republicano al Senado por Nueva Hampshire. ¿Por qué no aparecer al lado del presidente para tener un impulso en sus carreras? La respuesta es porque no creen que esto surta efecto, sino que cause todo lo contrario.

Las elecciones se presentan en el peor momento posible para el presidente. Su aprobación se ubicaba, según distintas encuestadoras, entre el 33 % y el 34 % (la más baja de toda su presidencia según Reuters/Ipsos) con una desaprobación que en algunos sondeos superaba el 58 %. 

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Los historiadores solo encuentran un precedente comparable desde la Segunda Guerra Mundial, el de Harry Truman en 1946, cuando su partido perdió 55 escaños en la Cámara. Y el desgaste no se limita a las ciudades. 

Un análisis de Fox News encontró que la aprobación neta de Trump entre los votantes rurales, su bastión más sólido, donde ganó el 64 % del voto en 2024, cayó de +20 a principios de 2025 a -14 en mayo de 2026, golpeada por el alza en combustibles y fertilizantes y por los aranceles que afectan las exportaciones agrícolas. 

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Ese desgaste ya se refleja en el respaldo que Trump ofrece a otros candidatos. En Florida, su favorita para el distrito 19, Catalina Lauf, perdió la primaria. En Wyoming ocurrió lo mismo con su candidata a gobernadora, Megan Degenfelder, derrotada por Eric Barlow. Sus elegidos también cayeron en las primarias a gobernador en Iowa, Georgia y Carolina del Sur. 

La única victoria de una candidata respaldada por él, Darline Graham en Carolina del Sur, quien reemplazó a su hermano Lindsey tras su muerte repentina en julio, se explica más por el reconocimiento del apellido que por el impulso presidencial. Una encuesta de Pew resume el fenómeno con un solo dato: aunque Trump no está en el tarjetón, un 42 % de los votantes dice que va a usar su voto específicamente en su contra, casi el doble de los que dicen que votarán para respaldar su agenda.

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El único que no tiene esa opción de tomar distancia es JD Vance. Como vicepresidente y presunto favorito para la nominación republicana de 2028, no puede alejarse aunque quisiera. Vance ha intentado sonar más empático que el propio presidente frente a la crisis de asequibilidad, que Trump insiste en calificar de “narrativa inventada”, y ha dicho que no se sentará a hablar de sus planes de 2028 hasta después de las “midterms”. Pero mientras todos los demás calculan cuánta distancia tomar, a Vance Trump no parece dispuesto a dejarlo correr por su cuenta.

(FILES) US Representative Alexandria Ocasio-Cortez, Democrat from New York (R), looks on in support of the DEFIANCE Act on Capitol Hill in Washington, DC, on January 22, 2026.
La congresista Alexandria Ocasio-Cortez baraja sus aspiraciones presidenciales para 2028.
Foto: AFP - ALEX WROBLEWSKI

La elección más costosa de la historia

Sin embargo, aunque tenga problemas para impulsar candidaturas, Trump sigue siendo una máquina para movilizar dinero. El presidente le dijo a la prensa que planea destinar entre USD 400 y USD 500 millones para apoyar a los republicanos, y el comité afiliado a él, “No Going Back”, ya reservó más de USD 74 millones en tiempo de publicidad en 15 carreras a la Cámara y en seis contiendas claves para el Senado.

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El grueso de ese dinero, USD 15,7 millones, se está gastando en Michigan, donde el candidato progresista Abdul El-Sayed le tomó ventaja en las encuestas al republicano Mike Rogers. En Texas, donde el fiscal general Ken Paxton corre el riesgo de convertirse en el primer republicano en perder una elección estatal en décadas: MAGA Inc. y el super-PAC de Elon Musk ya metieron allí USD 10 y USD 2,4 millones respectivamente. La elección se perfila como la más cara en la historia de Estados Unidos, con un gasto publicitario proyectado de USD 11.600 millones, más que toda la elección presidencial de 2024. Pero, de nuevo, ya se busca distancia con la firma del presidente.

El comité “No Going Back” se registró apenas el 1 de septiembre y, aunque no está formalmente afiliado al comité tradicional de Trump, comparte tesorero, teléfono y dirección con él. Según un estratega republicano citado por Reuters, el nombre nuevo busca deliberadamente sacar la palabra “MAGA” de la ecuación para no espantar al votante independiente, que cada vez se aleja más del presidente.

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Por una regla de calendario de la Comisión Federal Electoral, además, los donantes de ese comité no se conocerán hasta finales de octubre, cuando ya buena parte de las campañas de publicidad haya cumplido su función. Es decir, habrá mucho dinero circulando en estas elecciones sin que se sepa su procedencia.

Nadie quiere etiquetas políticas

El fenómeno de esconder la etiqueta de apoyo de Trump no es exclusivo de los republicanos. Del otro lado, los demócratas también atraviesan sus propios cálculos políticos, aunque en dirección inversa: mientras los candidatos republicanos se alejan de Trump, varios demócratas se alejan de su propio partido.

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Los candidatos progresistas han empezado a distanciarse de la etiqueta “socialista” que tanto usa la propaganda republicana en su contra. El-Sayed, por ejemplo, insiste en que no es miembro de Democratic Socialists of America (DSA) y no se identifica como socialista, buscando construir lo que él llama una “carpa grande”. Otra candidata, Darializa Avila Chevalier, borró publicaciones antiguas en las que alababa el comunismo y el marxismo, alegando haber “madurado considerablemente” desde entonces. 

Otro caso, más irónico, es el de Alexandria Ocasio-Cortez. La misma congresista que en 2018 llegó al Congreso tumbando en primaria a un veterano titular de su propio partido, en este ciclo ha evitado respaldar a candidatos progresistas que desafían a congresistas demócratas en ejercicio, e incluso se mantuvo al margen de primarias de alto perfil como las de Maine y Michigan.

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La explicación que circula en medios locales es que mantenerse al margen le permite conservar las manos limpias de cara a una posible candidatura presidencial en 2028, algo que ella no ha descartado.

El resultado de esto es un partido que, atrapado entre dos facciones que no logran ponerse de acuerdo, ha terminado por borrar su propia etiqueta. Como lo resumió un consultor demócrata, la estrategia ya no es venderse como “demócrata progresista” o “demócrata moderado”, sino simplemente como “demócrata que entrega resultados”. Y de quiénes sean los candidatos que presenten resultados en estas elecciones dependerá la dirección que tome el partido para elegir su nominado —o nominada— a la Casa Blanca en 2028.

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Comentarios
  • RICARDO(81050)14 de septiembre de 2026 – 12:41
    SE ESTÁ PONIENDO BUENO ESE CIRCO.

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