Las discusiones políticas estuvieron más presentes que nunca en la edición 2026 del Mundial, celebrado en México, Estados Unidos y Canadá. Más allá de los goles y los partidos, el torneo estuvo atravesado por guerras, políticas migratorias, protestas y cuestionamientos sobre derechos humanos, reavivando el debate sobre el llamado sportswashing.
El término hace referencia a la estrategia mediante la cual gobiernos utilizan grandes eventos deportivos para fortalecer su imagen internacional y desviar la atención de crisis sociales, conflictos o denuncias por violaciones de derechos humanos. Según lo que dijó el polítologo Fabián Villalobos, académico del Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Diego Portales (UDP), para la revista Mala Espina, estos espectáculos permiten asociar a un país con valores como la unidad, la celebración, la competencia y el prestigio, al tiempo que desplazan del debate público controversias políticas o cuestionamientos sobre su gestión.
Le recomendamos: Trump e Infantino fueron abucheados por el público en la final del Mundial 2026
Aunque esta práctica existe desde hace décadas, el concepto ganó notoriedad internacional durante el Mundial de Qatar 2022, cuando las críticas se centraron en las condiciones laborales de los trabajadores que construyeron la infraestructura del torneo. Desde entonces, el término se ha utilizado para analizar otros eventos de gran magnitud, como el Mundial de 2026 y la designación de Arabia Saudita como sede de la Copa del Mundo de 2034.
En esta ocasión, las críticas se enfocaron principalmente en Estados Unidos y en el contraste entre la imagen de apertura y liderazgo que buscó proyectar como anfitrión y el contexto político que atravesaba el país.
En un informe publicado este año, Amnistía Internacional advirtió que las políticas migratorias implementadas por la administración de Donald Trump podrían afectar a millones de personas vinculadas al torneo, entre ellas aficionados, periodistas, trabajadores y residentes de las ciudades sede.
La organización alertó sobre el riesgo de detenciones arbitrarias, deportaciones y otras restricciones derivadas del endurecimiento de la política migratoria, así como posibles limitaciones al derecho a la libertad de expresión y de protesta y el desplazamiento de comunidades en algunas sedes del campeonato.
Le podría interesar: Trump y Pedro Sánchez se encontraron en la final del Mundial en medio de sus diferencias
Esa contradicción se hizo evidente en las semanas previas a la final, cuando agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) participaron en operativos en los que murieron dos migrantes, un colombiano y un mexicano, en medio del endurecimiento de las redadas migratorias.
El contraste también se trasladó al escenario internacional. Mientras millones de personas seguían la final del Mundial, Estados Unidos completaba nueve días de bombardeos contra Irán, una ofensiva que Washington justificó como respuesta a la muerte de soldados estadounidenses. La coincidencia entre el mayor evento deportivo del planeta y un nuevo episodio del conflicto alimentó las críticas sobre el uso del torneo para proyectar una imagen de estabilidad y liderazgo internacional.
La politización del campeonato también alcanzó el terreno de juego. La expulsión del delantero estadounidense Folarin Balogun generó una de las mayores controversias del torneo después de que Donald Trump reconociera públicamente haber llamado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que se revisara la tarjeta roja. La posterior anulación de la sanción desató acusaciones de favoritismo hacia la selección anfitriona y de injerencia política en decisiones que deberían corresponder exclusivamente a las autoridades deportivas.
Lea: ONU pide investigar trabas a protestas por desaparecidos durante el Mundial en México
Sin embargo, Estados Unidos no fue el único país señalado. En México, miles de personas aprovecharon la atención internacional que despertó el Mundial para denunciar la crisis de desapariciones que afecta al país. Las movilizaciones fueron contenidas por un amplio dispositivo de seguridad y no lograron acercarse al estadio, pero sí convirtieron la antesala del torneo en un escenario de denuncia pública.
Las protestas no fueron un hecho aislado. En las semanas previas al Mundial, colectivos de madres buscadoras realizaron manifestaciones en Toluca y otras ciudades, donde exhibieron mantas y fotografías de personas desaparecidas y organizaron jornadas informativas en las inmediaciones de estadios y otros espacios públicos. Con estas acciones buscaron contraponer el ambiente de celebración que rodeó al campeonato con una de las crisis humanitarias más graves y persistentes de México.
Por ello, el Mundial de 2026 terminó demostrando que los grandes eventos deportivos ya no pueden entenderse únicamente desde el ámbito deportivo. El contexto migratorio, social y geopolítico que rodeó el torneo hizo que una de sus imágenes más emblemáticas —Donald Trump levantando el trofeo junto a los campeones— fuera interpretada por muchos analistas y críticos como un símbolo del debate sobre el sportswashing.
Mientras la fotografía proyectaba una imagen de éxito, liderazgo y unidad, el contexto estaba marcado por redadas migratorias, protestas por las desapariciones en México y la ofensiva militar estadounidense contra Irán, evidenciando cómo el deporte se ha convertido también en un escenario de disputa política y de proyección internacional.
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.
🌏📰🗽 El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.
Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times. No pierda la oportunidad de acceder a todos estos beneficios y más. ¡Suscríbase aquí a El Espectador hoy y viva el periodismo desde una perspectiva global!
📧 📬 🌍 Si le interesa recibir un resumen semanal de las noticias y análisis de la sección Internacional de El Espectador, puede ingresar a nuestro portafolio de newsletters, buscar “No es el fin del mundo” e inscribirse a nuestro boletín. Si desea contactar al equipo, puede hacerlo escribiendo a mmedina@elespectador.com o a cgomez@elespectador.com